22 junio 2019

Siete novelas cortas


Hay que agradecer a Carmen Laforet que haya reivindicado la figura de la viejecita piadosa, tan maltratada en la literatura y especialmente en la nuestra. En tiempos en que el desertor, el homosexual, el adúltero o el hereje pueden aparecer como los buenos de una ficción, no está mal que alguien rompa una lanza por esas señoras de las que, según Ibáñez Langlois, depende la vida de la Iglesia (“dulces clavos, dulce cruz...”).

Bueno, lo cierto es que no son siempre beatas las que protagonizan estos relatos, a pesar de los dos prologuistas, que utilizan con reiteración este término. Por lo menos, si lo entendemos como “una señora de edad que frecuenta mucho la iglesia y los rezos”. Se trata de cuentos cristianos, desde luego, en los que es casi siempre una mujer quien lleva la iniciativa en la cooperación con la gracia, podríamos decir. Como en La mujer nueva, la ejemplaridad es bastante explícita, a diferencia, por ejemplo, de los cuentos de Flannery O´Connor, pero eso no les resta mérito. Y esa ejemplaridad suele consistir en una alabanza de la virtud: la joven cónyuge de El piano muestra a su marido la importancia del desprendimiento del dinero; la anciana de La llamada realiza con su antigua vecina un acto de caridad que puede calificarse de heroico, al poner al tablero su reputación; caridad heroica hay también en la joven maestra de Los emplazados que no denuncia al rojo escondido, pero igualmente en el soldado nacional que se juega la piel al defenderla; dos mujeres, en El viaje divertido, tienen ocasión de enseñarse mutuamente cosas decisivas, desafiando la incomprensión de los maridos; y qué decir de los hijos de El último verano, tan mezquinos en sus pequeños egoísmos hasta que llega el momento de echar el resto por su madre; incluso la solterona algo tocada de El noviazgo resulta agrandada por su rasgo de dignidad al rechazar a quien solo la solicitó cuando necesitó un báculo para su vejez...

Como digo, esta ejemplaridad no resta valor a unas novelas cortas que podrían reclamar su ascendencia cervantina, aunque en su factura recuerdan más a los cuentos decimonónicos y en concreto a Alarcón.

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19 junio 2019

Explicar la obra por el hombre


equivale, en resumidas cuentas, a explicar lo conocido por lo desconocido.

No deja de tener razón, el tal Boris de Schloezer. Lo cita Max Aub en Luis Buñuel, novela.


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02 junio 2019

Diario de un jubilado


Qué triste se me hace ver a Lorenzo colgado de la tele, suspirando por una parcela y permitiéndose escarceos extramatrimoniales. Pero a fin de cuentas lo que hace Delibes no es más que crítica social, una vez más, como en la oprobiosa, cuando la censura no le dejaba hacerlo en el periódico. En los 90 tocaba criticar ese consumismo y ese permisivismo que nos afligen. Solo que aquí Delibes hace predominar el humor sobre los tonos oscuros de Las ratas o Los santos inocentes, y la cosa termina a lo Paco Martínez Soria, con el matrimonio reconciliado y los pecados aborrecidos, tras unos lances de carcajeo con algo de intriga policíaca incluso. Divierte también el español coloquial de Lorenzo, así como su relación “profesional” con el poeta bujarrón, contribución de Delibes al temita, aunque también en plan satírico. Obra menor, en definitiva, que no hacía presagiar El hereje.

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31 mayo 2019

De las Memorias de un detective privado



[Me voy a deshacer del tomo de “Club del misterio”, de Bruguera, que contenía este texto como prólogo; pero me interesa mantenerlo, así que lo estampo aquí. Dashiell Hammett, su autor, lo publicó al parecer en la revista Smart Set, en marzo de 1923, cuando empezaba a publicar sus primeras historias policíacas en Black Mash)]

1
Deseando obtener cierta información de miembros de la WCTU (una asociación moralista de mujeres) en una ciudad de Oregón, me presenté como secretario de la Liga de Pureza Cívica. Una de ellas me leyó un largo discurso acerca de los efectos eróticos de los cigarrillos en las jovencitas. Experimentos posteriores demostraron que este viaje era inútil.

2
Un hombre al que estaba siguiendo salió al campo a dar un paseo un domingo por la tarde y se perdió por completo. Tuve que indicarle el camino de vuelta a la ciudad.

3
El robo con escalo es probablemente el trabajo peor pagado del mundo. Nunca he conocido a nadie que pudiera vivir de ello.
Pero, a decir verdad, pocos delincuentes, sea cual fuere su especialidad, logran mantenerse, a no ser que de vez en cuando consigan algún trabajo legal. La mayoría de ellos vive de sus mujeres.

4
Conozco a un detective a quien, mientras andaba a la caza de carteristas en el hipódromo, le robaron la cartera. Más tarde llegó a ser agente en una empresa de detectives del este.

5
Me confundieron tres veces con un agente de la Prohibición, pero nunca tuve problemas para aclarar el malentendido.

6
Una noche, cuando llevaba a un detenido desde un rancho cerca de Gilt Edge, en Montana, a Lewistone, se averió mi automóvil y tuvimos que quedarnos allí sentados hasta el amanecer. El prisionero, que sostenía con firmeza su inocencia, solo llevaba unos pantalones ligeros y una camisa. Después de pasarse toda la noche tiritando en el asiento delantero, su moral cayó por los suelos y a la mañana siguiente no tuve dificultad para conseguir una confesión completa mientras caminábamos hacia el rancho más cercano.

7
De todos los empleados desfalcadores con los que he tenido contacto, no puedo recordar ni una docena que fumaran, bebieran o tuvieran alguno de los vicios en los que las compañías de seguros se fijan tanto.

8
Una vez fui falsamente acusado de perjurio y tuve que jurar en falso para evitar el arresto.

9
El agente de una empresa de detectives en San Francisco sustituyó una vez la palabra verdadero por voraz en uno de mis informes, con la excusa de que el cliente no iba a poder entender el texto.
Pocos días más tarde, en otro informe, simular se convirtió en apresurar por la misma razón.

10
De todos los hombres de distintas nacionalidades que frecuentan los juzgados criminales, los griegos son los más difíciles de condenar.
Simplemente se limitan a negarlo todo, no importa lo concluyentes que puedan ser las pruebas; y nada impresiona más a un jurado que la escueta afirmación de un hecho, aunque ese hecho sea claramente improbable y absurdo frente a la abrumadora evidencia de lo contrario.

