10 julio 2026

Dictaduras y democracias

En ¡Viva Franco! (con perdón), Fernando Vizcaíno Casas reproduce las palabras de Antonio Reol, ex fiscal del Tribunal Supremo, en ABC de 12 de mayo de 1978, en las que recuerda, entre otras cosas, que durante el régimen de Franco tuvo lugar el “hecho insólito en la Historia de España” del proceso a unos ministros.

Hoy, en democracia, el partido del gobierno reacciona ante el mismo hecho como un adolescente que dice que el profesor (los jueces) le tiene manía y le denuncia por ello (al profesor, o sea a los jueces). Pero la cosa viene de antiguo:

¿Es que, además de la moderación, estamos perdiendo el sentido de las proporciones, si no lo hemos perdido ya irremisiblemente? ¿Ha visto usted a lo que ha dado lugar la absolución de la duquesa de Franco? Un partido, con ciento y pico, mucho pico, de diputados, aquél al que los votos han hecho el segundo del país, el partido al que el sistema político le ha otorgado el papel de pieza de recambio en el procedimiento de turno a que pretendemos someter nuestro devenir, el partido que representa el contraseguro de nuestra democracia, lanzado a denunciar una sentencia judicial y a pretender que el Parlamento la desvirtúe o contradiga, ¿puede haber nada más descabellado? ¿Pero esto qué es, señor Director, una democracia constitucional o una convención? ¿No se da cuenta el Partido Socialista Obrero Español de la incongruencia entre su enorme poder como el segundo partido de España que puede ser mañana el primero, y su empresa contra una sentencia judicial?

Era Augusto Assía en La Vanguardia, 15-V-80, citado en el mismo libro. Muy atinado lo de Convención, por cierto. Es a lo que vamos, ahora mismo.