27 abril 2020

Se hace tarde y anochece


Este libro viene a ser una especie de nuevo “Informe sobre la fe”, a semejanza del que publicó el entonces cardenal Ratzinger en conversación con Vittorio Messori. De hecho, el Informe sobre la fe es citado con frecuencia por el cardenal Sarah en esta su tercera entrevista con Nicolas Diat. Como en aquel, aquí se trata fundamentalmente de dar una voz de alarma ante ciertas tendencias diríamos viciadas en la Iglesia actual. En concreto, Sarah pone el acento en algo a lo que Julián Marías aplicaba el chiste de Quevedo, ese de “¿Quieres que las mujeres vayan detrás de ti? Ponte delante de ellas”. Es decir, la manía de querer acaudillar aquellas causas que tienen predicamento en la sociedad actual, tales como ecologismo o feminismo, por ejemplo, en detrimento de lo más sustancial de la doctrina y pensando que así se atraerán fieles.

Pero no se trata solo de un intento de corrección de líneas pastorales, sino de un diagnóstico de su mundo. Y con respecto a la Europa actual, ese diagnóstico es terrible: se trata de una sociedad que está muriendo y que quiere morir matando las identidades de los pueblos que no comparten los usos que han llevado a la ruina moral a los europeos, como África por ejemplo, aunque es de destacar también la defensa que hace de Rusia en ese sentido. La perdición de Europa es que ha optado por la desesperanza al rechazar a Dios, de modo que

…Occidente vive la experiencia de la soledad radical y deliberadamente deseada de los condenados.

Creo que nunca se había emitido un juicio tan feroz y al mismo tiempo certero sobre nuestra situación. Así las cosas, solo cabe borrar ya del mapa de una vez semejante pudridero, mediante una pandemia asoladora, por ejemplo, y esto ya lo digo yo. Pero, al contrario que Europa, Sarah no ha perdido la esperanza. Esta radica en esos cristianos que aún alimentan el fuego de la fe en Europa, cuya responsabilidad no consiste en salvar una civilización sino en

…vivir fielmente y sin componendas la fe que habéis recibido de Cristo. […] ¡Cuidad ese fuego sagrado! Que sea vuestro calor en medio del invierno de Occidente. Cuando un fuego ilumina la noche, los hombres van reuniéndose poco a poco en torno a él. Esa debe ser vuestra esperanza.

Pero hay muchas más cosas que merece la pena reseñar en este libro y así lo haré en entradas posteriores. Estamos ante uno de los títulos más importantes que se han publicado en su género, en los últimos años.
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25 abril 2020

Karenin vencedor


La compasión por Anna, el arrepentimiento por haber deseado su muerte y, sobre todo, la misma alegría del perdón, no solo habían aliviado sus sufrimientos, sino que le habían comunicado una paz interior desconocida hasta entonces. De pronto comprendió que lo mismo que había sido fuente de padecimiento se había convertido en fuente de alegrías espirituales, y lo que le había parecido insoluble cuando condenaba, reprochaba y odiaba, se había vuelto claro y sencillo ahora que amaba y perdonaba.*

Aunque aún le tocará sufrir…

*(Cuarta parte, capítulo XIX. De Anna Karenina, por supuesto)





23 abril 2020

Memorias del subsuelo


Hoy diríamos que el problema de este señor que se nos confiesa aquí es de falta de autoestima. Piensa que es malo, pero en el fondo se diría que lo que le corroe es que esa maldad no se traduzca en actos que le permitan adquirir fama o ascendiente sobre los demás. Ser malo siendo un pobre diablo no resulta nada grato. Y, además, no es tan malo, no como él lo supone. Pero como tampoco es un santo, vuelve a aparecer la frustración: ni santo ni famoso criminal. Es una criatura consumida por el orgullo no satisfecho.

Y hasta aquí mi diagnóstico de profano en psicología. Lo cierto es que Dostoievski ha fabricado un personaje que después podía haber utilizado en una novela mayor, como algunos compositores componían oberturas a la espera de una ópera donde encajarlas. Podría haber sido incluso un germen de Raskolnikov. La novela (otro ejemplo de que eso del monólogo interior o flujo de conciencia no se inventó en el siglo XX) comienza con la autopresentación del personaje, tratando de hacérsenos odioso; sigue con una comida de amigos a la que se invita con el oscuro afán de adquirir ese soñado protagonismo y que acaba con una enorme frustración; y acaba con su relación con una prostituta en la que se incluye un vibrante discurso moral que es quizá lo más atractivo de la novela, en el que nos convencemos de que no estamos ante un psicópata sino ante una persona con clara conciencia del bien y del mal.
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20 abril 2020

En el más alto sentido


Pero, en fin, si he hablado de amistad , de estimación, de fraternidad, no cabe duda de que he hablado de amor –aparte de haber hablado también de amoríos—de amor en el más alto sentido y claro está que estoy queriendo decir en el sentido cristiano.


Rosa Chacel, "Volviendo al punto de partida", en Revista de Occidente, 17 (1964). Recogido en Rebañaduras, p. 31



18 abril 2020

Cal viva


Esta experiencia creo no haberla tenido con un libro. Quiero decir el hecho de que su autor me fuese resultando cada vez más antipático a medida que avanzaba, y que lo siguiese siendo durante el visionado de algunas entrevistas realizadas con él. Desde luego, Amedo no trata de justificarse: a esas alturas creo que lo suyo era ya poco justificable. De hecho emplea un tono bastante frío en la narración de su peripecia. Lo único que podría haber evitado esa reacción de antipatía por parte del lector habría sido el presentar a sus víctimas como bestias salvajes, pero tampoco le ha dado por cargar las tintas en ese sentido. Lo que le interesa es subrayar la culpabilidad del gobierno de entonces en la organización de los GAL. Y esto, que de por sí habría provocado la desaparición total de un partido político de no mediar otros factores que no son del caso, es lo que anima a proseguir la lectura.