11
Conozco a un hombre que puede falsificar cualquier tipo de huella dactilar por 50 dólares.

12
Nunca he conocido a nadie capaz de convertir un buen trabajo en un negocio, profesión o arte, que fuera al mismo tiempo un criminal profesional.

13
Conozco a un detective que una vez quiso disfrazarse a la perfección. El primer policía con quien se tropezó lo detuvo.

14
Conozco a un sheriff de Montana que en cierta ocasión fue a arrestar a un ranchero. Este salió al porche empuñando un rifle. El sheriff sacó su revólver y trató de disparar por encima de la cabeza del otro, para asustarle.
La bala arrancó el rifle de las manos del ranchero. Con el paso del tiempo, el sheriff acabó creyéndose la reputación de puntería que este incidente le dio, y no solo permitió a sus amigos que le inscribieran en un concurso de tiro, sino que se jugó todo lo que tenía confiando en su destreza.
En el concurso sus seis tiros no dieron ni una sola vez en el blanco.

15
Una vez, en Seattle, la esposa de un estafador fugitivo me ofreció una fotografía de su marido por 15 dólares. Yo sabía dónde podía conseguir una gratis, así que no la compré.

16
Una vez fui contratado para ayudar a una mujer en las tareas de su casa.

17
El argot usado entre delincuentes es en general un código utilizado adrede y además sectario, destinado más que nada a confundir a la gente, pero a veces es singularmente expresivo; por ejemplo, perdedor en dos tiempos: uno que ha sido condenado dos veces; y el más antiguo irse a leer y escribir: encontrar conveniente alejarse por un tiempo.

18
La del carterista es la práctica delictiva más fácil de aprender: basta no ser inválido para ser experto en un solo día.

19
En 1917, en Washington, conocí a una chica que no me dijo que mi trabajo “debía de ser muy interesante”

20
Incluso cuando el criminal no hace ningún esfuerzo por borrar sus huellas dactilares y las deja esparcidas por todo el escenario del crimen, la posibilidad de encontrar una huella lo bastante clara para ser de algún valor es una sobre diez.

21
El jefe de policía de una ciudad del sur me proporcionó una vez la descripción de un hombre, completa hasta incluir el detalle de un lunar en el cuello, pero olvidó mencionarme que solo tenía un brazo.

22
Conozco a un falsificador que dejó a su mujer porque había aprendido a fumar mientras él cumplía condena en prisión.

23
La terminología de la prensa diaria utiliza el apodo de “Raffles” inmediatamente después del de “Doctor Jekyll y Mr. Hyde”. Los periodistas, en cuanto pueden, utilizan la expresión “ladrón caballeroso”.
Un retrato aproximado del personaje al que los periódicos atribuyen este apodo nos mostraría a un bebedor de láudano, con una herradura de diamantes que reluciera en su pecho bajo un lazo de terciopelo, mientras sonríe a su víctima y exclama: “No se asuste, señorita, no le voy a hacer mucho daño. ¡No soy un manazas!”

24
El detective más inteligente y de más éxito que conozco es muy miope.

25
Si se hace un itinerario desde las ciudades más grandes hasta las aldeas rurales más remotas, se descubre un porcentaje constantemente decreciente de crímenes que tienen que ver con el dinero y un aumento proporcional en la frecuencia del sexo como motivo criminal.

26
Un noche, mientras trataba de espiar el interior del piso superior de un albergue en el norte de California –el hombre que andaba buscando estaba en Seattle en esos momentos– parte del techo del porche cedió bajo mis pies y me caí, torciéndome un tobillo. El propietario de la casa me dio agua caliente para hacerme una cura.

27
La principal diferencia entre el problema excepcionalmente enredado al que se enfrenta el detective de ficción y el que tiene que resolver un detective real es que, generalmente, al primero le faltan pistas, mientras el segundo encuentra demasiadas.

28
Conozco un hombre que robó una vez un tiovivo.

29
Uno de los mitos menos controvertidos es el de que tarde o temprano se detiene al malhechor. Y, sin embargo, en todas las agencias de detectives del mundo los ficheros rebosan de datos sobre misterios irresueltos y criminales sin capturar.



17 mayo 2019

El gran Duque de Alba


Don Fernando Álvarez de Toledo murió convencido de que no había ahorcado a nadie que no lo hubiese merecido, lo cual le daba la necesaria tranquilidad de conciencia para afrontar el trance. Es lo que me sorprende de cualquier época pasada: la facilidad con que se daba el pasaporte al prójimo, incluso por delitos menores que el asesinato. ¿Fue cruel el Duque de Alba? No más que cualquiera en su lugar, encargado de reprimir una rebelión de semejante alcance como la de los Países Bajos. Creo que habría ido a la muerte con menos paz si se hubiera retraído en ejercer esa represión, como era su deber.

Los rebeldes se encargaron de magnificar su maldad hasta el punto de representarlo como una especie de Vlad el empalador o de ogro comeniños. Y sin embargo sus enemigos no daban caramelos a nadie, como supieron a su tiempo los católicos de los Países Bajos. Alguna vez, para asustar, hicieron correr el rumor de que Felipe II quería implantar en Flandes una inquisición al estilo español, pero, como ya había advertido el rey, “la que tienen allí es más despiadada que la de aquí”.

El libro de William S. Maltby, cuya reedición, corregida y aumentada, corrió a cargo de la editorial Atalanta (cuyo propietario es Jacobo Siruela, descendiente del Duque) en 2007, me parece un modelo de equilibrio y ponderación. Consta de catorce capítulos, cada uno con un título orientador, más un epílogo y un prefacio del propio Siruela, que aporta algunos retratos del biografiado. Buen trabajo por parte de autor y editor.

