26 marzo 2018

Termino el visionado


de Pandora y el Holandés errante. Ava Gardner recortando contra un ocaso mediterráneo, con mirada soñadora. Cualquiera de esos primeros planos podría haber aparecido en la feria del libro antiguo que ha abierto puertas este fin de semana. Suelen decorar las casetas con ese tipo de pósters.

En el Diccionario del cine que publicó Rialp allá por el 90 dice que Ava Gardner no era tan mala actriz como han dicho, pero que necesitaba directores que montasen una película sobre ella, ya que se interpretaba estupendamente a sí misma. Es lo que hizo al parecer Albert Lewin en esta fantasía melodramática, con un Mario Cabré aportando comicidad involuntaria, aunque por fortuna su personaje es secundario. El otro atractivo de la película es el coche de carreras, tipo Le Mans, que maneja otro personaje. Estética clásica frente a estética futurista, je. La clásica es la Gardner, claro, que lleva sus modelitos como un peplum.





24 marzo 2018

Contra los herejes. Exposición y refutación de la falsa gnosis


Su lectura es difícil, no porque el estilo sea intrincado, sino justamente por cierta tosquedad de estilo, y a lo mejor también porque habla de cosas muy sabidas, pero que, claro, en el siglo II estaban en mantillas. En todo caso, se nota que este hombre conoce las Escrituras como la palma de su mano. Es ya un teólogo, puesto que no deja de apoyarse firmemente en ellas para hacer su apología.

Son cinco libros, y el primero es donde más puedes perderte, porque se trata de la exposición de las teorías gnósticas. Estos tipos habían construido un tinglado increíble de seres divinos y semidivinos entrelazados en un sistema complicadísimo. Mérito tiene Ireneo por habérselo estudiado tan minuciosamente. El pléroma llamaban a dicho sistema, y como digo las relaciones de paternidad, filiación y parentescos varios entre estos “eones”, que así los llaman, vienen a ser una especie de deconstrucción de la Revelación cristiana propia de un chef de nouvelle cuisine. Encima, claro, gnósticos había varios, y entre ellos diferencias doctrínales, con lo que la cosa se embrolla aún más.

San Ireneo rebate con paciencia y con ironía todas estas lucubraciones a la vez que expone la auténtica doctrina revelada. Son cinco libros, que me he merendado con no menos paciencia que él los ha escrito, por una disciplina tal vez absurda, pero que no voy a recomendar. Al fin y al cabo, por mucho que Voegelin diga que estamos en una era gnóstica, todo eso del pléroma ya no hay quien lo sostenga. Tal vez algún chiflado new age.

__

14 marzo 2018

Impuestos ("pechos y gabelas")

...moderados, son nervios de su conservación [de la república], y, excesivos, su ruina.

Baltasar Gracián, en El político don Fernando el Católico


13 febrero 2018

Los derechos humanos y la novela del siglo XX


Vintila Horia expone en este ensayo (primero su tesis doctoral en Derecho) su característica idea acerca de los tiempos “buenos” y los tiempos “malos” en la historia de la humanidad. Y lo digo así, de modo tan simple, porque el autor me parece en esto demasiado simplista, en efecto. Desde que Cristo vino a revelarnos el misterio del ser humano, la humanidad ha oscilado entre épocas que se adherían a ese misterio y épocas que se apartaban de él. Entre las primeras, la Edad Media, el Barroco y el Romanticismo; entre las segundas, el Renacimiento, la Ilustración y el materialismo del XIX. Y es así que Vintila Horia asocia a unas y a otras de modo inseparable los rótulos que les correspondieron en la historia de la cultura, extendiendo, por ejemplo, el nombre de humanismo a la Ilustración y al socialismo. Y esto es lo que perjudica su visión del asunto, creo, porque de ese modo lo clásico, o neoclásico, aparece asociado sin más a los tiempos “oscuros”, lo que resulta, como poco, temerario.

La tesis del autor es que en la medida en que son proclamados los derechos humanos estos mismos derechos necesitan más defensa, y no por parte de quienes los proclaman. El hombre es “víctima de unos instrumentos forjados a su favor desde el Renacimiento hasta hoy y transformados con el tiempo en armas letales dirigidas contra su propio corazón” (página 21 de la edición de Emesa, creo que la única disponible). En el siglo XX, han sido los novelistas los que se han erigido en resistentes a favor del hombre y frente a los sistemas que supuestamente le iban a liberar. “El hombre ha sido divinizado, pero ha perdido sus derechos, es como un ídolo encerrado en un templo sin puertas ni ventanas. Un ídolo inoperante, al que dan vueltas como a un maniquí o como a un robot los que lo han reducido a estas proporciones y posibilidades. Su felicidad es la de Un mundo feliz, su libertad es la de 1984, su futuro es el de Nosotros, siendo su sabiduría la de El juego de los abalorios, elevada pero alejada de lo real , y su situación la de Heliópolis y de Las abejas de cristal.”

Por supuesto, el autor tiene en mente una cuidada selección de esa novelística, que es a la que dedica también su Introducción a laliteratura del siglo XX. Pero fue la idea expuesta en este libro, latente o patente en los artículos periodísticos que publicó en los 80, la que despertó mi curiosidad por la novela contemporánea cuando pensaba que era una colección de excentricidades propias de gente con un hervor de menos. No es poco mérito y por ello sigo manteniendo un altarcillo para Vintila aunque con la madurez sea capaz de matizar sus tesis y ponerle unos cuantos peros.

__

01 febrero 2018

"Siembran cicuta y esperan ver crecer campos fecundos"

Espero que no se me olvide la frase. Hasta de Maquiavelo se pueden recoger sentencias aprovechables.

(Citado por Nicolae Steinhardt, Diario de la felicidad, Jilava, mayo-junio 1960)


25 enero 2018

Caza de machos

Tanto las leyes sobre la violencia de género como los delitos de odio no son más que un reverdecer de las cazas de brujas. Es juzgar intenciones: lo hizo por ser bruja, lo hizo por machismo, lo hizo por odio a los...

Según María Elvira Roca Barea, cuando se produjo un caso de histeria colectiva por brujería en la Navarra de 1610, se envió allá al inquisidor Alonso de Salazar, el cual concluyó: “No hubo brujos ni embrujados hasta que se empezó a hablar de ellos”. Con muy buen sentido (son palabras de la autora), “Salazar sostenía que el aspecto demoníaco de los hechos era irrelevante y que lo que había que juzgar eran los mismos hechos. Si alguien le tira un tiesto al prójimo y le abre la cabeza, este es el hecho positivo que hay que considerar. Si el autor o la víctima creen que esto ha sucedido por alguna intervención del demonio, el inquisidor no puede entrar a juzgar lo que uno u otro crea, sino el hecho en sí”. Y habla el instructor: “Búsquese siempre en los hechos cuerpo manifiesto de delito conforme a derecho y no se vaya a probar caso, muerte ni daño que no ha acontecido”

Pongan homofobia o machismo en lugar de intervención del demonio, e ideologías en lugar de histeria colectiva. Si los juristas de hogaño estuvieran a la altura de aquellos inquisidores, nos evitaríamos arbitrariedades que desdicen de un estado que presume de ser de derecho.