Hay que decir que el tipo también sabe dar a su relato un aire de novela negra a la europea, en plan todos malos, sobre todo cuando introduce la figura de las mujeres activistas, las que llama Dama negra y Dama rubia, cuya identidad silencia cuidadosamente, dos auténticas asesinas de película, una de ellas al estilo de la vengadora de La novia vestía de negro de Woolrich/Truffaut, pues al parecer se trataba de la esposa de una víctima de ETA. No se puede negar que causa cierto gustillo imaginar a estas tipas disparando contra los etarras. La pena es que al final estaban haciendo el juego a un partido que entonces declaraba la guerra a ETA tan alegremente como luego se entendería con ella, en una política mafiosa que hemos aguantado demasiado tiempo.
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16 abril 2020

Juicios implícitos


El siguiente aforismo de Nicolás Gómez Dávila me hace pensar en los que dicen cosas como pareja, género, machista, homófobo, padres-y-madres… sin formar parte del tinglado.

Quien acepte el léxico del enemigo se rinde sin saberlo. Antes de hacerse explícitos en las proposiciones, los juicios están implícitos en los vocablos.




14 abril 2020

Los trabajos de Persiles y Sigismunda


Es ley inexorable, al parecer: deslumbramiento en la primera lectura, decepción (relativa) en la segunda. En el caso del Persiles, mi fascinación llegó al punto de considerar esta novela como equiparable al Quijote e incluso como su remate: me pareció que era la contrapartida en plan positivo de lo que se había contemplado en negativo en el Quijote: es decir, Cervantes planteaba en el Persiles al auténtico héroe, libre de los engaños pueriles de la caballería y asentado sin más en el terreno firme de la virtud.

En esta segunda visita, en cambio, me ha parecido una obra más bien desestructurada, que hilvana episodios por lo demás muy parecidos entre sí y que insiste una y otra vez en el tema del mal de amor y la bella esquiva. Debe de ser una impresión superficial, sin embargo, porque curioseando por ahí encuentro gente que es capaz de otorgarle una estructura y un propósito bien definidos, aun reconociendo su inferioridad al Quijote. A cambio, me han encantado las frecuentes sentencias a que tan aficionado es Cervantes, y donde se ve quizá a un hombre que, en efecto, ve próximo el tránsito a una mejor vida y va poniendo en orden los muebles, quiero decir, claro, el estado de su alma.

De lo que no se puede dudar es de que nos hallamos ante una reelaboración en sentido cristiano de las viejas novelas griegas, o bizantinas, de amor y aventuras. El peregrinaje a Roma con final feliz a través de vicisitudes sin cuento que van aquilatando el amor de los protagonistas (Luis Rosales pone muy bien de relieve todo esto en el libro que comentaba aquí hace poco); el contraste entre los bárbaros y los bellísimos protagonistas (que es fácil equiparar a las almas privadas de la gracia frente a las adornadas con este don divino); y la insistencia, tan de moda en su tiempo, en el libre albedrío, que hace que uno pueda superar su condición de bárbaro mediante la práctica de la virtud, así lo ponen de manifiesto.


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12 abril 2020

Unos llevan la fama


Buena parte de los libros de los ilustrados franceses estuvo prohibida en Francia, mientras que, por el contrario, circulaban libremente en los ámbitos del imperio español.

En efecto: La mayor parte de las grandes obras literarias que cubrieron de gloria la literatura francesa del siglo XVIII hubieron de ser editadas o bien fuera de su país o bien en imprentas clandestinas. (Sigfrid H. Steinberg, 500 años de imprenta, Zeus, Barcelona, 193, págs. 180-181.) Citado por M. E. Roca Barea, Fracasología, parte 1, capítulo 2, de donde extraigo también la otra cita.




10 abril 2020

Fracasología


No es, evidentemente, una obra de la envergadura de Imperiofobia, pero he de decir que me ha proporcionado también buenos ratos. En concreto, al poner en su sitio a los “afrancesados”. Con frecuencia nos los han vendido como los que querían la modernización de España según las ideas de la Ilustración, pero no dejaban de parecerme el ejemplo de una ola de esnobismo y paletismo que duró demasiado. Por eso, algo interesante que hace Roca Barea es distinguir a estos afrancesados de los liberales, que fueron quizá los auténticos modernizadores. Gente como Jovellanos o como los que pergeñaron la Constitución de Cádiz fueron opositores a Napoleón, mientras que los supuestos progresistas y admiradores rendidos del país vecino acabaron secundando al déspota y a su “rey intruso”, como Meléndez Valdés o Moratín, por ejemplo. Llama la atención también un dato, puesto de relieve por la autora: durante el siglo XVIII hubo en España importantes medievalistas pero un atronador silencio sobre la España de los Austrias, como si los intelectuales españoles se avergonzaran de esa parte de su historia, tan denostada por los ilustrados.

El siglo XVIII ocupa una buena parte del libro, pero lo que sigue no le va a la zaga en interés. La otra parte destacada, por su atrevimiento podríamos decir, es la dedicada a la Generación del 98 y los regeneracionistas, los autores del mito de la España problemática, o de la España que se desvió de su rumbo. Digo atrevimiento porque estos autores han gozado siempre de un aura de prestigio justamente por haber manifestado un patriotismo crítico, que ponía a España sobre la mesa de operaciones con el loable propósito de enderezar su rumbo y lograr una España mejor. A mí mismo me han caído siempre más simpáticos estos autores que los de la Generación del 27, y justamente por esto. Sin embargo no me parece injusta la crítica de la historiadora malagueña, ya que esa idea de que tu patria es la rara frente a una Europa sana y modélica no deja de tener su punto ridículo cuando se insiste tanto en ella como se hizo por parte de esta generación. Viva el patriotismo crítico, fuera los complejos. Por otro lado, que García Lorca sea el ejemplo de lo que puede dar España cuando arrincona los complejos tampoco me parece lo más acertado. O es que eran menos grandes Unamuno o Valle-Inclán...
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08 abril 2020

Dicho sea de paso

Antonio, en el Persiles:

Llegué a las puertas de la gramática, que son aquellas por donde se entra a las demás ciencias.