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22 abril 2019

El método


Hay que hacer científica la revolución... La GPU tiene agentes especializados. Solo se entra en las casas y se detiene de noche, para evitar reacciones y ayudas posibles, y no se hace pública jamás su actuación. Se recoge, y no se devuelve nunca, todo papel que se encuentra en casa del detenido, y esos papeles se estudian en un laboratorio centralizado. Se vigila ocultamente a la familia. El comisario suprime la vida del reaccionario, pero aspira a extraer de el, antes de suprimirle, cuanto pueda ser útil para la obra de la revolución. En un pequeño calabozo queda incomunicado, bajo inspección incesante por el ventanillo. Después de varias horas se lleva al sospechoso a declarar ante el juez, que no le hace caso, durante largo tiempo. Cuando el sospechoso, deprimido física y moralmente, está maduro, el juez le interroga: le acusa concretamente, le hace sabe que tiene las pruebas de sus actividades contrarrevolucionarias, conspiración, sabotaje, antecedentes y labor burguesa. También le señala que es espía. No le deja contestar. Vuelven a encerrarlo en su minúsculo calabozo. Por la noche se le lleva a diferente cárcel, y allí medita, en otra celda peor, sin ventilación, sin luz y sin camastro. A los dos días le despojan del traje, le cortan el pelo, le visten de presidiario. Va a una sala con centenares de acusados, donde agentes provocadores obtienen confidencias, fingiéndose reos. Después de una alimentación de pan y agua vuelve a ser interrogado por el mismo juez, en el mismo sitio. Han pasado cuatro semanas. Se le aloja en el calabozo, pequeñito, como un armario, donde, por el ventanillo, la mirada vigilante no se aparta de él, exacerbando la tensión de su sistema nervioso. En el segundo interrogatorio el juez le procesa por fascista, término que comprende todo lo que se quiere que abarque, como hemos demostrado en nuestra revolución de España. Diez o doce horas, con relevos de jueces, duran las preguntas incesantes. Se le devuelve al calabazo. A los treinta minutos, otras ocho o diez horas de preguntas y asedio por varios jueces que se sustituyen y plantean el proceso desde puntos de vista diferentes, para trastornar la defensa que hubiese preparado el detenido. También se le ofrece la libertad y la protección del partido si proporciona datos o nombres suficientemente interesantes. Así durante el tiempo que sea necesario, y día y noche. Sólo cuando se da con un sujeto de tenacidad y energía extraordinarias o que se precise que diga rápidamente algo que se está seguro de que sabe, se emplean las torturas materiales. Pero las torturas materiales no se necesitan casi nunca, porque no son científicas.

Don Roque, en Checas de Madrid, acción primera, capítulo XIII



19 abril 2019

Donde no hay perdón


Interesante esta observación de Joseph Ratzinger, y muy actual.

El hombre no puede soportar la pura y simple moral, no puede vivir de ella; se convierte para él en una “ley” que provoca el deseo de contradecirla y genera el pecado. Por eso donde el perdón, el verdadero perdón lleno de eficacia, no es reconocido y no se cree en él, hay que tratar la moral de tal modo que las condiciones de pecar no pueden nunca verificarse propiamente para el individuo. A grandes rasgos puede decirse que la actual discusión moral tiende a librar a los hombres de la culpa, haciendo que no se den nunca las condiciones de su posibilidad. Viene a la mente la mordaz frase de Pascal: Ecce patres, qui tollunt peccata mundi! He aquí a los padres que quitan el pecado del mundo.

(En La Iglesia, capítulo 5, 4)



12 abril 2019

Creatividad al poder


Este es básicamente un libro sobre lo que se mueve detrás de las películas de Hollywood. Parte de la premisa de que cualquier idea entra mejor a través de una historia. Un producto hollywoodiano es ante todo una obra de arte, y una obra que mueve dinero a espuertas para su confección, así como precisa de talentos nada comunes que han de armonizarse si se quiere conseguir algo eficaz. Pero también es un modo de hacer llegar a la sociedad ideas que de otro modo no habrían calado con la misma facilidad. Basta pensar en la abundancia de homosexuales entre los productores y agentes para entender lo que queremos decir.

Algo que llama la atención en un mundo tan celoso de la independencia individual y tan dado al “no dejes que te digan lo que tienes que hacer” es lo que cuenta Fumagalli con respecto al mailroom. Así es como se llama en la jerga del medio al departamento de los chicos para todo, esos que llevan el correo pero también sacan cafés y todo lo que se les ocurra a los jefes. Es allí donde se gestan los futuros grandes hombres de la industria cinematográfica, y lo hacen a base de horarios de trabajo abrumadores, propios realmente de esclavos, y eso durante años. El que quiere descollar en el medio sabe que prácticamente no tendrá vida durante una larga temporada, pero luego será él el que dicte a muchos otros lo que han de hacer, con modos de sátrapa oriental. Y lo gordo es que hay muchos candidatos para eso, como los había para ser la secretaria de Miranda Priestly, la ogresa de El diablo viste de Prada, auténtico espejo de este mundillo. Es claro que tal maquinaria de poder no se sostiene con pilares de plástico.

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24 marzo 2019

El "homófobo" en antena


José Javier Esparza da a Fernando Paz la oportunidad de explicarse en El gato al agua. Me parece muy bien, pero tal vez el modo sea mejorable. Da la impresión de que Esparza le está sometiendo a un test de ortodoxia.

Por ejemplo: “¿Tú entiendes que la homosexualidad es una tara?”

Tal como está el patio, esa pregunta es una trampa farisea. Se entiende que el pobre Paz se líe un poco.

De hecho, esa pregunta solo se puede responder a lo gallego:

“Para empezar, ¿qué es la sexualidad?

a) El hecho de que dos personas pueden hallar placer metiéndose y sacándose mutuamente cosas del cuerpo? O

b) El hecho biológico que divide a ciertos seres en dos sexos, masculino y femenino, complementarios y con vistas a la reproducción?

Si tu concepto de la sexualidad es a), entonces no hay nada que decir sobre la conducta homosexual. Sería, en efecto, tan normal como la heterosexual y, por tanto, tan lícita.

Pero si es b), como lo ha sido para todos los seres humanos desde que el mundo es mundo, entonces no se trata de que la homosexualidad sea una tara, una anomalía o un pecado: es, para empezar, una contradicción en los términos, posible de hecho por la complejidad de la psique humana. Pero entonces no puede negarse que quien siente atracción sexual hacia el propio sexo posee, cuando menos, una peculiaridad psíquica que, en no pocos casos, le lleva a ejercer esa sexualidad de modo antinatural, empleando cauces que biológicamente no están preparados para esa función. Que esa condición y esa conducta sean compatibles con el equilibrio mental y emocional y que sean encauzables por la vía del matrimonio deberían ser, por lo menos, cuestiones abiertas a discusión.

No se trata, por tanto, de que yo odie a tales personas o que las considere enfermas o viciosas. Ni pido tal derecho. Solo pido el derecho a entender la sexualidad del modo b), como todos los seres humanos desde que el mundo es mundo. Y es eso lo que se me está negando, contra todo derecho y contra toda razón.