21 enero 2018

El velo pintado

Grata sorpresa: no me esperaba de Somerset Maugham una historia como esta, no porque hubiese leído algo de él, que no, sino por haber visto en la Wiki algunas cosas sobre su conducta privada. Que fuese amena sí, pues algo me sonaba de su éxito comercial; pero no que se tratase de un relato edificante.

Edificante es, al estilo de La mujer nueva de Carmen Laforet, aunque el carácter principal parte siendo una señorita frívola e irresponsable, al contrario que la de la novelista española: Kitty, que así la llaman (encima), se casa de modo bastante inconsciente con un tipo del que se cansa al poco tiempo y se echa otro andoba al que cree poco menos que el Guerrero del Antifaz. Siendo así que el marido, el bacteriólogo, es mucho mejor persona que el otro, o al menos a mí me parece el personaje más salvable de la novela, a pesar de que todos lo consideren un mediocre. Cuando descubre el adulterio, trama una maquiavélica muerte en vida para ella, pidiendo un traslado a un rincón remoto de la China para tratar una epidemia de cólera. Llegas a pensar que el tipo lo tiene todo pensado para que ella sepa lo que es la vida (y la muerte) y se haga una persona responsable. Pero parece ser que no. De hecho él llega a admitir que al principio esperaba que ella muriera. En todo caso, aquello le sirve de purgatorio también a él. Porque allí hay unas monjas que mantienen un hospital y que no abandonan a pesar de que van cayendo como moscas... Y ya se imaginan, pero no se preocupen, está muy bien contado.

Dice Alberto Fijo que en la película que hicieron hace poco han eliminado el elemento religioso. Pues se la han cargado. La va a ver su tía.


__

19 enero 2018

URSS

De comerciante extranjero a diplomático novato:

No haga ninguna clase de preguntas, ¿comprende? Si sus paquetes llegan solo con la mitad de lo que hubieran debido contener, cállese. Si le roban, cállese. Si una noche le asaltan por la calle para quitarle su cartera, vuelva tranquilamente a su casa. Si alguien muere en su despacho, espere a que vayan a recoger el cadáver. Y tenga muy en cuenta que si su teléfono no funciona es porque no ha de funcionar.

En Georges Simenon, Los vecinos de enfrente, cap. 4



16 enero 2018

Mark Twain, la religión y la cosita

Hay un momento en que, si los ángeles pudieran burlarse, estallaría en el cielo una solemne carcajada por la insensatez en la que incurren los poderosos, los sensatos, los cultivados, ¡precisamente cuando se vuelven impíos!

Esta reflexión de Romano Guardini viene al pelo cuando acabo de leer algo sobre las sátiras de Mark Twain contra la religión, en un panfleto reseñado hace años por Luis Alberto de Cuenca, en el ABC. Como de costumbre, LAC se muestra entusiasmado con su reseñado (todavía estoy por leerle una crítica negativa), pero yo no pude menos de pensar que casi todos los argumentos contra la religión, por inteligentes que sean los que las hacen, superan en poco a aquel pariente mío que decía que, si Dios estaba en todas partes, ¿también estaba en la mierda?

En realidad, el que arremete de modo tan grosero contra la religión suele hablar bajo el influjo de las pasiones, sobre todo de una. Mark Twain lo demuestra cuando arguye que los hombres están locos por inventar un paraíso del que esté ausente la actividad sexual: como si a un tipo perdido en el desierto, dice, se la apareciera un genio que le ofreciera todo menos una cosa, y el tío excluyera precisamente el agua. ¿Ven a lo que me refiero?

Y sin embargo, los paraísos inventados por los hombres son los que de hecho están habitados por valquirias y huríes. Que el asuntillo sexual esté ausente del paraíso cristiano (porque va infinitamente más allá de nuestras pobres expectativas) no deja de ser una prueba de su carácter revelado, es decir, de su verdad. Pero anda.





12 enero 2018

Frankenstein o El moderno Prometeo

La novela de Mary Shelley comienza en una expedición al Ártico, y pronto se empiezan a superponer diversos planos narrativos: el doctor Frankenstein es subido a bordo de su barco por el primer narrador, y allí cuenta su abracadabrante historia. Más tarde el monstruo toma la palabra durante unas cuantas páginas... Ya vemos que la novela difiere bastante de la película de Boris Karloff, porque allí el monstruo no hablaba y de encuentros en el Ártico nanay. En realidad la mayor creación de la película fue la figura externa del monstruo, realmente horripilante, hasta que Michael Jackson le quitó el encanto al convertirse en su parodia. Por otra parte, las cuestiones morales que plantea Mary Shelley quedan menos explícitas en la versión fílmica, aunque puedan deducirse. Es a esas cuestiones morales, creo, a las que debe la fama la novela, que por lo demás queda reducida a un cuentecillo gótico bastante convencional, con sus excesos retóricos incluidos. La dudosa licitud de fabricar vida humana en un laboratorio, si ello fuera posible; el desamparo en que queda sumida la criatura, sin familia ni posibilidad de crearla; el rechazo provocado por el diferente cuando el diferente es bastante feo; la propia fealdad de la venganza...  y hasta qué punto el hombre es un monstruo de Frankenstein que justifica sus malas acciones por haber sido llamado a un mundo horrible que no buscó él (cuestión muy romántica por cierto). Todo eso está ahí y es más relevante, como digo, que la propia novela como creación literaria, algo así como lo que sucedía con aquella película titulada Matrix, puro festival pirotécnico que volvía a poner sobre el tapete, sin embargo, cuestiones eternas.


__

10 enero 2018

"... viéndome con tantas faltas / que estoy preñado sospechas"

Me pregunto si este juego de palabras quevediano será el origen de la actual expresión “poner a parir”. Algo retorcido, pero no cabe descartarlo.


05 enero 2018

El prohibido

En Alfa y Omega, semanario religioso de ABC, sacan un reportaje sobre Federico García Lorca y empiezan diciendo que estuvo prohibido durante el franquismo. Yo entiendo que con miras evangelizadoras se quiera asumir el discurso dominante hasta donde sea posible (aunque no suele estar bien pagado). Pero otra cosa es faltar a la verdad, o decirla a medias. A no ser que se piense que el franquismo acabó en 1971, año en que la colección Austral de Espasa-Calpe empezó a publicar toda la producción poética y teatral de Lorca, consciente, supongo, de que los venerables pero vetustos tomitos de la editorial Losada, editados en Buenos Aires pero que circulaban por aquí con toda naturalidad, pedían un sustituto, así como el Bodas de sangre de Círculo de lectores de 1968, el Mariana Pineda/La zapatera prodigiosa/Bodas de sangre de Magisterio español también del 68, La casa de Bernarda Alba de Aymá, 1964, o, por supuesto, los mil ejemplares de la edición limitada e ilustrada del Diván del Tamarit con prólogo de Néstor Luján, de 1948.

