31 diciembre 2011
Feliz 2012,
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28 diciembre 2011
El capitán Veneno

El capitán Veneno es un miles gloriosus en plan caballero cristiano español. Cuando despierta en casa de la Generala y Condesa de no sé cuántos, rodeado por tres mujeres (madre, hija y criada) se pone a maldecir de su suerte y a blasonar de su carácter arisco y su misoginia. Y lo que nos presenta Alarcón es la clásica historia del corazón de oro que desborda por entre la máscara que su dueño ha querido fabricarse. Historia sencilla como un haba y que Alarcón renuncia a prolongar más allá de las sesenta páginas que ocupa en esta edición de Austral; pero que le sirve para exhibir esas dotes de narrador que no acertó a aplicar a temas más profundos, y que nos mantienen enganchados como tontos.
Si no para otra cosa, al menos una novela como esta sirve para recordarnos que somos personas y no mulas tordas, y que eso tiene que notarse. Incluso un beato de esa moral que él cree marcial y viril y que consiste en ahogar los sentimientos como si fuesen malas tentaciones, incluso el capitán Veneno se mantiene a una altura de dignidad en el trato que hoy nos parece casi extravagante. A veces uno se pregunta por qué estas dos personas, don Jorge y la señora Angustias, no se hablan sin tanto rodeo, no se franquean el uno con el otro de modo más natural. Donde hay confianza da asco, y nosotros venimos del hippismo y el 68. No nos viene mal una pasada por esa cosa que llamaban crianza, a ver si se nos quitan los modales de tetrabrik.
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27 diciembre 2011
No he podido concluir

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25 diciembre 2011
No sabía que era de Antonio Machín,

pero de todas las canciones que se cantaban en mi casa en Navidad, esta era la que más me gustaba.
Campanitas que vais repicando,
Navidad vais alegres cantando;
y a mí llegan los dulces recuerdos
del hogar bendito donde me crié
... de aquella viejita que tanto adoré
mi madre del alma que no olvidaré.
Navidad que con dulce cantar
te celebran las almas que saben amar.
Oh! que triste es andar en la vida
por senda perdida lejos del hogar
sin oir una voz cariñosa
que diga amorosa : llegó Navidad.
Me imaginaba siempre a mí mismo pensando, ya mayor, en ese hogar bendito y en esa madre. Y, por supuesto, mi madre y mi tía la cantaban mucho mejor que don Antonio. Lo que habrían sido, si hubieran perdido la timidez... O lo que han ganado, nunca se sabe.
Y, por supuesto, feliz Navidad a todo el mundo, aunque ya decline el 25. Hasta el 8 no acaba la Navidad.
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22 diciembre 2011
Tú di que eres uno de ellos