No he terminado de ver el vídeo de El gato al agua. Espero que Paz salga airoso de la pregunta. Si no, para la próxima, le brindo esta reflexión.

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09 marzo 2019

El enano


No tiene nombre (solo una vez lo llaman Piccolino, pero puede ser un mote) y es una criatura amoral a quien no le importa matar. En todo caso es fácil compararlo con el intelectual nihilista contemporáneo. No es un bufón (le falta por completo el sentido del humor) pero está al servicio de príncipes, a los que juzga desde la altura de su inteligencia. Su enanismo le inscribe en una casta que sabe que solo puede ser solidaria de sí misma. Con todo, admira a su príncipe, que podría ser figura a su vez del político moderno, no menos amoral que su confidente.

La novela, en efecto, se sitúa en la Italia del Renacimiento, donde Maquiavelo pudo teorizar sobre lo que había visto (el príncipe “da la impresión de comprenderlo y dominarlo todo, o por lo menos de aspirar a ello... Pero es muy hipócrita... En cierto sentido es inaccesible”). El enano nos da un panorama de la vida en aquella corte, siempre desde su prisma escéptico e incapaz de comprender el amor... y de ejercerlo, pues los escarceos eróticos le producen solo asco. En cambio, ama la guerra y se enorgullece de pelear como el que mejor, mientras aborrece la corrupción por dinero. Pero no desdeña el recurso a la traición para sobreponerse al enemigo...

Novela, pues, de personaje a la vez que de ambientación histórica. Pär Lagerkvist convence. Un día de estos me cogeré el Barrabás, a ver qué tal.

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04 marzo 2019

Versos de amor, conceptos esparcidos...


Discuten en perfectas décimas sobre si es mayor el dolor de ver muerta a la amada o el de saberla en poder de otro. Doy la victoria a Celia:

Querer por solo querer
es el más perfecto amor,
y a este no ofende el dolor
de verla en otro poder.
Luego el galán que (por ver
que otro goza lo que amaba)
tanto su paciencia acaba
que muerta quisiera verla,
no la quiso por quererla,
sino por lo que esperaba.

(En Agustín Moreto, Industrias contra finezas. acto I, escena III)



02 marzo 2019

Pistas


José Miguel Ibáñez Langlois, “Le defroqué”, vv. 1-3:

Después de diez años de mediocre continencia
y de mediocre piedad
el Reverendo se enamoró de su secretaria...

Pongan monaguillo donde dice secretaria y no harán falta más pistas. Y nos ahorraremos cumbres, declaraciones, vademecums y retórica.

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23 febrero 2019

Checas de Madrid


Checas de Madrid es una imitación de Tirano Banderas, aplicada al terror rojo del 36. A Andrés Trapiello no le gusta: “Si el autor tenia alguna razón, la pierde desde la primera página a causa del repulsivo tono, literario y moral, de la obra”. Ah, claro, es que el esperpento está muy bien cuando el blanco son los militares y los burgueses, pero cuando se dirige contra los heroicos milicianos hay que sacar maneras de censor eclesiástico. De páginas como las de la novela de Tomás Borrás están llenas las novelas sesenteras españolas y las americanas del boom, que nunca parecieron tan repulsivas ni tan inmorales.

Por supuesto, falta la imitación del castellano de América, pero en lo demás la asimilación del esperpento de Valle es patente: las frases nominales, las metáforas grotescas, la animalización, la estética de la crueldad. Que el referente de todo ello sea una realidad histórica es lo que estremece. El método chekista, soviético, se halla perfectamente retratado, como sabemos por los que lo sufrieron en el este de Europa. Lo describe un personaje en el capítulo XIII, después de lo cual “...respiró, atusándose el peinado, charol también. El andaluz no caía de sus gracias: --¡Si me gustas es porque te haces la permanente con cuchara!”.

Los últimos capítulos se inclinan, sin embargo, al melodrama, cuando adquiere protagonismo una joven de derechas que se dedica a labores de espionaje, quizá homenaje a las chicas del Socorro Azul y en particular a Paz Unciti. Antes, el esperpento ha adquirido a veces caracteres propios de Tarantino, como en un pasaje en que unas milicianas, de noche, se hallan desorientadas acerca de la dirección en que debían ir para detener a un tipo.

--Me he hecho un lío... Mañana venimos.
--¿Mañana? ¿Y vamos a perder la noche?
Junto al farol ciego discutían...

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11 febrero 2019

Perlas periodísticas


O, más bien, tertulianas. Primera:

“... no solo pueril, sino infantil e inmaduro”

No lo habrían mejorado ni Hernández y Fernández, los de Tintín. Segunda, en la misma tertulia, y tal vez de la misma persona:

“...los egos personales...”

Ya se ve que existe el ego corporativo. No anda descaminado, no crean.

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09 febrero 2019

Curioso intertexto


Josemaría Escrivá, Camino, 818:

Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas.

Robert Musil, El hombre sin atributos, 1ª parte, capítulo 88:

...las almas grandes, para las que no existen cosas pequeñas...

Y un ejemplo de cómo dos frases pueden expresar lo mismo a pesar de que el significado sea literalmente opuesto.

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29 enero 2019

Me entero de que la universidad que tapa los cuadros de Colón


es nada menos que católica. Y que quien manda taparlos es su presidente, un cura. Un cura heredero de los que mandaron al Braghettone poner calzoncillos a las figuras de la Sixtina, supongo. Un cura que no puede liberarse de unos genes censores hoy muy mal vistos según y para qué.


"Son degradantes para el nativo americano", dice. Arrodillarse ante un crucifijo es degradante para este clérigo. Que me cuelguen si lo entiendo.

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16 enero 2019

Lenin en la calle


“Contra los cuerpos, la violencia; contra la almas, la mentira”. No sé si era este el tenor literal de la proclama leninista, pero sus discípulos de hoy lo practican con aplicación.

La mujer, los derechos de la mujer… La mujer les interesa lo justo, como muestra el hecho de que no levantan la voz contra los regímenes que realmente las someten, como los islámicos. Antes bien, los apoyan en la medida en que pueden contribuir a la desestabilización de las sociedades abiertas.