06 abril 2020

Liras entre lanzas


José María Martínez Cachero fue un filólogo bastante respetado en Asturias, tierra que no suele regatear el respeto a sus próceres, por lo demás. Es autor de un ameno volumen de memorias titulado Antes que el tiempo muera en nuestros brazos, del que recuerdo el capítulo que dedica a “Don Florentino, el cura que me dio a leer La Regenta”, título de por sí llamativo teniendo en cuenta que se refiere a una de las novelas más anticlericales de nuestra literatura. Uno de sus últimos empeños fue esta Historia de la Literatura “Nacional” en la Guerra Civil, del 2009.

Me lo he leído de corrido, en dos partes bien distanciadas, por curiosidad hacia el tema, pero hay que reconocer que es más que nada un repertorio, un elenco de todo lo que los nacionales escribieron en los tres años de guerra civil, la mayor parte, como puede suponerse, de calidad más bien mala. Es posible que haya también un propósito de reivindicar a los que “ganaron la guerra y perdieron los manuales de historia de la literatura, como diría Trapiello”. Pero si es así el autor se ha impuesto una cota cronológica muy estricta. ¿Pensaba continuarla con la posguerra? No lo sabremos, puesto que al poco de publicar esto “el tiempo murió en sus brazos”.

El autor divide su materia por géneros: teatro, poesía, novela, ensayo, y dedica capítulos especiales a algunos autores, en concreto Pemán, Foxá y Miquelarena, que cultivaron diferentes géneros. Me interesa en especial lo dedicado a Valladolid, con Francisco Pino y sus iniciales fervores nacionales, de los que luego abjuró con el resultado de concitar los mimos oficiales en los años posfranquistas, a pesar de sus galimatías, que lo convierten en el típico escritor más homenajeado que leído. Me encuentro también, entre otros subproductos similares, con la referencia a una obra de la que había oído hablar en mi casa (creo que incluso teníamos un ejemplar) y a la que el tiempo sepultó en su lugar, titulada España inmortal y que le valió a su autor, Sotero Otero del Pozo (esos papás graciosillos…) las mieles del éxito en su día.
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04 abril 2020

Ver la misa por la tele


Somos como el pobre José Bódalo en aquella película de Marisol:

—¡Espera que termine el solomillo!,

dice mientras mira a un tipo en una terraza poniéndose las botas.

Este demonio saldrá mediante la oración y el ayuno, también el ayuno de eucarístía. Benditos sean Sus renglones torcidos.





02 abril 2020

La casta Susana


El otro día leían el pasaje evangélico de Susana y los viejos. Recordé a José Miguel Ibáñez Langlois.

En tiempos de Susana y los jueces malvados
qué de intrigas en el huerto de la bella,
qué alboroto se armaba en la ciudad,
qué fulminante el castigo de Daniel
contra los viejos fornicarios.

Hoy todas las Susanas son adúlteras,
se bañan desnudas ante los jueces,
el fornicar ha caído en desuso
y Daniel, por las calles sin trabajo,
y al Señor de Daniel
empieza ya a colmársele su infinita paciencia.

(En Poemas dogmáticos, parte II)





29 marzo 2020

Cervantes y la libertad


Traía aquí hace unos días una cita del Cervantes y la libertad, de Luis Rosales, que me había entusiasmado. Se trata de una obra magna, también por la extensión, que hizo bien en reeditar Trotta en los 90. En su origen venía precedido por otro ensayo sobre la libertad en general, que luego se editó aparte.


En su mayor parte, es un estudio sobre el Quijote, sobre lo que constituye la “locura” del personaje, que para Rosales es nada menos que un proyecto vital que toma forma en la madurez, un deseo de dar sentido a una vida hasta entonces anodina. En ese proyecto la libertad es una libertad para, y en concreto libertad para el amor, ya que Dulcinea es lo que permanece en una personalidad cambiante y que al final se arrepiente de sus tonterías pero no, al parecer, de haber amado. En el Quijote de 1605 tenemos a un Quijote en busca de su identidad, y por eso se esfuerza por ir creando su mundo, a base de esas alucinaciones que todos conocemos; mientras que en el Quijote de 1615 (la culminación del arte cervantino, también para Rosales) ha logrado su objetivo, hecho protagonista de un libro y agasajado como caballero, lo que hace que renuncie a sus alucinaciones y se muestre cada vez más como la persona juiciosa y virtuosa que siempre fue.

Pero en la primera parte Rosales analiza también otros personajes cervantinos, para llegar a la conclusión de que lo común a todos ellos es, como indica el título, el afán de libertad, en unos casos químicamente pura y sin empleo, como el caso de la pastora Marcela, en otros exquisitamente volcada hacia una disponibilidad para una vida lograda, que diría Alejandro Llano, como es el caso de Preciosa, “la Gitanilla”.

Es interesante también en el libro la controversia de Rosales con otros cervantistas, contra los que ironiza con frecuencia. En concreto, a pesar de estimar como maestro a Américo Castro y de apreciar sus escritos sobre Cervantes, dedica unas cuantas páginas a rebatir la idea de este sobre la moral de don Miguel, que Castro estima como un fatalismo neopagano; capítulo que me parece uno de los más atractivos de la obra. 