Y a no ser, también, que a mi padre le fallara la memoria, que me extraña, cuando aseguraba que en la escuela (años 40) leían poemas de García Lorca y Alberti. Puede que se tratara de “El lagarto está llorando” del primero y de los poemas a la Virgen del segundo, de acuerdo. Pero ya se ve que no se los atribuían a José María Pemán...





Addenda, noviembre 2021: En esta conferencia Alberto Romero Ferrer expone cómo el teatro de Lorca se emitía habitualmente por radio en la posguerra, sin ocultar el nombre de su autor; cómo los cantaores como Lola Flores y otros incluían a Lorca en su repertorio con toda naturalidad y reivindicando su figura. Y nos habla del reestreno de Yerma y Bodas de Sangre en los primeros 60, de la mano Luis Escobar y Manuel Tamayo, ambos procedentes de Falange, y por cierto que a uno de esos reestrenos, no recuerdo cual, asistió la señora de Franco. Eso sí, el hombre se cura en salud y se preocupa de dejar claro que no quiere hablar bien del franquismo, válgame Dios, quiten ustedes...

Addenda, marzo de 2025: En la temporada 1949-1950 la compañía La Carátula, dirigida por José Gordón y José María de Quinto, ponía en escena entre otras obras, La casa de Bernarda AlbaFederico Carlos Sainz de Robles, de quien tomo el dato, añade por las mismas fechas: "La obra de García Lorca, para nosotros, es el más hermoso e impresionante drama del teatro español contemporáneo; todos sus valores son extraordinarios: el humano, el poético, el técnico, el expresivo". (Teatro español 1949-50, 3ª edición 1959, editorial Aguilar).
__

03 enero 2018

Imperiofobia y leyenda negra

Empiezo con una pega para después cantar a gusto los loores de este libro: me mosquea que se tilde de fobia a las opiniones contrarias a las de uno: es de sabor totalitario. Reconozco que es más comercial imperiofobia que antiimperialismo, pero es importante dejar a salvo la opinión de quien está en contra de las políticas norteamericanas o de quien siente más simpatía por los galos o los germanos que por Julio César.

Dicho lo cual, qué placer prolongado durante semanas. Es casi lujurioso escuchar tantas cosas que debían haberse dicho hace tiempo, tan juntas y sin dar pausa. Como simpatizante de Carlos V frente a los comuneros, como quien siente gustirrinín con el final del soneto de Acuña, “un monarca, un imperio y una espada”, como admirador infantil de Alejandro Magno y gustador adulto de John Ford, me congratulo de que alguien venga reivindicando los imperios sin el menor rubor. Esto en cuanto a lo sentimental.

En cuanto a lo histórico, era hora de decir bien alto, con el talento de quien ha sabido vender unas cuantas ediciones y acaba de sacar una de luxe, que las revoluciones se han cargado a más científicos que la cristiandad; que la Inquisición estuvo, entre otras cosas, para evitar que las masas lincharan a las “brujas” como hicieron en otros lugares; que los jesuitas hicieron más por la dignidad humana que los ilustrados; que uno de ellos (de los jesuitas) habló de evolución de las especies antes que Darwin; que mientras los españoles hicieron a los indios súbditos de la corona, Montesquieu hablaba de la “servidumbre natural” de los indios y Voltaire de la falta de virilidad del hombre imberbe, o sea el indio; que el descubridor de la vacuna se habría muerto de asco si una expedición española para propagar su invento por América no le hubiera hecho famoso; que un converso al catolicismo no suele tener la pulsión irresistible de poner a caer de un burro a su antigua iglesia, exactamente al contrario que un católico que se pasa al protestantismo; que en Inglaterra no hizo falta inquisición para colgar del cuello a todo aquel que no compartía la fe de la reina, y fueron unos cuantos; que Donald Trump tendría una cara bastante parecida a la de Evo Morales si hubiera habido, en la famosa “conquista del Oeste”, un fray Antonio Montesinos que le espetara a Grant que se iba a ir al infierno si no tenía en cuenta que los cherokees y los navajos tenían un alma como la suya; y, como colofón, que las ideologías son como brújulas que uno se monta en el cerebro de tal modo que todo lo que entorpece su mecanismo es rechazado y destruido para que no nos indique otra dirección.

En fin: en poco tiempo hemos tenido una Natalia Sanmartín, una Alicia Rubio y ahora una María Elvira Roca Barea diciendo cosas que muchos piensan pero se empeñan en disimular, no vayan a creer por ahí que disienten del rebaño. Como esto siga así, va a haber que cambiar el símbolo anatómico que nos ha servido tradicionalmente para aludir al valor...

__



28 diciembre 2017

El despertar de la señorita Prim

Nadie tan simpático a nuestro tiempo como el hereje. Por eso es audaz Natalia Sanmartín cuando llama al pueblo de su invención San Ireneo, nombre vinculado sin remedio a una obra titulada Contra los herejes. El despertar de la señorita Prim es una obra muy explícita pero las tesis no ahogan la narración ni hacen que pierda calidad como pieza novelística. Como tal, es una buena historia de amor. De amor humano y divino, por supuesto, y ya que digo esto aprovecho para señalar que la iniciativa de la parte divina está estupendamente puesta de relieve.

Cierto que es una de esas obras de las que resulta difícil juzgar a causa de tu simpatía por las cuestiones extraliterarias que plantea. ¿Hasta qué punto te gusta por sus virtudes literarias y hasta qué punto por decir lo que piensas que debería ser dicho en voz muy alta? En todo caso, insisto, pienso que aquí ese tipo de cuestiones están bien trabadas al hilo del relato, un relato de gran contención expresiva y sabiduría narrativa. En esa sabiduría incluyo el desenlace, en que todo está claro y nada está dicho.

¿Hay que ser de San Ireneo?, podría ser la pregunta. Esta especie de utopía sin Estado es la figura de algo que existe, claro, pero no en un lugar determinado, sino disuelto como la levadura en la masa, unas veces más activa, otras menos. Eso no significa que haya que comulgar con todos los aspectos de la vida en aquel lugar. Pienso por ejemplo en el rechazo a la escuela y la apuesta a favor de la educación en casa. Pero reúne las condiciones para que Prudencia Prim, mujer discreta en el sentido cervantino pero moldeada por los presupuestos ideológicos del siglo XXI, descubra que, al fin y al cabo, Dios contaba con ella. En ese sentido, El despertar de la señorita Prim, que tiene mucho de Chesterton y de los grandes conversos del pasado siglo, se alinea también con todas esas obras que, lejos de rendirse al absurdo, afirman que la Verdad te encontrará a poco que busques y digas sí en el momento adecuado.


__

23 diciembre 2017

Puesto en práctica

En Los derechos humanos y la novela del siglo XX, Vintila Horia trae una frase lapidaria de Hegel que me hace gracia porque me recuerda la polémica sobre Eichmann y Kant: el jerarca nazi afirmaba haber seguido siempre una moral kantiana, y eso contrariaba bastante a Hannah Arendt, la pensadora que analizó la “banalidad del mal” a propósito del propio Eichmann.