Les importan las mujeres como pretexto para hacer leyes que introducen la sospecha y el conflicto en la relación matrimonial y en la unidad familiar. Ese tipo de vínculos estorban a los totalitarios. Reforzarlos es el auténtico modo de promocionar a la mujer y afianzar sus derechos. No confío en que el nuevo gobierno andaluz lo entienda así. Pero, al menos, alguien ha abierto la primera brecha.



13 enero 2019

A propósito de Cinco sombras,


Vicente Aleixandre salió de nuevo de su exilio interior, je, para publicar en Ínsula un artículo, deliciosamente sexista, dedicado a Eulalia Galvarriato y a su novela. Lo podemos ver en este sitio, y con seguridad será lo mejor que se haya escrito sobre la novela en cuestión. La ternura y el tiempo como claves. Fue también muy bien recibida (como vemos en el mismo sitio) por la crítica más solvente. Ellos vieron lo que había que ver por encima de lo ñoño, que se me imponía a mí, habitante de estos tiempos bárbaros.



06 enero 2019

Cinco sombras


El viejo enseña el piso a los interesados; un piso vetusto, de apariencia casi gótica, en el sentido popular del término. Y los interesados en el piso acaban interesándose también en la larga historia que les cuenta el viejo, acerca de los antiguos habitantes del lugar. Cinco hermanas y un costurero de cinco lados. Cinco jóvenes virtuosas viviendo una vida más bien fantasmal, cuyas inquietudes, vagas esperanzas, aprensiones, son confesadas solo a medias al narrador, el amigo de su padre, que alegra sus vidas hasta el punto en que pueden, o quieren, ser alegradas. Las cinco se sostienen mutuamente, pero no carece cada cual de su propia personalidad, que se va revelando a medida que avanza el relato. Rompen la monotonía primero el matrimonio y luego la muerte, con tormentas que no afloran a la superficie y se diría son la causa de las dolencias que las van llevando, una a una, a la tumba.

Eulalia Galvarriato fue finalista del Nadal en 1947 con esta novela. La verdad es que se salva de la ñoñez por la calidad de la escritura y, concomitantemente, por lo que de la interioridad de estas jóvenes queda solo sugerido, como en una media luz. A veces piensas en una Casa de Bernarda Alba donde la madre es sustituida por un padre que no grita y donde las niñas tampoco levantan la voz, contenidas en un savoir faire y en un saber sentir, por así decirlo, en que el amor fraternal hace imposible toda tragedia, de modo que nos quedamos en un drama silencioso, cuajado de preguntas.


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28 diciembre 2018

¿Qué es una familia?


A Fabrice Hadjadj le gusta (y hace bien) recordar que las más sublimes realidades humanas nacen del hecho sexual. En él tiene su fundamento la familia y por eso no puede ser tratado como sinónimo de pecado ni como un juguete para el cachondeo. Esta recuperación de la sexualidad como base de lo humano en su sentido más profundo es lo que anima este conjunto de conferencias publicadas con el subtítulo de La trascendencia en paños menores (y otras consideraciones ultrasexistas). Hay que ser ultrasexista, en efecto, recogiendo el guante de quien ha inventado ese palabro, sexista, calcándolo del muy peyorativo racista en el sentido de postular la superioridad de una raza, o de un sexo, sobre otro. Hay que ser sexista, pero en el sentido de ser conscientes de la importancia de los sexos (La profundidad de los sexos es otro de los títulos de Hadjadj), hoy puestos en cuestión mediante la deconstrucción llevada a cabo por los predicadores lgbti y demás:

Si bajo los ojos y miro al centro de mi cuerpo, ¿qué contemplo? Mi ombligo. Ahora bien, ¿qué es mi ombligo? El signo de que no estoy hecho por mí mismo, sino de que procedo de otras personas... Y si los bajo un poco más, ¿qué descubro? Mi sexo... Ahora bien, ¿qué es mi sexo? El signo de que no estoy hecho para mí mismo, sino que, en mi misma carne, tiendo, voy hacia otros.

Esto es difícilmente discutible y Hadjadj no pretende la marginación o la represión de aquellos que se consideran homosexuales y no tienen la intención de cambiar (sus admirados Proust, Wolf o Bacon), pero los respeta en su alteridad y su rebeldía y no en su pretensión de una normalidad que, aunque se consiga, nunca será natural.

Sucede que incluso la inteligencia humana es apertura al otro o a los otros, y por eso las máquinas nunca serán inteligentes, o no lo serán al modo humano. Son divertidas las consideraciones que hace tomando como base la homonimia, en francés, entre tableta y mesa, para oponer la mesa familiar a la invasión de la mente por la pantalla.

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23 diciembre 2018

Let me in


Escucho una conferencia sobre las Brönte. El ponente recuerda los sueños de una sirviente de Cumbres Borrascosas, donde un fantasma infantil pide obsesivamente let me in, let me in, déjame entrar. Dice que niños vampiros con esa misma petición en sus bocas aparecen más tarde en Elizabeth Gaskell e incluso en Stephen King.

Me recuerdan a esos aparecidos de la medianoche de que hablaba Ibáñez Langlois, los no-nacidos por anticoncepción, aborto o paternidad responsable. Y, bien mirado, el Niño que no pudo hallar posada llega también cada Nochebuena: let me in, let me in, solidario de esos hijos de la nada, que le piden su propia carne para nacer. Él pidió ser acogido y fue rechazado, como los otros; los otros, por quienes sudó sangre en el huerto.

Nochebuena, de nuevo. Perdónanos, y entra, Niñito, a tu casa.



01 diciembre 2018

Opus nigrum


Este es un retrato de uno de esos hombres que dieron a la Edad Moderna su fisonomía: el hombre de ciencia que, ya embalado en su ánimo innovador, se pone a sacar conclusiones de tipo filosófico y teológico que le ponen en conflicto con la autoridad eclesiástica. En honor a su excelente reputación como escritora, Marguerite Yourcenar no nos pinta uno de esos cuadros con escépticos buenos, listos y guapos frente a creyentes malos, bobos y feos, es decir, no hace el Ken Follett. Zenón nos resulta simpático, es cierto, pero también, por ejemplo, el prior franciscano con quien sostiene algunos diálogos que dan a la obra su calidad de obra maestra. Eso sí, cae en el tópico de condenarlo a la hoguera, que, vaya, para un burro que maté me pusieron mataburros, porque, entre los posibles modelos de Zenón, solo encuentro a Giordano Bruno, por parte católica, que fuera objeto de tal salvajada (a Servet, por supuesto, le pongo en la cuenta que corresponde).