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27 marzo 2020

Meditaciones del Quijote


De esta obra inconclusa y primeriza, “ensayos de amor intelectual” que no llegaron a cuajar (de hecho apenas habla del Quijote) me quedo con esto:

Hay dentro de toda cosa la indicación de una posible plenitud. Un alma abierta y noble sentirá la ambición de perfeccionarla, de auxiliarla, para que logre esa plenitud. Esto es amor –el amor a la perfección de lo amado.

Es, aplicado a las personas, lo que algunos llaman agapé, amor efectivo, diverso del eros aunque compatible. De este amor intelectual trata la primera parte, “Meditación preliminar”, mientras que la segunda, “Meditación primera”, es una reflexión sobre la novela en general, de agradable lectura, como todo lo de Ortega, aunque no aporte gran cosa.
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25 marzo 2020

Milicianos, -as


Las chicas venían pegando. Pertenecían a unas compañías formadas bajo la bendición y revista de La Pasionaria. “Pelo teñido, mucho carmín, desenfado en los ojos. Y grandes ojeras.

“--¡Desnúdense!

“Abrieron los ojos con sorpresa.

“--¡Desnúdense!

“—Con que se levanten las faldas es suficiente, comandante.

“Y ellas se levantaron las faldas. Castro [dirigente comunista] se volvió de espaldas. Y esperó a que el capitán se dirigiera a él.

“—Siete con gonorrea, comandante.

“—Siga ya solo, capitán.”

El informe que le entregaron fue desastroso: “Doscientos milicianos enfermos e inutilizados para combatir por un largo período… De doscientas milicianas reconocidas, el 70 por 100 padece de enfermedades venéreas… “¡Hijas de p…! ¡Debería fusilar a unas cuantas!”, pensaba Castro. Entonces se fue a ver a La Pasionaria, a la que llama “la santa roja”. Doña Dolores dijo que aquello era una maniobra de Castro y defendió a las chicas. Castro le hizo una buena pregunta, con el permiso de la santa: “¿Por qué entre los combatientes y las putas das preferencia a estas últimas?” Hubo portazos, pero Castro, de momento, se salió con la suya. En el cuartel reunió a la banda del gonococo. El cuartel, por eso de que el partido comunista siempre ha sido respetuoso con los católicos, ocupaba, entre otras edificaciones, una iglesia. Castro se subió al púlpito y desde allí preguntó:

“--¿Queréis saber por qué os echo?

“Silencio.

“--Por putas; oídlo bien, por putas.”

Y la arenga, precisa, dura, bienintencionada, fue todavía mucho más expresiva. Castro pensaba en que su revolución empezaba a ser “seda. Sífilis. Cornudos al por mayor; y prostitutas en serie”.

Durruti no habló tanto. Cargó en Bujaraloz un tren con rameras y homosexuales. Se fue para la estación con su escolta, mandó correr, por turno, las puertas. Y disparó hasta hartar. No dejó ni una. Ni uno. Gironella lo cuenta, muy bien, por cierto.


De Rafael García Serrano, Diccionario para un macuto, s. v. "Milicianos". Las frases entrecomilladas pertenecen al libro Hombres made in Moscú, de Enrique Castro Delgado.



24 marzo 2020

La Lola se va a los puertos


“Una andaluzada de cierta dignidad”, definió Enrique Baltanás La Lola se va a los puertos. Podría decirse así. Es un homenaje al cante flamenco, encarnado en Lola, esa mujer que parece “el metro de platino iridiado” que nos dibujó Álvaro Pombo en su memorable novela: un compendio de sabiduría, esa que se nos perdió en conocimiento, según Eliot, y que es lo que se quiere que sea el cante, entre otras cosas. Tipos mediocres de diverso pelaje se enamoran de ella, incluyendo el menos mediocre de todos, el guitarrista Heredia, no en vano es el complemento sine qua non de su arte: “Sin Heredia no canta Lola”, viene a decir con orgullo el tocaor. El caso es que se la disputan un padre y un hijo y esa disputa sirve para crear una mínima trama, pero Lola no se queda a ninguno, pues es una especie de Diana del flamenco (“Mis labios se tocan pero no se besan”). El diálogo está compuesto en un verso sonoro que hay que decir, por supuesto, con acento andaluz, de Sevilla o de los puertos, a los de la Meseta nos da igual, y además la localización es incierta, creo recordar. En ese verso sonoro se destaca la esgrima verbal entre Lola y Rosario, la novia despechada que acaba, también, fascinada por la artista. Las acotaciones nos guían demasiado en la lectura, y de hecho supone un auténtico reto para el actor el reproducirlas en la representación.

Nunca agradeceremos bastante a los promotores de la vieja colección Austral que nos facilitaran obras como estas, hoy que apenas se editan, a pesar de sus autores. Que, como todo el mundo sabe, son Manuel y Antonio Machado.
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21 marzo 2020

La libertad de la Gitanilla



Siempre dije que la Gitanilla, como personaje, era la antítesis de Melibea, ésta atontada y sumisa, aquélla dueña de su persona y ejemplo de dignidad. Me alegra ver a don Luis Rosales corroborar genialmente esta mi opinión. Habla de Preciosa, pero podemos intuir a Melibea en el reverso:

Ella no cede a sus pasiones. Su libertad atiende a la virtud, no a la naturaleza. Su libertad no es espontánea, sino esforzada, creyente y voluntaria. No estriba en sujetarse a las pasiones, sino, antes bien, en sujetarlas, en liberarse de ellas. En mantener en todo instante su vida en situación de disponibilidad. Para desarraigarle de sus costumbres, somete a larga y dura prueba la continencia de su amante. Lo que pretende con ello, en definitiva, es espiritualizar la inclinación de su naturaleza y convertir su pasión en un instinto espiritualizado. La castidad puede llegar a ser para nosotros más espontánea y natural que la sensualidad. Todo depende de la exigencia de perfección y de sentido que pongamos en nuestra vida. La estimación de esta prueba –el noviciado del amor—como un rito de purificación me parece indudable.