La frase de Hegel es: “El terror es Kant puesto en práctica”.

En el libro de Vintila Horia no figura el contexto en que fue dicha, y el rumano se está refiriendo más bien a Descartes como origen de los campos de concentración y del “infierno son los otros” de Sartre, porque los otros no serían sino res extensa para quien siguiera la filosofía cartesiana de modo estricto. Pero no dejaría de ser una curiosa profecía y un argumento de autoridad para quien piense que, en efecto, Eichmann era un kantiano en acción. Aquí referencias a la polémica.




17 diciembre 2017

El juglar del Cid

El anónimo autor del Cantar de Mio Cid (que fuesen dos, como sostenía Pidal, no se contempla en esta amable fantasía) es imaginado por Joaquín Aguirre Bellver en su niñez, cuando despierta su vocación de juglar gracias, justamente, a don Rodrigo Díaz, de cuyo destierro es testigo el jovencito. El destino parece que no quiere separarlo de su tío Martín, un juglar enamorado de su profesión. La mutua compañía es grata para ambos pero Martín, un impenitente andador de caminos, siente que su modo de vida no es el más adecuado para un niño. Sin embargo, Gabriel intuye que no es casualidad que hayan confluido ambas circunstancias, el conocimiento del Cid y la eventual compañía de su tío, cuyo magisterio va asimilando día a día. Como suele decirse, Gabriel ha descubierto qué quiere ser de mayor.

La simpática figura de Martín y la viva pintura del modo de vida del juglar son los elementos más valiosos de este relato, sencillo y perfecto en su género. Conmueve la amargura del músico al tener que enajenar su vihuela, así como divierte la rivalidad entre colegas y nos recreamos contemplando la relación del juglar con los copleros. Es magnífica la apología que hace de su arte Martín, al principio de la historia (“Si no puedes ser rey, sé juglar”). Si me da por ahí me hago con la vieja edición de Doncel, que he puesto en la imagen; de momento me he conformado con la de Everest, colección "La torre y la flor".


__

02 diciembre 2017

Papirotazos

Echo un vistazo a Breve historia de la literatura española, de Alberto de Frutos, bien tratada por Adolfo Torrecilla, de quien me fío. Me parece, más que breve, esquelética. Lo más apreciable es, como indicaba Torrecilla, el tono periodístico que le aporta amenidad. Veo que no sale del tópico al tratar la narrativa de posguerra, que no sería sino la crónica de una larvada oposición a la dictadura: La familia de Pascual Duarte y Nada son “sendos papirotazos a la novela triunfalista tutelada por el régimen”.

Confieso que a fecha de hoy todavía no sé cuáles son esas “novelas triunfalistas tuteladas por el régimen”. Lo que sé es que Nada recibió un premio instituido por una revista falangista en su primera convocatoria, y que la prensa del momento (prensa del régimen, por supuesto) habló de ella hasta el aburrimiento; que Camilo José Cela ejerció de censor para el famoso régimen y de conferenciante en instancias oficiales mientras iban apareciendo ediciones de un Pascual Duarte bastante bien recibido por la crítica. Se lo cuentan a Pasternak y a Solzhenitsyn y las carcajadas se oyen en Pernambuco. No te digo si además añades que La fiel infantería, novela triunfalista que exaltaba a los combatientes nacionales que “fecundaban la patria a tiros”, lejos de ser “tutelada por el régimen”, fue rechazada por la censura eclesiástica por “expresiones de sabor volteriano”.



P. D. Poco después de escrito esto, encuentro esta perla:

La falsificación, la impostura, comenzó con una circular enviada por Juan Aparicio, director general de Prensa, en 1942 o 1943, a todas las publicaciones periódicas del país, como era vox populi in litterarum orbe cuando yo llegué a Madrid en 1958... Dicha circular "aconsejaba" a los directores de los periódicos y revistas prestar especial atención y dar relevancia a los libros y a las noticias relativas al poeta José García Nieto, el comediógrafo Víctor Ruiz Iriarte y el novelista Camilo José Cela. Aquí nos interesa la novela. En la primera época de La Estafeta Literaria (cuarenta números entre 1944 y 1946), informa Martínez Cachero que Cela "aparece número tras número hasta 384 veces (para ser entrevistado, contestar a las preguntas de una encuesta, escribir una reseña, ser reseñado, ser objeto de examen por críticos o por médicos, etcétera)". Casi cuatrocientas referencias, en menos de cuatro años, en una sola publicación... ¡quincenal! Aunque otras no hubiesen sido tan "generosas"... E idéntica fuente protectora tuvo el excepcionalmente favorable trato que recibió La familia de Pascual Duarte por parte de una censura que por entonces era severísima. En este sentido, se pregunta el historiador citado: "¿Cómo fue que La familia de Pascual Duarte vivió sin traba censorial alguna casi doce meses de éxito?, ¿alguna mano poderosa se interesó eficazmente por una novela con violación, matricidio, asesinatos, prostitución y adulterios, aunque el protagonista termine su vida arrepentido y la relate para aviso y escarmiento de presuntos lectores?" Según Luis Ponce de León..., a quien cita Martínez Cachero, la obra fue efectivamente protegida, contra vientos y mareas, desde la Dirección General de Prensa.

(Manuel García Viñó, La novela española desde 1939: historia de una impostura, 44)

__


26 noviembre 2017

La feria de las vanidades

“Novela sin héroe”, la subtitula Thackeray, y es cierto que nos hallamos ante una novela picaresca en cierto modo, con un protagonista poco escrupuloso como es esta Becky Sharp, arribista consumada con quien su creador no tiene piedad desde su posición de narrador testigo; no tiene piedad, ya que la ironía bien manejada es un proyectil mortífero.

En efecto, si algo distingue a La feria de las vanidades de otros productos de su época es el arte narrativo, la manera en que el narrador aparenta salvar la intención de sus personajes a la vez que deja bien claros sus móviles rastreros. No sé si será eso la flema británica. Hay héroes aquí, sí, si el héroe es la persona generosa y abnegada que representa el capitán (luego coronel) Dobbin y que queda efectivamente salvado sobre todos los demás; pero es algo así como el Levin de Ana Karenina, menos caracterizado que los malvados y que tiene solo la función de servir de contrapunto: no toda la humanidad está perdida.

Pero el título de la novela es expresivo con respecto a su intención. Estamos en el reino de qué dirán y de las apariencias, y el narrador no duda en ponerse del mismo lado cuando disculpa a su no-heroína: “No la reconoció; es posible que sufriese alguna afección a la vista”; o bien: “Contadas veces le veía o se acordaba de él su ejemplar madre”; o a otros personajes, “personas de educación exquisita, entretenidas en desollar a sus amigos en la forma más espiritual y deliciosa imaginable”. Y, en todo caso, no puedo dejar de preferir este reino de sepulcros blanqueados a esas novelas contemporáneas donde la podredumbre se exhibe como un traje de noche. Oh, aquel señor, “dignísimo morador de la feria de las vanidades, que acostumbraba a agraviar deliberadamente y de propósito a sus vecinos para tener luego la satisfacción de excusarse y pedir perdón. ¿Consecuencias de su sistema? El buen señor era idolatrado por todo el mundo; se decía de él que era de temperamento impetuoso, pero el más digno, el más honrado de los hombres”. Era un homenaje del vicio de la vanidad a la virtud de la humildad.