Por lo demás, estamos ante una novela histórica realmente modélica, por el cuadro vivísimo que nos ofrece de la Europa del XVI, con sus luchas políticas, sus controversias filosóficas y sus estilos de vida en los diversos estamentos sociales. Como broche de oro se hallan esos diálogos a los que me he referido, no solo el mantenido con el prior sino también, por ejemplo, el de Zenón con su hermanastro (“La conversación en Innsbruck”, capítulo noveno de la primera parte). Y qué decir de la narración, bien aderezada con el punto justo de ironía, que confirma que la amenidad nunca estuvo reñida con la alta literatura.

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24 noviembre 2018

La progresión de Aquitania


Al hablar de El cero y el infinito me referí a esas novelas que contaban conspiraciones fascistas en un mundo donde el comunismo era la mayor amenaza. En realidad no sé si hay muchas, pero una de ellas es esta de Robert Ludlum, con la que he pasado buenísimos ratos, a pesar de la ingenuidad de sus planteamientos. En efecto, se trata de una entente de militares prestigiosos de varios países que buscan la instauración de una especie de globalización fascista. Para neutralizarla, un solo hombre, un James Bond sobrevenido, al que recluta otra entente de buenos aprovechando que en Vietnam tuvo que soportar las tropelías del jefe de la trama, general George Marcus Delavane. Joel Converse se llama el galán, y es abogado. Tendrá que ir contra reloj, pues la trama, por nombre en clave Aquitania, progresa (de ahí el título) minuto a minuto. Ludlum maneja estupendamente los resortes de este tipo de relatos, y nos mueve por escenarios internacionales de alto copete, alternando diálogos tensos con acción galopante: la parte central es realmente agotadora, con un Converse tratando de abandonar Alemania entre enemigos invisibles que se materializan de repente y de los que se libra por pelos, como está mandado, mientras los buenos van muriendo y los malos nos muestran cada vez más su fea cara: un depravado francés, un fanático israelí, un criptonazi alemán y un torturador sudafricano que acabarán, por supuesto, recibiendo lo suyo gracias a las buenas artes del prota, un auténtico todoterreno. Que, por cierto, acaba rehaciendo su vida con su ex esposa, la gentil Valerie Charpentier, cosa que a los carcundas nos encanta.

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20 noviembre 2018

Otra de bibliotecas


En una de mi barrio montan una miniexposición sobre cómic medieval y, entre otros vistosos paneles, veo uno dedicado a Conan el Bárbaro, cuyas aventuras, como sabe cualquier aficionado, se desarrollan en el año la pera antes de Cristo.

Bien es cierto que, con los fondos que tienen, tampoco era cuestión de acotar mucho...



10 noviembre 2018

Busco "Chekas de Madrid",


de Tomás Borrás, en la Biblioteca de Castilla y León. Tres ejemplares, todos con la etiqueta “no prestable”.

Benditos poderes públicos, que nos preservan de las mentiras de los enemigos de la democracia...






07 noviembre 2018

Lo que el infierno no es


Federico conoce la labor educativa que está llevando a cabo don Pino, su profesor de religión, en el barrio marginal de Brancaccio, en Palermo; y un día decide que no irá a Inglaterra en verano, sino que se quedará en la ciudad para cooperar con el sacerdote. El “poeta” descubre que puede llenar la poesía de sustancia vital y que su ciudad, la “todo puerto”, que ha conocido demasiado infierno, es un buen escenario para ir haciendo sitio al cielo. Cosa que implica golpes de los de verdad, e incomodidades incluso con la propia familia. Don Pino llegará a su personal final feliz, y Federico se queda en el campo de batalla, donde ya ha empezado a recibir satisfacciones en forma de ilusiones infantiles y de almas que empiezan a comprender que hay un camino fuera de la senda marcada por los príncipes de aquel mundo.

Don Pino Puglisi existió realmente, y desde luego un tipo como él se merece una novela, una película, una estatua e incluso un poema épico. Alessandro d´Avenia, que le conoció personalmente y que tal vez se retrate en parte en Federico, le hace aquí su personal homenaje. Don Pino es, en efecto, el auténtico protagonista, y d´Avenia consigue meternos de lleno en el ambiente opresivo de un barrio dominado por la mafia, con niños y jóvenes abocados a la delincuencia y la prostitución. No menos palpable es la índole de la esperanza que anima a don Pino, un Cristo que pasó por allí para bien de muchos. Por eso se le pueden perdonar al autor los excesos líricos y los toques de melodrama, y ese colorante que es la historia de amor. Las frecuentes panorámicas del mar y del cielo palermitanos cumplen su función de evocar el bien, el amor, la gracia, aquello que “el infierno no es”.

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03 noviembre 2018

En rada


Resultado de imagen de huysmans en radaExtraña novela, dicho sea para empezar. Es de un naturalismo crudo (el tipo nos hace contemplar apareamientos y partos difíciles de reses) y al mismo tiempo te relata ensueños mágicos como si fuera Michael Ende. No es esta, al parecer, su producción más apreciada, pues en todas partes te mencionan a Huysmans ligado a Au rebours, que figura como monumento del decadentismo. Y es curioso que después de esa incursión decadente regrese al naturalismo. Bueno.

Podría decirse, volviendo el tópico al revés, que es un menosprecio de aldea (aunque no alabanza de corte), ya que los protagonistas se refugian, por necesidades económicas, en el campo, en el vetusto castillo que administra un tío de ella. Uno casi se ríe viendo su penosa adaptación a este medio casi salvaje, de la mano del tío Antonio y la tía Norina. Salvaje por el medio y por sus habitantes, toscos hasta decir basta. Jacques (Santiago, en la traducción que utilizo) tiene además que pechar con la enfermedad nerviosa de su mujer.

Lo que sorprende para bien es la maestría descriptiva de Huysmans, que no te da reposo intentando imaginar las galerías del castillo que se cae a pedazos, la masa viscosa del ternero que nace, la vegetación agobiante de agosto e incluso los paisajes lunares que sueña Jacques, con enumeraciones casi caóticas. Al final deben regresar a la ciudad y nos quedamos con los dos bestias de los tíos en un rasgo chusco de tosquedad pueblerina.