(En Cervantes y la libertad, segunda parte, capítulo II: “La libertad de los gitanos”)


19 marzo 2020

Tierras del Ebro


“La primavera palpitaba en el aire”. Es el mejor resumen de las descripciones de la naturaleza que Sebastián Juan Arbó nos brinda en esta novela. Si no estuviera Gabriel Miró, se erigiría en el primer paisajista del siglo XX. Las riberas del Ebro cobran vida, en efecto, en cada uno de los capítulos de la obra, y una vida jubilosa compartida cada primavera por sus habitantes. Y, sin embargo, no estamos ante una novela optimista. De hecho, podría considerarse como uno de los últimos relatos naturalistas. El hombre no está a la altura. Diríamos que le agria la fiesta a la naturaleza si no fuera porque esta permanece indiferente al modo como el ser humano es capaz de destruirse a sí mismo, con sus orgullos y sus odios. Una nube de desesperanza, en efecto, constituye el desenlace de la historia, la historia de un aparcero de Amposta capaz de ser feliz, al principio, con una mujer amada y un terruño. Y un hijo. Pero basta que la mujer muera en un mal paso para que en Juan aflore lo peor de sí mismo. Incapaz de recuperarse, tiñe de infelicidad el resto de su vida y la de su hijo, con la colaboración de sus vecinos. Como en el Blasco Ibáñez de las novelas de Valencia, vemos solo el lado bestial de los habitantes de tan, en principio, agraciadas tierras. Cero esperanza, sí, al volver la última página. Y lo lamentamos por lo que podía haber sido, desde el punto de vista humano, una novela tan bien llevada en lo literario, ya que hasta sus momentos de monotonía, ante los que te ves tentado a decir aquello de “le sobran tantas páginas”, tienen su sentido.
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15 marzo 2020

Una abogada de don Plácido, veinte años antes


"Los obligatorios ejercicios respiratorios y vocales de todos los días, los ensayos con el acompañador, con los compañeros, con la orquesta, las reuniones con los agentes, las grabaciones (repetidas mil veces hasta que todo sonaba bien), las probaturas con el vestuario o esas entrevistas durante las que siempre se ha de tener mucho cuidado. Y de nuevo todos esos hoteles, cualquiera de ellos calcado a los cien anteriores, de tal manera que al final uno no sabe dónde diablos se encuentra. No estoy segura de que alguien pueda acabar convirtiéndose en un auténtico playboy en esas circunstancias. El aún joven y atractivo Domingo, durante su estancia de poco menos de un año en Tel Aviv, actuó en más de doscientos espectáculos y se aprendió de memoria más de cincuenta papeles operísticos. Si con todo ese duro trabajo hubo en algún momento un resquicio para el tiempo libre, dudo mucho que por él se colase alguna modelo con sus grandes pechos de silicona. Después de una actuación hay que dormir como es debido, porque al día siguiente aguarda otro concierto y otro ensayo antes del mediodía para una nueva ópera. Así pues, los rumores sobre las conquistas amorosas de estos, por otra parte, interesantes individuos se reducen a la mitad. Si no a las tres cuartas partes [sic ¿por la cuarta parte?]…"


Wislawa Szymborska, comentando el libro La vida privada de los Tres Tenores, de Marcia Lewis (1999), en Prosas reunidas


07 marzo 2020

Marcelino Pan y vino y otras narraciones


Estoy hablando del volumen de Biblioteca Básica Salvat, colección llamada también “Libro RTV”, una colección de los años 70 que llevó obras fundamentales a los bolsillos modestos y asequible aún a unos cuantos que tenemos acceso a bibliotecas escolares. Si “Marcelino Pan y Vino” y “La primavera” son relatos infantiles (aunque no solo, ni mucho menos), las otras narraciones nos acercan a un autor sumamente interesante en el campo de la narrativa breve para adultos. Hay trozos de realismo crudo (“El traje negro”) junto a abundantes notas de ternura (en el mejor de los sentidos), como en “Tal vez mañana” o “Tres rosas rojas”. Por lo que puede verse aquí, el autor tiene cierta preferencia por los personajes considerados “tontos”, que, como en otras ocasiones, suelen estar dotados de una visión más penetrante de las cosas y resultan, al final, los preferidos de Dios. La pura fantasía está presente en “Pesinoé”, relato algo previsible pero delicadamente resuelto. “Un tal Francisco” es, sencillamente, emocionante. Pero, desde luego, de todos ellos, me quedo con “La tregua”, relato original por el tratamiento de un espacio, muy característico del realismo social por otra parte (una cantera y el campamento donde viven los que trabajan en ella), pero que se eleva a lo simbólico y a lo religioso cuando el protagonista decide convocar esa “tregua” y que se vuelve a ratos inquietante a medida que el desenlace se hace cada vez más incierto.


No lo he dicho, pero el autor es José María Sánchez-Silva

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06 marzo 2020

Pemán


Leo las razones de los que critican la retirada de los bustos y demás iconos de José María Pemán. La mayoría me parecen tan lamentables como la propia decisión sectaria del ayuntamiento gaditano. Que no era franquista. Oh, no. Pues va a ser que se opuso al alzamiento con todas sus fuerzas y que sufrió cárcel y destierro durante el régimen, si os parece. ¿Franquista cien por cien? ¿Quién lo fue, salvo Carmen Polo, quizá?