__

25 noviembre 2017

"Tiempos modernos"

es un estupendo programa de Intereconomía (o era, porque no sé si se sigue emitiendo) que puede verse en el canal Intereconomiatube, de Youtube, claro. Píldoras de trece minutos sobre temas de historia contemporánea, y alguno de más allá, que a quien ande pez en la materia le pueden dar más que un barniz. Qué pena de la vocecita de meritoria que locuta el reportaje inicial, que lo hace como si estuviera emitiendo un anuncio publicitario y tiene un modo de pronunciar algunos nombres que da rubor (Combó y Cómpanis, sin ir más lejos, al hablar del nacionalismo catalán). Ya se ve que estamos en una cadena pobre.

...

En Jot down, número 19, hablan de un irlandés que dice que “sus dos días favoritos del año son Navidad y verano” (David López, “Guinness is good for you”). Es inevitable recordar a los de Burgos, cuando dicen aquello de “este año el verano cayó en jueves”, y tal.

...

Yo pensé que lo de autenticar era un palabro que vino de la mano de las nuevas tecnologías, así como indexar, o inicializar, y cosas así. Sin embargo, lo encuentro en el Martín Lutero de Ricardo García Villoslada, libro de 1973 (y es una edición antigua, de papel biblia). Es más, figura en el DRAE y lo hacen derivar del latín medieval authenticare. Uno nunca sabe.




18 noviembre 2017

Sun-Tzu: El arte de la guerra

Es cierto, es un pequeño código de conducta que puede aplicarse no solo a la estrategia guerrera, sino a todo lo que puede llamarse así por metáfora: negocios, deporte, o incluso la propia vida. Un ejercicio ascético, incluso, que puede nutrir hasta la oración, porque uno es cobarde o imprudente a la mínima que se descuida. De hecho podría ser también un tratado sobre la prudencia de gobernante. A Gracián le habría encantado.

__

15 noviembre 2017

Valentías

Germán alaba la valentía de una mujer que “no tuvo inconveniente en afrontar la opinión de la sociedad”

Como Lucía –vuelve a pensar Marina– [...] Es un producto nítido de los tiempos actuales. Uno de esos ejemplares que confunden el cinismo con la valentía y que no sienten reparos en vender su porvenir por un placer eventual. Tal vez porque sabe con certeza que la sociedad no va a reprocharle su conducta. La sociedad ya no condena lo que siempre ha sido condenado: esa condena ha pasado a la historia. La sociedad, ahora, es la gran celestina de ese tipo de valentías.

En Mercedes Salisachs, Adagio confidencial


11 noviembre 2017

El caudillo expiatorio, El Corte Inglés, la guerra civil.

Comienzo a leer en Aceprensa una entrevista con un especialista en enseñanza de la Religión. Primera pregunta: "Desde hace ya décadas, en España, la asignatura de Religión es fuente de constantes polémicas... ¿Qué pasa?"

Respuesta: "Aún pesa demasiado lo que fue la enseñanza religiosa en los 40 años de la dictadura franquista..."

Dejo de leer.

...

Paso junto a dos dependientes de El Corte Inglés, ella y él, bien trajeados como es la norma de la casa, charlando animadamente.

--Para eso no me compro un iphone, no me jodas...
--Es que si te vas a gastar mil pavos...

Pues no. No y no. Es como si llevasen los calzoncillos de sombrero, sin quitarse la corbata ni los afeites. Y alguien tendría que decírselo a los formadores de esta gente.

...

Jiménez Lozano, al recibir una distinción eclesiástica: "... el arte en Castilla ha sido víctima de la desamortización, en algunas zonas de la guerra civil, y las más veces de la incuria".

Lo que me pregunto es el porqué de esa metonimia, "víctima de la guerra civil", como si las obras de arte se hubieran caído por sí solas al estruendo de los cañonazos. ¿Tanto cuesta mencionar a los autores del destrozo?


07 noviembre 2017

Ideas sobre la novela

Tenía curiosidad por este ensayo, que ha resultado brevísimo. Y, sin embargo, se le atribuye un gran potencial cara a la literatura española: habría sido el estímulo para una generación de autores que se lanzaron a poner en práctica las tesis de Ortega sobre lo que habría de ser la renovación de la novela. A esos autores, como Rosa Chacel, Francisco Umbral los llamaba “novelistas artificiales”. Es cierto que cuando te propones hacer algo con la novela en lugar de escribir una novela, dictada, se entiende, por tu propia inspiración, suelen salir churros. Por eso no me atrevo con los intentos “metafísicos” de Manuel García-Viñó, por ejemplo, aunque sí me guste frecuentar a Carlos Rojas y un poco a Andrés Bosch, que estaban en la misma empresa pero a los que veo más novelistas que teóricos.


Pero, en fin, lo que dice Umbral me mosquea, porque me gusta cómo escribe Rosa Chacel. No creo que ella, tampoco, escribiera por hacer realidad una teoría, o al menos principalmente por eso. La tesis principal de Ortega, ya se sabe, es que, agotados los argumentos, hay que potenciar la novela por medio de los otros ingredientes: personajes, ambientes, estructura... Pero el argumento ha de quedar siempre ahí, como un suelo que te permite hacer pie. La ausencia de argumento es lo que hace de En busca del tiempo perdido una narración paralítica, como dice el autor en una ocurrencia que es lo que más me gustó de todo el ensayo, como ya hice notar aquí


__ 

05 noviembre 2017

Mariscos

Cuenta Rafael García Serrano que, durante la guerra civil, el locutor de una emisora roja de Bilbao le dijo a otro de Madrid que no se preocupase por las fuerzas gallegas que habían salido hacia Asturias, porque “en Galicia no hay más que mariscos, pero no hombres”. Y que los combatientes gallegos le tomaron la palabra y empezaron a lucir en su indumentaria siluetas de centollos, vieiras, langostas, etc. Pero también hubo quien quiso devolver la pelota y compuso la siguiente copla:

    Os que vimos de Galicia
    e que nos chaman mariscos,
    ¿cómo se chamarán eles
    que fuxen de risco en risco?

 (En Diccionario para un macuto, s. v. MARISCO)


03 noviembre 2017

Luri, islas, Barea

Oigo a Gregorio Luri presentar en Radio Nacional su último libro, Elogio de las familias sensatamente imperfectas. Dice la dedicatoria: “A Homer Simpson, que, aunque piensa que las soluciones a todo se hallan en la tele, cena con su familia sin televisión”. Promete. Pero tengo aún pendiente Mejor educados.