26 octubre 2018

Semillas


Interesante observación esta de Joseph Ratzinger:

Los Padres de la Iglesia no han encontrado las semillas del Verbo en las religiones del mundo, sino en la filosofía, es decir, en el proceso de la razón crítica frente a las religiones, en la historia progresiva de la razón, no en la historia de las religiones. Los Padres de la Iglesia vieron allí la prehistoria auténtica del cristianismo, allí donde el hombre ha suministrado costumbres y tradiciones para el Logos, es decir, para la comprensión del mundo y de lo divino a partir de la potencia de la razón. En este sentido, ellos no han añadido primariamente el cristianismo al ámbito de la religión, porque no lo consideraban como una de las religiones, sino que lo han agregado al proceso concluyente de la razón.

En Caminos de Jesucristo, Ediciones Cristiandad, segunda edición, pp. 71-72





12 octubre 2018

El cero y el infinito


En los años 80 aún había tipos que escribían novelas sobre conspiraciones de militares fascistas que querían hacerse con el control del mundo. Cuando uno lee cosas como El cero y el infinito se queda perplejo ante la ceguera de tantos y tantos europeos acerca de dónde residía (y sigue residiendo, probablemente) el peligro. Porque lo que cuenta Koestler no es una ficción tipo 1984 o Nosotros, sino un auténtico documental sobre el sistema político más antihumano que han dado los siglos. No me importa lo que tenga Rubachof del propio Koestler, porque su tragedia fue la de muchos en los años de Stalin. Ser víctima de la paranoia del Número 1 era estar condenado, no ya a muerte, sino a un proceso de extirpación de la dignidad humana, lento y penoso, en el que uno llega al punto de aborrecerse a sí mismo y no estar seguro de nada, ni siquiera de que merezca la pena seguir resistiendo.

El cero y el infinito es la crónica de ese proceso, en la carne y en la psique de un antiguo hombre de confianza del Número 1 (¿paranoia, dije antes? Tal vez no, sino la lucidez del tirano en estado puro, que marca como peligroso a todo aquel que un día deja de cantar sus loores). En ese sistema, la muerte solo podía llegar en estado de dignidad a aquel que supiese que esa dignidad residía en su condición de hijo de Dios, como mostraron tantos mártires. Cuando eso falta, como a Rubachof, uno llega a plantearse incluso si sus torturadores no tendrán razón y él no será mas que un miserable traidor: venga el tiro en la nuca y acabe conmigo, en todo caso. Esa es la tragedia de Rubachof. Pudo haber sido la de Koestler, que acabó, como un posmoderno, poniendo su dignidad en el mero negarse a la enfermedad. Evidentemente, no vio su cadáver.

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14 septiembre 2018

Borrar puntitos o liquidar parásitos.


Es curioso lo que estos argumentos del agente estalinista Ivanof (El cero y el infinito) se parecen en su cinismo a los del criminal Harry Lime en El tercer hombre:

Anualmente mueren varios millones de seres humanos sin ninguna utilidad, por epidemias y otras catástrofes naturales. ¿Y nosotros vamos a retroceder por el sacrificio de algunos centenares de miles en pro de la experiencia más prometedora de toda la historia? Esto sin decir nada de las legiones que mueren por la mala alimentación y la tuberculosis en las minas de hulla y de mercurio, en las plantaciones de algodón y de arroz. Nadie se preocupa; nadie pregunta por qué ni para qué; pero si nosotros fusilamos a algunos millares de personas objetivamente nocivas, los humanitarios del mundo entero espumarajean de indignación. Sí, nosotros hemos liquidado la parte parasitaria del campesinado y lo hemos dejado morir de hambre. Era una operación quirúrgica, necesaria de una vez por todas; y en los buenos tiempos anteriores a la Revolución morían otros tantos en un año de sequía; pero morían sin cuenta ni razón... La naturaleza es pródiga en sus insensatas experiencias, aunque el objeto de ellas sea el hombre. ¿Por qué no va a tener la humanidad el derecho de experimentar sobre sí misma?

Solo que, aquí, el desprecio por el hombre se disfraza de tributo a la humanidad.






06 septiembre 2018

El amigo del desierto


La cosa se desarrolla en la República Checa, aunque hay personajes de otras nacionalidades. Pavel se entera de la existencia de una asociación de amigos del desierto en la que se siente impelido a ingresar, y en el seno de este extraño grupo se topa con goces y reveses: los favores de las mujeres y el rechazo inicial de los dirigentes. Pronto descubrirá que esa comunión con el desierto que anda buscando habrá de realizarla en soledad. El desierto es ese lugar donde en cierto modo se hallan todos, pues su paisaje cambia continuamente (de hecho el libro incluye dibujos de las dunas) y de algún modo es el símbolo de uno mismo.

Se trata, efectivamente, del “relato de una vocación”, bastante bien reflejado a través de las evoluciones del ánimo del protagonista: comenzando por una curiosidad extraña, que de algún modo le toca en lo íntimo, para continuar con una búsqueda entre entusiasmos y desengaños, hasta llegar al encuentro final. Lo que no sabemos es la índole de esa vocación, que el autor quiere dejar en la oscuridad, velada por el símbolo del desierto. Yo diría que es algo más bien “new age”, como decimos hoy, pues el narrador se expresa siempre como si se tratase de un cambio acaecido en sí mismo, un encuentro con su propia verdad, con sentido inmanente y sin referencia a Dios, aunque tampoco se excluye de modo explícito.

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31 agosto 2018

Interesante distingo


el que hacía el obispo don Casimiro Morcillo en conversación con Antonio Garrigues a propósito del esquema conciliar sobre la libertad religiosa:

“Se trata [en aquel documento] de libertad civil en materia religiosa y no de libertad religiosa propiamente dicha.”

Interesante, sí, porque se ha hablado mucho de por qué la Iglesia cambiaba en el Concilio su criterio sobre dicha libertad, que había condenado hasta entonces. Se ha explicado muchas veces (aquí por ejemplo) pero creo que la precisión terminológica de don Casimiro es muy aguda. La “libertad religiosa” tal como la entendía tradicionalmente el magisterio sería equivalente al indiferentismo: da igual elegir una u otra religión. Mientras que la “libertad civil en materia religiosa” no sería sino el derecho a no ser molestado por practicar una determinada creencia, derecho que el Concilio decidió afirmar ante los totalitarismos de su tiempo.

(Encuentro la frase en Luis Suárez, Franco y la Iglesia, parte II, capítulo VII, 1)



23 agosto 2018

De haber una nueva dictadura anticristiana en el mundo


sería, sin duda alguna, mucho más sutil que lo que hemos conocido hasta ahora. En apariencia, seguramente admitiría la religión, pero sin que la religión pudiera intervenir ni en la forma de conducta ni en el modo de pensar.

