08 abril 2026

Conversación en La Catedral

Enésima novela hispanoamericana sobre un gobierno corrupto (de verdad, ¿para esto se independizaron?). La hace original la técnica narrativa, solo aparentemente compleja, ya que pronto te haces con ella e identificas a los interlocutores y los cambios bruscos de tiempo y espacio, que es lo que más desorienta al principio. Es como una de esas películas actuales de intriga, que cambian vertiginosamente de escenario y de personajes. Solo que aquí me pregunto si todo eso tiene algún sentido. Otra cosa que la diferencia de, por ejemplo, Yo, el supremo o El señor presidente es que el jefe supremo no aparece nunca, sino solo su entorno, que se prolonga hasta lo ínfimo de la escala social. Un favorito, un colaborador puesto en entredicho, el hijo de éste, atraído al principio por los partidos de oposición; periodistas, chóferes, rameras, matones. Según el autor, trataba de hacer ver los efectos perniciosos de la dictadura hasta en los ambientes alejados de lo político. Pero no convence: una dictadura de ocho años es incapaz de producir, por sí sola, semejante caterva de degenerados. Si el Perú de la época era así, habría que buscar causas más de fondo. Pero no creo que lo fuera ni que lo sea hoy. Vargas parece complacerse, como es su costumbre, en su mirada sucia, en dirigir el reflector a la jeripundia.

Y, ya que empleo este localismo, hay que decir que son los localismos, quizá, lo que hace más atractiva la novela, y en eso salen perdiendo los peruanos, para quienes no es novedad.

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