No, por Dios, Pemán no era franquista, era católico y monárquico y discutió algunas decisiones del generalísmo. A parecer, si hubiese sido franquista hasta la reverencia habría derecho para quemarlo en efigie y prohibir hasta la mención de sus obras. Así llevamos cuarenta y dos años, preparando el terreno a las leyes mordaza de la actual gobierna. Enhorabuena.




31 diciembre 2019

El futuro gobierno favorecerá a las familias normales.


Claro: el acuerdo de gobierno entre los partidos socialistas dice: “…se protegerá a las familias monomarentales y monoparentales”. Supongo que se han creído en la necesidad de inventar el palabro marental porque en su burricie piensan que parental viene de padre (“papá”), en lugar del latín parentes, o sea, los que paren, los progenitores.

Así las cosas, familia monoparental y monomarental es la mía, la suya y la del noventa por ciento de los ciudadanos, al menos en su inicio, donde hay un solo padre y una sola madre. Es decir, la familia normal. Sería de agradecer que, en efecto, el gobierno empezara a proteger a este tipo de familia. Mucho me temo, sin embargo, que se han hecho la pluma un lío y lo que querían decir es que van a seguir haciendo lo de siempre, es decir, machacar a la familia sin más por la vía de normalizar lo excepcional.



28 diciembre 2019

Intertextos


Leyendo el capítulo sobre la Generación del 98 en Fracasología, de María Elvira Roca Barea, me encuentro esto:

Como señala M*** P*** [en una ponencia de 2004], “en 1898 tiene lugar el desastre militar de Cavite y Santiago de Cuba, por el que España pierde sus últimas colonias ultramarinas. Los luctuosos sucesos de este año han sido considerados por algunos como la causa que habría dado lugar al grito de protesta de los escritores definidos más tarde como "los hombres del 98". La protesta contra la política responsable de lo ocurrido y el deseo de una reforma radical en España existió, en efecto, pero su motivo fundamental no fue la derrota sino el descontento frente al ambiente político, social y cultural del país. […] Pero la corriente de doctrinas regeneradoras no motivó la catástrofe nacional. No hizo más que avivarla.”

Doy un respingo, porque esas palabras las conozco como el Padrenuestro, y no en relación con M*** P*** (a quien no conozco) ni desde el 2004 precisamente, sino que figuran tal cual en el manual de Historia de la literatura española de José García López, cuya decimonovena edición de 1974 utilicé en las oposiciones (hablo de los años 1987-89).

¿Se equivoca Roca Barea al citar? No, porque la ponencia de marras está on line y, en efecto, puede verse que M*** P*** (o sus editores, no sé) transcribe, justo en el inicio, los párrafos de García López, sin entrecomillar ni citar la procedencia, ni siquiera de las dos últimas frases, que son una cita de Azorín.

En fin, ya se ve que este tipo de prácticas son de lo más habitual, y lejos de mí romper una lanza por el presidente del gobierno, pero se ve también que hay que tener cuidado a la hora de atribuir malas prácticas a un autor en las citas, como han hecho con doña Elvira, porque esto de las intertextualidades es toda una maraña que se nos va de las manos…



26 diciembre 2019

No me toques la España negra.


Arturo Pérez-Reverte se suma a la elvirofobia con un artículo en que afirma, entre otras cosas, que la señora Roca Barea trata de hacernos olvidar que la Iglesia nos mantuvo varios siglos en el atraso y el analfabetismo.

Es este tipo de animaladas lo que constituye el mejor aval para el libro que se trata de atacar, pero claro, Pérez Reverte está en el papel de Demetrio, el platero de Éfeso. Ve peligrar el negocio de la España negra al que tan sustanciosos réditos viene sacando desde hace muchos años, con su Alatriste, sus artículos y demás. 





23 diciembre 2019

Nochebuena


No hay ningún lugar para la muerte,
ningún átomo que ella pueda destruir,
porque tú eres el Ser y el Soplo,
y tú no serás jamás destruido.

Emily Dickinson, citado por José Jiménez Lozano, Los cuadernos de Rembrandt, 2010, p. 202




21 diciembre 2019

Elvirofobia


En El País han puesto a uno de sus meritorios a buscar errores y omisiones en Imperiofobia y leyenda negra, el muy popular ensayo de María Elvira Roca Barea. Uno puede pensar, si tiene a bien, que lo que intentan es que la dignificación de su patria se haga de manera correcta y sin trampas. Pero más bien, por los modos, me temo que se trata de desacreditar el libro porque les hace muy poca gracia su contenido.

Y esto es bello e instructivo*, porque muestra, una vez más, dónde está cada cual. No porque no se supiera, sino porque hay que ponerlo de manifiesto una y otra vez, cuando aún muchos se extrañan de que los socialistas hagan causa común con quienes tienen como meta romper España.

*Copyright by Eulogio López




14 diciembre 2019

A hacer la cena


Leía hace poco que el PP expulsaba del partido a un militante que había gritado “¡A casa, a hacer la cena!”, en un acto feminista.

Y me pregunto si el PSOE o Podemos habrían expulsado con la misma celeridad a uno de los suyos que hubiera gritado “¡Curas a trabajar!” en una iglesia, por ejemplo. Pero el hecho no deja de ser una ilustración, en miniatura, de la génesis del movimiento feminista: unos que piensan que “hacer la cena” es una actividad poco digna, y otras que se lo creen y siguen el juego, un juego clasista y ridículo.



09 diciembre 2019

Camino de perfección


Este libro tiene una historia textual complicada, según nos hace ver el prologuista de la edición digital que he utilizado (Vicente de la Fuente). Son varios los códices que lo contienen, con variantes de distinta entidad entre sí. La mayor diferencia vino determinada por las supresiones que las autoridades eclesiásticas sugirieron a la autora. Esta edición que digo trae las dos primeras redacciones, ambas conservadas, una en El Escorial y otra en Valladolid. He escogido la primera, la del Escorial, que es la versión libre de las zarpas de los bienintencionados pastores.