¡El horror, el horror...! Uwem Akpan podría haber puesto como lema de su recopilación de cuentos las palabras finales de El corazón de las tinieblas. Tú di que eres uno de ellos es, en efecto, un descenso a los abismos del horror. Y, bien mirado, ¿qué novela contemporánea no tiene algo de historia de terror? Que en África estén más extendidas ciertas lacras no hace más que añadir a estos relatos un matiz social. En efecto, el odio racial y religioso, la esclavitud sexual, la prostitución y la drogadicción por hambre aparecen aquí como algo cotidiano, y Akpan nos muestra en particular su efecto en los niños: este es el rasgo más saliente de esta obra, el poner la narración en boca de niños, que son, sin embargo, la esperanza. Su mirada inocente es a veces la causa de que los mayores malos reconsideren su actitud, como es el caso de Fofo Kpee en "Engordar para ir a Gabón". En otras ocasiones, no queda más remedio que la huida, como en "El festín de Navidad" o "La habitación de mis padres", pero es una huida teñida de esperanza. El odio religioso, por su parte, revela su cara más absurda en la persona de Jubril, protagonista de "Coches fúnebres de lujo", hijo de padre musulmán y madre católica o viceversa, no recuerdo, y víctima de ambos grupos. Por cierto, y por fortuna, me consta que en Nigeria hay mejores católicos que los que se describen aquí. Estos niños podrían dar la réplica literaria, en su cara a cara con el horror, al famoso pero flojito Niño con el pijama de rayas.
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20 diciembre 2011
La de los tristes destinos
Triste destino para un escritor, el acabar convertido en coartada para la corrección política. Ignoro en qué medida el sexo y la raza de Toni Morrison influyeron para que le concedieran el Nobel. Pero uno lo sospecha cuando lee a Don Finkel (Dar clase con la boca cerrada). Se refiere el hombre a algunos títulos de obras literarias que él utiliza en sus seminarios abiertos: grandes libros, dice él. Y después de pedir disculpas, o poco menos, por mencionar sólo clásicos occidentales (igual valdrían, ¡faltaría más!, grandes obras de la tradición oriental), se refiere a estos: Edipo rey, Las guerras del Peloponeso de Tucídides, los diálogos platónicos, Julio César de Shakespeare y... Beloved, de Toni Morrison.
Otro buen tema para un ensayo: cómo la mente norteamericana se precipitó en barrena hacia la estupidez.
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19 diciembre 2011
La inversión del zapaterismo
A menudo me he sorprendido, y he visto a otros sorprenderse, por este fenómeno: pensamos en la España zapaterista como en la nueva Sodoma, por sus disposiciones legales en materia familiar y sexual. Sin embargo, contemplando la vida cotidiana en otros países, sobre todo de los jóvenes, encontramos una mayor naturalidad en la vivencia de cosas como el uso de anticonceptivos, convivencias extramaritales… La conclusión es que, en España, la ley va muy por delante de la vivencia, porque gobierna una minoría empeñada en cambiar cuanto antes esta sociedad. Es lo que denuncia Valentí Puig en su artículo “Observaciones de un conservador de centro”*:
Entendíamos –como Toqueville- que la experiencia y las costumbres preceden a las leyes. El zapaterismo, al contrario, usa la política para que las leyes transformen las costumbres. Es un ejemplo muy concreto. En general, el episodio del zapaterismo ya ha representado una malversación manifiesta de la política. Han sido ocho años perdidos y, es más, irrecuperables. Y en general, lo que vemos es que la política se ve restringida a ser un apaño para situaciones imprevistas, un taller de parcheo, irremisiblemente coaccionado por ciclos que incluso son de menor alcance que los ciclos electorales. Sí, los imprevistos.
Entiendo que cuando dice que “la política se ve restringida a ser un apaño” se refiere a la política normal. En efecto, la derecha en España está para poner parches, como se viene mostrando. Pero, ¿por qué, fuera de situaciones excepcionales, el electorado español se inclina a opciones que contradicen el modo de vida de la mayoría? ¿qué han hecho unos y otros para perder o ganar de ese modo la voluntad de la gente?
La respuesta daría para un ensayo, por supuesto.
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13 diciembre 2011
El borbón non grato

Alfonso de Borbón-Dampierre fue un hombre infeliz, al menos tal como nos lo pinta José María Zavala en esta semblanza, que no sé hasta qué punto aprovecha la imagen externa del personaje para alimentar esa figura del príncipe triste que tanto gusta a las señoras. Pero lo cierto es que tenía motivos para serlo, formando parte de esa familia que parece extraída de una novela de Faulkner, si prescindimos de la sangre real: tarados, viciosos y enfermos en proporciones varias conforman la dinastía, como se encarga de mostrarnos Zavala no sólo con datos médicos sino a través de los hechos. Faulkner, o Zola: ¡qué novelas habrían hecho con los borbones! Al menos, en don Alfonso parecieron prevalecer los genes de doña Emanuela...
Zavala comienza su libro con la última navidad del duque de Cádiz, hablando ya de su próxima muerte, para pasar acto seguido al accidente que le costó la vida: "la guillotina", como titula dramáticamente. Sabio recurso, y siempre eficaz, este de empezar la biografía por el momento culminante del personaje, que puede ser, como en este caso, su muerte. Por supuesto, Zavala da pábulo a las conjeturas que se han hecho sobre un posible asesinato, aunque parece que a día de hoy contamos con pocos datos en que fundar hipótesis. Lo que me pregunto es quién podría tener interés en quitar de enmedio a este hombre, es decir, quién podría considerarle seriamente un peligro. Resulta patético ver a esta panda de chiflados hablar como si realmente tuvieran opciones de ceñir coronas, francesas o españolas, y pegarse por unos derechos dinásticos que no pasan de ser el juego del tú la llevas. Es en lo que se va el resto del libro. Poca cosa.
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10 diciembre 2011
El final de Sikes,

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09 diciembre 2011
Punto de meditación sobre el "fomento de la lectura"
José Jiménez Lozano, Los cuadernos de Rembrandt
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07 diciembre 2011
Filocalía o amor a la Belleza