...

Tardo unos ocho artículos en darme cuenta de que el número de junio de Jot Down tiene como tema monográfico las islas. Bueno, lo he ido leyendo muy espaciadamente. Un equipo de fútbol de Tonga, una pintoresca etnia panameña (porque Panamá tiene islas, al parecer), la isla que se inventó Carmen Martín Gaite, la “isla de mierda” en pleno Manhattan que se montaron dos chiflados con síndrome de Diógenes, magnificados por una novela publicada en 2009... y por la autora del artículo; islas de leprosos (Hawai, Filipinas) con los que solo los religiosos eran capaces de convivir... Como se ve, el tema puede ser estirado hasta el infinito. Y hay también islas en ese número, como una larga entrevista a un Rodrigo Fresán al que solo conocía de nombre y otra a un John Pinone que lo mismo. Por lo que llevo visto, la revista no escora ideológicamente hacia ningún lado, lo que es de agradecer.

...

En las entrevistas, María Elvira Roca Barea tiene una cara amable que me descoloca un poco. Lees su libro y la imaginas como un agente que lleva a cabo fría y minuciosamente su misión de desmontar la imponente maquinaria de la leyenda negra, como un James Bond cualquiera. Me encanta que su libro se haya colocado entre los top 10. Espero que todo el que lo ha comprado lo lea. Y que se traduzca cuanto antes al inglés, al francés y al alemán.



01 noviembre 2017

Nietzsche en España, 1890-1970

Nietzsche en España es una de esas obras de toda una vida, que lleva años de dedicación, a la que se vuelve de vez en cuando para corregirla o ampliarla y que queda asociada mentalmente al nombre de su autor, en este caso Gonzalo Sobejano. Las últimas ediciones llevan añadido al título las fechas 1890-1970, pero si algo apreciamos en el libro es que la influencia de Nietzsche fue decayendo a medida que avanzaba el siglo, pues el análisis de los años de posguerra dista mucho en su extensión del dedicado a las primeras generaciones del siglo XX, mucho mayor.

En este sentido, nos damos cuenta de que los autores modernistas, o del 98, o como quiera llamárseles, eran gente mucho más de su tiempo que los posteriores, puesto que se dejaron animar por un autor prácticamente contemporáneo, mientras que los intelectuales de posguerra volvieron a Marx y a sus variantes. Otra cuestión es que todos entendieran lo mismo en el creador de Zaratustra, tipo peligroso donde los haya cuando deja de entendérsele como un gran poeta romántico. De hecho un tal Salvador Canals “desaconsejaba la lectura fragmentaria de Nietzsche porque ‘espíritus impresionables y sin solidez’ pueden hallar en tal o cual fragmento impulsos para todo”. No sabía qué razón tenía, aunque pueda discutirse si Hitler era un “espíritu impresionable y sin solidez”.


De hecho Sobejano analiza con todo pormenor lo que vieron en Nietzsche cada uno de los autores analizados, que son muchos, y que dependía, como los ciegos con el elefante, de la parte que hubieran tocado, puesto que la obra del alemán es amplia y se iba publicando en España aleatoriamente. Sobejano nos muestra también las diferencias de traducción, que a veces pueden hacer decir al autor una cosa y su contraria. El hecho es que los autores del 98 hicieron una lectura de Nietzsche en clave anarquizante e individualista, mientras que los de la generación del 14 destacaron más el aristocratismo patente en el filósofo de la voluntad de poder. Hubo entusiasmos juveniles y análisis lúcidos, y Sobejano ofrece una profusión de citas y de bibliografía realmente abrumadora.

__

29 octubre 2017

El inquisidor Bocanegra

Es un personaje de El capitán Alatriste, un tipo siniestro con aspecto de Fu-Manchú capaz de helar el aire cuando menciona al Santo Tribunal de la Inquisición y que hace su aparición espectral, diríase que imitada de la de su homólogo del Don Carlos de Schiller, para encargar al protagonista un par de magnicidios. Sin embargo, leemos en María Elvira Roca Barea que el hecho en que se basa la novela

...sucedió en 1623, y en este momento había naturalmente un presidente del Santo Oficio. Hay que buscarlo debajo de las piedras para encontrarlo, pero no es imposible dar con él. Su presencia hubiera destrozado por completo cualquier complot fanático o tenebroso. Don Andrés Pacheco de Cárdenas era extremeño y franciscano, no dominico. Doctor en Teología por la Universidad de Salamanca, dedicó su vida al estudio y la caridad. Su gran cultura y conocimiento de lenguas hicieron que Felipe II lo nombrara preceptor de su sobrino Alberto de Austria, quien más tarde sería soberano de los Países Bajos desde 1598. Después fue obispo de Cuenca, donde se destacó por su empeño en mejorar las condiciones de vida de los más humildes: “Singular prelado por su rara virtud y santidad y por la eminencia de letras... En tiempo que gobernava aquella sede no supieron los pobres que avia falta de frutos en la tierra”. Murió con fama de santo y no consta que firmara una sola sentencia de muerte.

(En Imperiofobia y Leyenda negra, parte II, capítulo 6)

Si no hay que dejar que la verdad te estropee un buen reportaje, imagínense una novela...







07 octubre 2017

Solaris

Dice Jesús Palacios en la introducción que la historia de la ciencia-ficción ha puesto de manifiesto nuestra incapacidad por imaginar vidas extraterrestres, ya que lo que hace la ciencia-ficción es no es sino volver sobre nosotros mismos, bajo las apariencias que sean. Y lo dice incluyendo a Solaris, aunque quizá sea esta novela de Stanislaw Lem una de las que más se hayan acercado a pensar algo diferente. En efecto, el intento de Lem resulta subyugante: poco después de la misteriosa entrada en escena del narrador y su compañero de trabajo aquel nos revela el objeto de su investigación, ese planeta Solaris que ha dado lugar a una nueva ciencia, la solarística; ese planeta cubierto en su mayor parte por un mar de materia orgánica a la que costó atreverse a calificar de viva. Un ente capaz de jugar con los seres humanos produciendo copias autoconscientes de otros humanos ya difuntos y escenarios de todo orden sin que se sepa con qué finalidad o si acaso la hay. La narración avanza con la frialdad de un informe aunque nos deje entrever el terror existencial del narrador y del resto de personajes. La pregunta por el origen está ahí, por supuesto, formulada en términos parecidos a los de Clarke en 2001 odisea espacial, es decir, como posibilidad de que el ser humano sea el juguete de una inteligencia extraterrestre cuya forma y características ni siquiera sospechamos.   

__

30 septiembre 2017

Esperando a Godot

No lo he leído: lo he visto en una versión que hizo TVE en 1978, año en que todavía emitía teatro. Al fin y al cabo, el teatro es para verlo, y las nuevas tecnologías te dan esta posibilidad.