(Joseph cardenal Ratzinger, La sal de la tierra, cap. "Sobre la situación de la Iglesia")

La profanación del Valle, y las leyes subsiguientes, suponen (no nos engañemos) la reprobación pública de todas aquellas tendencias de pensamiento y de acción política que se alinearon con Franco, de modo que sólo los socialistas y su izquierda, con los republicanos laicistas como eternos compañeros de viaje, queden como impolutos ciudadanos demócratas. Los demás (centro, derecha, etc.) serán admitidos solo como muestra de buena voluntad de los demócratas, siempre que no olviden sus orígenes oscuros y no pretendan gobernar demasiado. Quienes osen decir que la película fue más bien al revés y que los socialistas gobiernan por la magnanimidad del régimen que creó las condiciones para una democracia moderna, serán condenados a la miseria.

Si dice amén a la profanación del Valle, el PP firma y rubrica la historia socialista. Nada nuevo, pues lo viene haciendo desde hace muchos años. El porqué de esta vocación de corderos en la derecha es un misterio, pero se remonta al menos a los años republicanos, cuando la CEDA ganó las elecciones y no quiso gobernar para no molestar a los republicanos guay.

Y lo que haga el PP me trae bastante al fresco, pero que vayan tomando nota los obispos. Porque entre esas fuerzas que se alinearon con Franco estaba también la Iglesia, más que nada porque allí no los mataban. Y ese es el meollo: ha sido siempre prioridad del socialismo, y más del español, la eliminación de la Iglesia de la vida pública. El secreto del odio de los socialistas a Franco, por encima de los años, es que fue quien impidió que se hiciese efectivo ese logro del que se jactaba el Frente Popular: que en su zona no había quedado un cura vivo. Con la ley de memoria histórica en la mano, siempre se podrá expulsar a la Iglesia del olimpo de los demócratas y conminarla al silencio recordándole su pasado franquista. Si en algún lugar estamos cerca de esa dictadura anticristiana sutil que decía el futuro papa, donde se tolera a la Iglesia pero se le impide alzar la voz, es en la España de la memoria histórica.



19 agosto 2018

El deber moral de ser inteligente


En esta colección de conferencias y artículos, el profesor de Filosofía Gregorio Luri da razón del prestigio que se ha ido ganando de unos años a esta parte, tanto por su brillantez expositiva como por su sabiduría, en el sentido más clásico de la palabra. Salvo el texto titulado “Experiencia y educación”, donde hace una glosa de un libro de Dewey con un tono más especializado, el estilo es llano y para todos los públicos, por así decir. El tema es casi siempre, como en otras obras suyas, una defensa del sentido común en la educación, por encima de elucubraciones alejadas, en el fondo, de la realidad de la persona.

Algunas ideas a voleo: la condena de la pereza como vicio grave (“el que piense que puede ser perezoso sin ser además malvado está en un error”); la defensa del sentido crítico (“grande torpeza es de los mortales creer que los que acertaron en mucho acertaron en todo”, cita de Juan de Zabaleta); la “barbarie vertical” de los que piensan que se puede prescindir del estudio de las Humanidades; la vacuidad de la llamada pedagogía innovadora (“los centros docentes, en general, prefieren evaluarse más por la altura de sus propósitos que por la evidencia de sus resultados”); la necesaria autoridad (“los adultos estamos para dar la tabarra. Es decir, para marcar los límites de lo sensato”). Y, en todo momento, un tono amable aderezado con sentido del humor: “la condena de quien no hace nada es que nunca puede darse un descanso”.

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28 julio 2018

A mayor abundamiento...


En aquella agrupación literaria, y gracias a la valía de otro alumno, García Garrido, se representaron obras teatrales como Calígula, de Camus, Doce hombres sin piedad, de Reginald Rose, Las manos de Eurídice, de Pedro Bloch o Todos eran mis hijos, de Arthur Miller. Hace muy pocos días que un compañero de entonces me acaba de regalar los programas de las películas que vimos en el cine del colegio en aquellos tres años y solo dos de ellas eran españolas; las demás eran extranjeras, y con una altura y un fondo muy especiales para comentar en los diálogos posteriores del cineclub; altura, la de aquel cine de ayer, que ya quisiera para sí cierto cine de hoy.

Antonio Colinas, Memorias del estanque, p. 36. Recuerdo que está hablando del curso 61-62 en el colegio Luis de Góngora, adscrito a la Universidad Laboral de Córdoba.



21 julio 2018

… y una aportación a la teoría del páramo*


Pero estaba escribiendo de mis dieciséis años. Entonces, en 1962, había muerto bruscamente mi paisano el poeta Leopoldo Panero y, al curso siguiente –según consta en la relación de actos de la revista Dintel [fundada por él y sus amigos junto con la asociación del mismo nombre] del curso 1963-1964–, di una nueva conferencia sobre Panero y recogí una breve síntesis de la misma en nuestra revista. Repaso ahora la relación de actos de aquel curso y no solo me encuentro con mi conferencia sino con las que otros alumnos y profesores impartieron –¡a lo largo de solo unos meses!– sobre Alberti, Camus, Faulkner, Benavente, Miguel Hernández, Mihura, Delibes, Mann, Casona, Evtushenko, Hopkins, Lorca, Blas de Otero y Bécquer. ¡Increíble pero cierto, podríamos decir de aquellas actividades avivadas por jóvenes de solo quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho años!

(También en Antonio Colinas, Memorias del estanque, p. 35)


*Páramo cultural del franquismo, claro.


17 julio 2018

Más sobre poetas prohibidos


Antonio Colinas, en Memorias del estanque (deliciosa lectura, por cierto), habla del curso 1961-62 en el colegio Luis de Góngora, de Córdoba.

Fue una educación prodigiosa: para empezar, despertarnos a las seis y media de la mañana y acostarnos en el internado escuchando música clásica; así que, en tres cursos sucesivos, nos entregaron básicamente la historia de la gran música; mis profesores, que me dieron a leer, en aquellos tiempos (¡en 1961, a los quince años!) a Alberti, a Neruda, a León Felipe, a Blas de Otero, a los poetas cordobeses del grupo Cántico. Y, por supuesto, a Antonio Machado y a Juan Ramón, que fueron los que más me turbaron.