Las mayúsculas de la palabra Belleza en el título no son un capricho de los editores, pues el concepto de Belleza como uno de los atributos de Dios es la clave de este ensayo. Para Urbina, un artista juega a crear belleza imitando a Dios en la creación del mismo modo que un niño juega con un tren imaginando ser ingeniero o con coches de juguete imaginando ser piloto. Dios es la Belleza y una obra de arte no es sino un acercamiento a Dios.
Esto tiene varias consecuencias. Una de aquellas en que más insiste el autor es que, por lo anterior, la obra de arte no es buena o mala o, más exactamente, es buena por el hecho de ser bella o es más buena cuanto mas bella. Y esto con independencia de que el artista o (con más frecuencia) el poder público puedan lícitamente juzgar que el público no está preparado, en un momento dado, para esa belleza.
Pedro Antonio Urbina es poeta, y este ensayo está escrito en un lenguaje poético, o casi, en todo caso sentencioso y con tendencia a la creatividad sintáctica, más que léxica. Lo que estoy queriendo decir, vaya, es que a veces cuesta seguirle, por lo menos a mí e imagino que a muchas personas más. Y no hay modo de reprochárselo, pues te respondería lo que él pone en boca de todo artista a quien le preguntan qué quiso decir: quise decir lo que he dicho y como lo he dicno, y si hubiera podido decirlo de otra forma lo habría hecho. Gente rara, como sabemos...
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03 diciembre 2011
Mundanos y agropecuarios, hoy
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01 diciembre 2011
Mundanos y agropecuarios
El libro de Marrero** demuestra que era un excelente y ameno escritor. Pero cabe oponerle una seria objeción: su pose. Como Ortega, Marrero también cultiva esmeradamente la suya, que es muy otra: la descalificación ad hominem y la injuria jovial. Al final, una de las muchas variantes de un cierto catolicismo agresivo. Forma esta de evangelización que sólo el Señor puede juzgar en cuanto a su bondad y eficacia, y que forma parte inevitable de lo que Laín llamaba "modos de ser cristiano". Bien es cierto que también Ortega cae en ocasiones en burlas injuriosas e irreverentes, que no se pueden considerar precisamente como lo mejor de sus escritos, pero el tono general de su obra es de una notable elegancia formal. Mas precisamente desde ese punto de vista, no deben quedar dudas acerca de lo que estéticamente es la plenitud del antiorteguismo: imitar al arriero en lugar de al grand seigneur, sustituyendo la mundanidad por las formas agropecuarias, tan positivamente valoradas siempre en España, por desgracia. Ortega manifiesta su criterio al respecto con toda claridad: "La elegancia es una faceta esencial de la especie humana -como la verdad, como la belleza, como la justicia".
*En Ortega y Unamuno en la España de Franco.
**Ortega, filósofo "mondain".
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28 noviembre 2011
Memorias de un niño de la calle

Uno podría pensar, leyendo el prólogo, que José María Sánchez-Silva tiene una visión idealizada de la infancia, pues se trata de un fragmento de carácter casi poético sobre qué es un niño (no puedo por menos de recordar aquel Jesús Hermida de mentira preguntándole, en la parodia televisiva, a una Gloria Fuertes de mentira, justamente eso: ¿qué es un niño? Y la respuesta de la dama: "una máquina de coser, no te..."). Pero no es idealización novelera, sino pasmo reverente ante la criatura humana en ese estadio de aprendizaje y de indefensión: una imagen de Dios a merced de la perra vida. Porque al avanzar en la lectura descubres que ese niño cuyas peripecias te van a narrar es el propio autor, hijo de madre soltera hasta que su padre tuvo a bien reconocerle y crecido, sí, en plena calle, entre las inclemencias de la pobreza y de sus congéneres adultos. Poca idealización queda en el resto del libro, donde la cruda realidad se nos impone de modo casi barojiano. Asistimos al modo de ganarse el sustento por parte de José María, a base de merodear entre soldados que le daban la ración sobrante o entre jugadores "de prohibidos" de los que recibía unas monedas a cambio de avisar si venía la policía... Pero todo ello con una reciedumbre que está tan lejos de la lágrima folletinera como de la protesta social.
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25 noviembre 2011
La progresión de Orwell

Partido socialista francés: "al Estado no le corresponde imponer una forma de conyugalidad".
Entonces, custodiar un bien esencial es imponer. Y claro, destruirlo mediante la equiparación con formas degeneradas de convivencia es liberal y tolerante. Prodigios de la neolengua.
Otro prodigio. Causas del incremento de rupturas familiares según los franceses: para el 36%, "hay menos hipocresía y la gente no se siente obligada a continuar juntos". Ya sabemos el nuevo nombre de la fidelidad. Si quieres largarte con la secretaria, pon cara de dignidad y alega, como Martí: "yo soy un hombre sincero". Fabuloso.
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24 noviembre 2011
Incierta gloria