La obra se divide en pequeños capítulos con secuencias numeradas a su vez. He “subrayado” en los primeros capítulos numerosos pasajes, no tanto en los últimos. Los primeros, de hecho, tienen, diría yo, un ritmo más vivo, y son una serie de indicaciones de tipo ascético dictadas por la experiencia y con conciencia bastante segura. La mayor parte me resultan familiares, porque sirven no solo para la espiritualidad monacal. Así, por ejemplo, a la hora de corregir una monja a otra

debe encomendarla mucho a Dios, y tratar de lograr en sí misma la perfección en la virtud contraria a la falta que ve en la hermana; de esta manera ella entenderá mejor su error que con cualquier reproche o castigo.

O bien, tratando de la caridad:

…compartir con las hermanas las cosas que a ellas causan placer, aunque a vosotras no interesen, es caridad…

Ojo con el cuerpo serrano, que

…tiene un defecto: que mientras más lo regalan, más necesidades se descubren. Es extraño lo mucho que quiere ser regalado. Como así puede engañar a la pobre alma para que no progrese, no se descuida.

Y sobre aquellas monjas que andan siempre queriéndose salir con la suya:

La que no quiere llevar la cruz, y acepta solo la que le dieren muy puesta en razón, no sé para qué está en el monasterio; vuélvase al mundo, donde tal vez tampoco le respetarán esas razones…

Entre otros muchos consejos de sabia y piadosa directora. La segunda mitad del tratado se dedica a glosar el Padrenuestro y su análisis es más reflexivo y sutil, al menos no encontré sentencias tan directas al blanco como las que he citado.

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16 noviembre 2019

¿Quién te crees que eres?


Nada en dos platos. Como no sea que te fascine como técnica literaria eso del cuento-novela, es decir, unos cuentos que tienen como protagonista a la misma persona en diferentes momentos de su vida. Novela discontinua, podríamos llamarlo, vaya. La protagonista en cuestión es Rose y la vemos huérfana, malcasada y profesional. Todo de una mediocridad que llega a asquear. Espero que no sea cierto que Alice Munro retrata como nadie a la mujer de su tiempo, y esas cosas que dicen los ditirambos. Si acaso, a cierta mujer. Pero prefiero leer el retrato de otras.

09 noviembre 2019

Los desheredados


Celebro cada título que aparece contra el disparate educativo como un nuevo latido que atestigua que Europa no está muerta del todo. Celebro también que este François-Xavier Bellamy sea un tipo joven al que aún le quedan muchas cosas que decir. Este intenso volumen de 170 páginas se compone de dos partes, la primera de las cuales se dedica a las “tres sacudidas” que han provocado el actual seísmo en la educación, tres sacudidas llamadas Descartes, Rousseau y Bourdieu. En la segunda aboga por “refundar la transmisión”, se entiende de conocimientos, dando la vuelta al delirante postulado educativo que se funda justamente en rechazar los contenidos para centrarse en el “enseñar a aprender” y otras lindezas.

Nuestra sociedad es contradictoria cuando denuncia la transmisión [de conocimientos] al mismo tiempo que se inquieta al ver resurgir la barbarie, Frente al resultado de su propia deconstrucción está tan sorprendida como lo estuvo todo el París rousseauniano al descubrir al pequeño Víctor [el niño salvaje]. Como los curiosos, decepcionados frente al niño del Aveyron, a menudo miramos con amargura y cólera los defectos demasiado visibles de las generaciones presentes y buscamos un vicio al que atribuir la violencia que vemos por doquier. Pero, ¿qué podíamos esperar? ¿Pensábamos que desacreditar a todas las autoridades nos conduciría a la libertad o que el olvido de nuestra historia haría de nuestros niños unos hombres nuevos? ¿Pensábamos que quitarles el lastre de la cultura los volvería más naturales? Hemos deconstruido la transmisión pero sin compartir la lúcida coherencia de Rousseau. El pedagogo del Emilio sabía en qué se convertiría su alumno una vez privado de la cultura: “un salvaje hecho para habitar en las ciudades”.

Barcelona, otoño del 19.
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03 noviembre 2019

El páramo

Mercedes Formica habla de la actividad teatral en los años 40.


Tampoco se olvidaron los autores extranjeros, desconocidos hasta entonces en España. 1943. J. B. Priestley estrenó en Madrid, con La herida de nuestro tiempo, una de las obras más bellas que he visto en mi vida. Nuestra ciudad, de Thorton Wilder, traducida por J. José Cadenas, en la temporada del 44. Un espíritu burlón, de Noel Coward; Cocktail Party, de T. S. Eliot, y Llegada de la noche, de Hans Rothe, en 1945 y 1946.


(Escucho el silencio, p. 102)


30 octubre 2019

Tras el águila del César


No es extraño que Rafael García Serrano prologue esta colección de estampas brutales. Con todo, aunque el fondo sea similar al de las novelas del navarro, el estilo difiere notoriamente. Luys Santa Marina se adorna menos, y va directamente a la acción, con el “laconismo militar” que dijo José Antonio que era el estilo de los suyos. Pero es un laconismo que busca también el efecto de salvaje indiferencia ante la muerte, de uno mismo o de los otros. Véase:

Estaba herido y le remataron a bayonetazos. Uno quiso degollarle, y se arrodilló a su lado con la navaja abierta.
Los amigos del moro, que sabían dónde cayó, le dieron un balazo en el hombro.
--No lo dejéis empezado. Ahí queda mi navaja…
A tres, hirieron en el pecho; a otros dos en la frente y en el brazo, pero el séptimo la trajo enganchada por la coleta.
--¡Condenado mojamed…! Nos cuesta tu cabeza más que una de jabalí… ¡Y cuidado que eres feo…!