Si lo que quería transmitir Beckett era hastío y desesperación, conmigo lo ha conseguido. Afortunadamente, el ser humano no es así. Alguien me explicó que la obra trata de una espera sin esperanza, y este juego de palabras es posible en español, pero no en el original francés, donde la espera es attendre y la esperanza es espèrer. Así que no sé si fue esa la intención del autor. Estos personajes están más alienados que desesperados, aunque al final intenten el suicidio. Bloqueados en la espera de alguien que no se define (y que no es Dios, no solo porque el autor dijera que no lo es, sino porque a Dios se le menciona como tal sin relación con Godot), son insensibles ante la injusticia y la crueldad, representadas por el tipo que pasa por allí llevando a otro atado a una cuerda y totalmente sometido a sus caprichos. Su situación es patética, realmente, y pide del espectador un aguante fenomenal. Menos mal que los dos actores son buenos. En otras manos esto sería insoportable.


24 septiembre 2017

Esas milicianas de los pósters

George Orwell habla de la columna de milicianos a la que se ha unido.

Éramos unos mil hombres y una veintena de mujeres, aparte de las esposas de milicianos que se encargaban de cocinar. Todavía quedaban algunas milicianas, pero no muchas. En las primeras batallas pareció natural que lucharan junto a los hombres; siempre sucede eso en tiempos de revolución. Pero las ideas ya habían empezado a cambiar. A los milicianos les estaba prohibido acercarse a la escuela de equitación mientras las mujeres se ejercitaban, porque se reían y burlaban de ellas.

En Homenaje a Cataluña, capitulo 1.


17 septiembre 2017

Crónicas marcianas

En Crónicas marcianas somos los terrestres los que invadimos Marte, contrariamente a la mitología creada por H. G. Wells y difundida luego por tantas películas, tebeos y demás. Y es una colonización en apariencia pacífica y progresiva. Digo en apariencia porque la narración de Ray Bradbury es bastante elusiva, nos deja a los lectores que adivinemos en gran parte lo que sucede, sorprendiéndonos a cada tramo con una situación nueva y extraña.

Es en realidad una sola crónica (“Crónica de la colonización de Marte”, podría titularse), aunque la primera impresión es, en efecto, de fragmentarismo. Empezando por ese “verano del cohete” que venía en mi antología de Temas para leer de la EGB, que te deja en la bruma del misterio, más aún cuando pasas página y te encuentras ya a dos marcianitos, venerables marcianitos de cierta edad, con su rutina hogareña. Bien es cierto que se hallan rodeados de un extraño paisaje, usan extrañas herramientas y lucen un color amarillo, y parecen esperar algo con inquietud contenida. Hasta que llegamos... y el señor sale en nuestra busca y...

Luego un segundo cohete, y un tercero, y más aún. Y aquí una marcianita que se parece terriblemente a nuestra abuela difunta, y aquí unos aguerridos astronautas que solo encuentran el desierto, y luego toda clase de especies humanas que salen para Marte como antaño a las Indias, y... mira en el arroyo, hija, y verás un marciano.

__


13 septiembre 2017

Se expone literariamente al fracaso...

...al tomar la historia evangélica: una referencia demasiado poderosa para admitir traslaciones y reencarnaciones literarias.

Gracias, José María Valverde*.
 __

*Comentando Una fábula, de William Faulkner, en Historia de la literatura universal





09 septiembre 2017

Una pequeña ciudad de Alemania

La atmósfera de Bonn en esta novela es más bien opresiva: “era una casa oscura en la que alguien había muerto... Parecía que todos los habitantes de la ciudad, salvo los policías, hubieran huido después de oír la voz de alarma”. Bonn es casi sólo el cuartel general de estos funcionarios que no demasiado alegremente se encargan de mantener el tinglado de la guerra fría. John Le Carré casi nunca nos informa de su cargo, solo deja que lo adivinemos tras el nombre y el apellido, lo que no deja de ser una manera de humanizarlos en un contexto en que tenderíamos a pensar que no son más que piezas de ajedrez. Como de costumbre, son tipos a los que no elegiríamos para ir de juerga, más bien hastiados, eficaces como máquinas pero terriblemente frágiles en su humanidad. “Aquellos que tenían la costumbre de saludarse, lo hicieron; los demás se sentaron sin hablar en las sillas...”

La trama consiste en la investigación llevada a cabo por un tal Turner acerca de un tal Harting, que se ha largado con algo, como de costumbre. El factor humano, como en Graham Greene, se hace también presente a medida que se revelan los manejos y las motivaciones de Harting, pero no solo en este, sino también en los demás. Lo de menos es el miedo a una resurrección del nazismo, tan persistente en Europa desde la posguerra hasta acá (el miedo, no el nazismo). Hay, en efecto, un Karfeld que se está haciendo con la voluntad de muchos alemanes tocando la fibra patriótica y que al final, por supuesto, está relacionado con la investigación. Curiosamente, es un líder que se parece más a los actuales identitarios que a los nazis que acababa de conocer Europa (y cuya reaparición en aquel contexto era impensable, claro).


__

01 agosto 2017

Premio Dedal

Así, al parecer, llamaban en La Codorniz al premio Nadal, por ser muchas las mujeres que lo habían ganado. La ocurrencia podría costarles hoy el secuestro de la publicación, como en sus mejores tiempos. Pero a Francisco Umbral le hacía gracia:

Esta generación [primera de posguerra] se caracteriza por su literatura realista (contra el “idealismo” de la prosa y la poesía oficial), luego socialrealista, y, como mal menor, por un provincianismo, un escribir “entre visillos” (de hogar burgués o de casa de p...), que explica bien la aparición de tanta literatura femenina, en su mayoría mediocre y llena de “ascuas de oro”, entre las autoras de la época y las ganadoras del Premio Nadal, que La Codorniz llegó a titular “Premio Dedal”, como se dice en otra entrada de este libro.

(En Diccionario de Literatura, s. v. “Generaciones”. Puntos suspensivos míos.)

Con el paraguas del antifranquismo da gusto, a que sí.








26 julio 2017

Responda el Estado, no yo

Interesante reflexión del rabino Jonathan Sacks, que explica bien muchas actitudes actuales.

Me llevó años dilucidar lo que había pasado [para que en Occidente se perdiera la conciencia de una responsabilidad moral personal]. La moralidad se había dividido en dos y se había externalizado a otras instituciones. Estaban las elecciones morales por un lado y las consecuencias de las elecciones morales por otro. La propia moralidad se había externalizado al mercado. El mercado nos proporciona elecciones, y la propia moralidad solo es un conjunto de elecciones donde lo que está bien o lo que está mal no significa nada más allá de la satisfacción o la frustración de un deseo. El resultado es que cada vez nos resulta más complicado entender por qué puede haber cosas que queremos hacer, que nos podemos permitir hacer, que tenemos derecho legal a hacer y que sin embargo no deberíamos hacer porque son injustas o deshonrosas o desleales o humillantes: en una palabra, poco éticas. La ética se había reducido a la economía.