Tengo la impresión de que a Joan Sales se le han cruzado aquí dos novelas, ensambladas por la tercera parte. Desde que toma la palabra Cruells, la historia de Luis, Julio y Trini se empantana en los episodios, algo anodinos, del frente muerto, y sale luego por la tangente de los lloros de Cruells y las memorias de Lamoneda: un mano a mano que no carece de interés, sin embargo. Cruells está trazado a imagen de los cristianos atormentados de Mauriac /Bernanos, a quienes Sales tradujo. La derrota (no sólo militar) le acerca a Cristo, y su fe se aquilata en la confrontación con el inquietante Lamoneda, el pobre fantasma sumido en la vanidad y en la lujuria.
De hecho, esta podría haber sido la mejor novela católica española, si no fuera por esa falta de unidad que me parece advertir en ella. Cierto que en eso puede influir el hecho de que sea una novela compuesta en dos etapas, por así decir, aparecida primero en los 50 y con su edición definitiva en 1969. Por medio estuvo el Vaticano II, que debió de marcar considerablemente a su autor, a juzgar por la deriva de la trama. Cruells se ve inmerso en el confusionismo que siguió al Concilio y acaba adoptando conductas discutibles, como la de participar en manifestaciones clericales contra la policía o, más triste aún, gritar aquello de "queremos obispos catalanes": desgraciado destino para quien se pasa toda la novela buscando la pureza de la fe, lejos de banderías terrenas.
Lo cual, por cierto, enlaza con otro mérito de su autor: el situar la trama espiritual en plena guerra civil, tantas veces tratada de modo simplista. La guerra es aquí el telón de fondo, necesario, para otro combate, que se sitúa de modo transversal al de los dos bandos en lucha.
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22 noviembre 2011
La metáfora inacabada

Lo que me incomoda de las últimas novelas de Antonio Prieto es lo ramplón de sus personajes. Y ahora que lo escribo, pienso que la mitad (o más) de las novelas de los últimos cien años (o más) tienen protagonistas ramplones. Pero no sé, veo en los de Prieto una tendencia a someterse, de modo un tanto paleto, a los usos actuales en materia familiar-sexual, que me resulta bastante antipática. Lo que no es nuevo es que su concepción del amor, anclada en lo más superficial del mundo clásico grecolatino, vaya siempre por debajo de sus disquisiciones sobre el tiempo, la memoria y la identidad. En esta novela, esa diferencia resulta aún más acusada.
Su prosa, desde luego, no pierde puntos. Es una delicia recorrer estos párrafos llenos de una serena melancolía, que denuncian a las claras las abundantes lecturas clásicas de su autor. Cualquiera de ellos serviría como modelo para una clase de escritura literaria.
En esta ocasión nos encontramos a un tal Gabriel, fracasado en su matrimonio, que retirado en su marítimo pueblo natal busca la manera de anular el tiempo recuperando a un antiguo amor, lo que acabará revelándose como imposible, también a causa de ese cambio en los usos amorosos (o, mejor dicho, en el modo de percibir los eternos usos amorosos) dentro de un mundo que no para de "evolucionar". Son fundamentales los diálogos con dos interlocutores: el viejo Francisco y el desorientado Alberto, otro fracaso vital, cuyos interminables paseos a través de las colinas dan pie a esa metáfora de la que habla el título.
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21 noviembre 2011
El doble filo del discurso rajoyano
Esto tiene dos posibles lecturas.
Primera: se acabó el sectarismo en esta casa. No más ganar la guerra civil, no más leyes idiotas al servicio de la ideología...
Segunda: nos han elegido para superar la crisis económica y eso es lo que haremos, ni más ni menos. Así que nada de valores, nada de tocar la educación para la ciudadanía, el aborto, las parodias de matrimonio y todo lo demás. No estamos para eso.
¿Fue deliberadamente ambiguo? ¿Lanzó un mensaje de complicidad al laicismo solapado con uno complaciente a las bases? El tiempo lo dirá.
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18 noviembre 2011
Esquinas

Con la prohibición zapateriana de fumar en los bares, no gana uno para sustos: en cualquier esquina te topas a una tía retrepada en la pared, pata flexionada y cigarrete en mano. Entre esto y la vestimenta de las jovencitas el fin de semana, las mujeres de los mil nombres no saben ya cómo ponerse, ni qué quitarse.
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