En lo que respecta a las consecuencias de nuestras acciones, estas se habían externalizado al Estado. Las malas elecciones conducen a malos resultados: relaciones fallidas, niños descuidados, depresiones, vidas desperdiciadas. Pero el gobierno se encargaría de ello. Olvídese del matrimonio y del vínculo sagrado entre marido y mujer. Olvídese de que los niños necesitan un entorno humano de amor y seguridad. Olvídese de que necesitamos que las comunidades nos den apoyo en tiempo de necesidad. El bienestar se había externalizado al Estado. En cuanto a la conciencia, que antaño desempeñaba un papel tan importante en la vida moral, se podía externalizar a los organismos reguladores. De esta forma, al haber reducido las elecciones morales a una cuestión económica, habíamos transferido las consecuencias de nuestras acciones a la política.

(En Cuadernos de pensamiento político, 52)



24 julio 2017

Goldfinger

Es la única novela de James Bond* que he leído, y no tiene ni de lejos el atractivo de las películas, que es ante todo visual, como es sabido. A juzgar por lo que se ve en la tienda Kindle, casi nadie las lee hoy tampoco.

Aquí 007 se enfrenta a uno de esos villanos tan estrafalarios que casi no son humanos y por eso importa poco hacerlos pedacitos al final. Un obseso del oro, agorafóbico, que tiene la costumbre de pintar de dorado a sus amantes para hacerse la ilusión de que posee al precioso metal... y la exquisita idea de matar a una secretaria sospechosa pintándola hasta el último poro. Tuve que saltarme todo un capítulo, o más (cosa que no me gusta hacer), donde Fleming se dedica a narrar pormenorizadamente el partido de golf que disputan Bond y Goldfinger. La cosa es que Goldfinger quiere desvalijar Fort Knox y 007 mantiene con él el típico juego del ratón y el gato con escenarios a lo grande y chicas malas y glamurosas.

* ”...estaba sentado en el ultimo saloncito de espera del aeropuerto de Miami, meditando sobre la vida y la muerte. Matar formaba parte de su profesión. Nunca le había gustado hacerlo; cuando tenía que eliminar a alguien, lo hacía lo mejor posible, y enseguida se olvidaba de ello. Como agente secreto a quien se le había concedido el raro prefijo del doble 0 –que en el Servicio Secreto significaba licencia para matar–, tenía el deber de mirar la muerte con la misma frialdad que un cirujano.” Como se ve, nada fuera del alcance de Lou Carrigan o de alguno de estos autores de historietas de kiosco.


__

19 julio 2017

"Novela paralítica"

Así llama Ortega* a En busca del tiempo perdido. Mola, ¿eh?


*Ideas sobre la novela, final del capítulo “Acción y contemplación”


12 julio 2017

Qué chasco, Blasco

Gonzalo Sobejano (Nietzsche en España, 1890-1970), caracteriza así Los cuatro jinetes del Apocalipsis de Vicente Blasco Ibáñez:

...descripción de la batalla del Marne, apología de los franceses (valientes, patriotas, liberales, espirituales, sensibles) y diatriba furibunda contra los alemanes (arrogantes, agresivos, vanagloriosos de su estéril “Kultur”, crueles, depredadores, borrachos y homosexuales).

Otro progresista que se me cae. Y otro libro para la hoguera del consenso LGBTIetc.

(Negrita mía)



07 julio 2017

Dos brindis bien distintos


Y yo buscando por todas partes la edición de Cartas del diablo a su sobrino que leí hace años, y poniendo en Google cartas diablo sobrino trieste carmen martín gaite. Pero no. No era la editorial Trieste ni Carmen Martín Gaite era la traductora. Esos datos corresponden a otro título de Lewis, Una pena observada. Gracias a Iberlibro descubro que la edición de marras era de Espasa-Calpe y su traductor Miguel Marías.

Y es este el que se lleva el mérito de haberme hecho disfrutar como un tonto con El diablo propone un brindis, el opúsculo de Lewis que iba de relleno y que describe en alta definición el espíritu de la Logse, mil años antes de que la parieran los del PSOE. Fue como un buen baño tras una caminata bajo el sol o como conducir por una carretera llena de curvas y sin camiones. Cuando la editorial Rialp lo publicó en volumen aparte ya no era lo mismo, algo fallaba, no llegaba al corazón. Experiencia parecida a la que tuve con Antígona, al pasar de la traducción de Labor a otras: el meollo de la tragedia quedaba oscurecido, perdía toda su gracia, no podía recomendarlas a los muchachos. Lo que puede un traductor...

__

05 julio 2017

La nueva ciencia de la política

Cada vez que leo a pensadores alemanes pienso que habitan otra galaxia, desde Jünger hasta los lingüistas. Otra galaxia intelectual desde donde las cosas se ven de modo diferente, alternativo diríamos hoy, y en términos que a los mediterráneos nos resultan totalmente ajenos. He tardado en comprender, por ejemplo, que cuando Eric Voegelin habla de símbolos se refiere sencillamente a conceptos, o así creo haberlo entendido, a no ser que sus símbolos tengan un alcance mayor que el mero concepto. También puede ser cosa de la traducción, no sé...

Y es curioso, porque parte de la obra se dedica a la diferencia y la interacción entre la idea que una sociedad se hace de sí misma y la que de ella dan los politólogos. Pero si la obra es famosa es por su teoría, que se hace visible a partir del capítulo IV, según la cual la modernidad europea está definida por el predominio del gnosticismo, siendo gnósticos tanto el Renacimiento como la Ilustración y las formas políticas derivadas de ella, liberalismo y socialismo. Y son gnósticos por haber tratado de redivinizar el mundo, es decir, situar lo divino aquí abajo, absolutizar lo terreno, podríamos decir. Pero, por eso mismo, lejos de ser realistas, dibujan un mapa ideal del mundo en el que se mueven (como los pensadores alemanes, je, pero de otro modo) y mueven a los demás. Así,

...las sociedades gnósticas y sus líderes reconocerán los peligros que amenazan su existencia cuando estos aparezcan, pero no se los abordará con acciones apropiadas en el mundo de la realidad. En lugar de ello, se les hará frente con operaciones mágicas en el mundo soñado, tales como la desaprobación, la condena moral, declaraciones de intención, resoluciones, apelaciones a la opinión de la humanidad, caracterización de los enemigos como agresores, proscripción de la guerra, propaganda a favor de la paz mundial y un gobierno mundial, etc. La corrupción intelectual y moral que se manifiesta en la incorporación de tales operaciones mágicas puede invadir a la sociedad con la atmósfera extraña y fantasmal de un manicomio, como lo experimentamos en la crisis occidental.

Suena, ¿eh?

__



03 julio 2017

Vamos, vamos, Perich...

Curiosidad científica
El inventor del supositorio decidió permanecer el resto de su vida en el anonimato.

Vamos… Un progre afamado como tú, haciendo gracietas homófobas… Como salga la ley de Podemos, los ejemplares de Autopista que queden van a ir a la trituradora. Si levantaras la cabeza, tú que publicaste aquello cuando solo se podía hacer humor “dentro de lo que cabe”