El libro se divide en varias partes, pero realmente todas comparten el mismo tono. Hay prosa y hay verso. Dicen que fue censurado en tiempos franqueos, por aquello de la amistad con los moros, así que supongo que estamos ante uno de los libros más malditos que ha producido la literatura española, porque hoy tampoco levantaría entusiasmos oficiales… Lleva como subtítulo Elegía del Tercio y rara vez se habrá escrito una apología de la barbarie más explícita en literatura. Noticia de su autor me llegó a través del Trapiello (Las armas y las letras). Parece que se trató de un falangista tan fiel a sus ideas como abierto con todo el mundo, amigo de plumíferos de todo color y que realizó una buena labor cultural en esos tiempos innombrables, innombrables para alabarlos, claro.
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23 octubre 2019

Un triunfo


Dice el tipo que preside el ejecutivo que la salvajada del Valle es “un triunfo de la democracia”. Y estoy de acuerdo, siempre que se entienda democracia en el sentido orteguiano, claro.

En El espectador, 1917:

Periodistas, profesores y políticos sin talento componen el Estado Mayor de la envidia… Lo que hoy llamamos “opinión pública” y “democracia” no es en gran parte sino la purulenta secreción de esas almas rencorosas”.

Clavado.


14 octubre 2019

Durante la dictadura


Son realmente cómicos. Reeditan una novela de Tomás Salvador (bien) y te dicen en la contraportada: “…demostró que se podía hacer novela policíaca durante la dictadura”.

Pues menuda hombrada. El Viti demostró que se podía torear durante la dictadura. Valerio Lazarov demostró que se podían hacer musicales durante la dictadura. Alfonso Paso demostró que se podían hacer comedias de enredo durante la dictadura. Francisco Ibáñez demostró que se podía escribir historietas durante la dictadura. Mi padre demostró que se podía fabricar asientos para coches durante la dictadura. Y yo mismo demostré que se podía jugar a los madelman durante la dictadura.

Tendrá que ver el culo con el pulso, señor…




20 septiembre 2019

Las sombras de Quirke


Sépanlo ustedes: las generaciones futuras nos mirarán con horror por haber permitido la lacra de los niños dados en adopción a cambio de suculentas cantidades cobradas por gentes del entorno eclesiástico y conservador. Sí señor, esta es la lacra del siglo XXI, y no el que tantos de esos niños “no deseados” por las adolescentes no lleguen ni siquiera a tener la opción de nacer. Esto último no lo dice el prota de Las sombras de Quirke, pero se deduce. Los puñeteros curas, con sus sermones sobre el aborto, obligan a las niñas a parir para enriquecer a estos sujetos. Esto tampoco lo dice “Benjamin Black” a través de su Quirke, pero también se deduce. Lo que sí que dice es lo primero, con todo su cuajo, como si cada día nos desayunáramos con una noticia de adopciones ilegales y monjas secuestradoras, que de eso va el rollo.

Pero en fin, si Dante puso en el infierno a sus enemigos, qué mucho que los escribidores de novelas policiacas escojan como los villanos a sus tipos más odiados. Por lo demás, la novela, psché, una para pasar el rato en el metro. ¿Bien escrita?, pues quizá. Pero ya no tiene la gracia de la imitación de Chandler, como en La rubia de ojos negros.

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06 septiembre 2019

La ciudad de los prodigios


Onofre Bouvila tiene algo de Vito Corleone, o quizá Corleone lo tiene de Bouvila, depende de con qué figura nos hayamos topado antes, en la realidad o en la ficción. Si los Corleone de Coppola resultan estilizados, de tal modo que pensamos en los gangsters reales como forzosamente más cochambrosos, Onofre y su entorno no pierden nunca un cierto aire de peleles, como para que no perdamos tampoco la sensación de que nos hallamos ante una ficción. Este toque es muy de Mendoza (en lo poco que le conozco) y se halla tanto en los nombres como en las situaciones. Tal vez sea este toque lo que le otorga su sitio en el Olimpo narrativo español.

La protagonista, junto con Onofre, es, en efecto, la ciudad. Otra cuestión es que esa ciudad sea realmente Barcelona, como la cuestión es si Vetusta era en verdad Oviedo. Porque tengo la seguridad de que en la Barcelona real hay, al menos, algunas personas capaces de actos de virtud…
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26 julio 2019

El don de la fiebre


Este Mario Cuenca Sandoval es un descubrimiento. Ahora mismo no recuerdo si este don de la fiebre es su primera novela pero, en todo caso, si continúa a esa altura, estamos ante lo que se llama un valor seguro*. Es la memoria ficticia de Olivier Messiaen, uno de los compositores contemporáneos de mayor reputación, desde un presente en que el personaje se encuentra hospitalizado en fase terminal. El autor centra las memorias en el campo de concentración donde fue internado durante la guerra mundial, escenario cuyo horror él y varios compañeros trataron de atemperar mediante la música. Su fe cristiana angustiada, muy a lo francés, y su capacidad de sinestesia, es decir, de asociar colores y sonidos, son motivos permanentes en la narración, por supuesto, morosa y psicológica, llevada con el acreditado procedimiento Ciudadano Kane, de flashbacks aparentemente caóticos que nos llevan ahora a la infancia ahora a la madurez triunfante, pero predominando, como digo, ese momento crucial del internamiento en el que lo mejor y lo peor del ser humano se dieron cita. En sus últimos momentos, el anciano entubado vuelve a ser el niño que pedía a Dios saber leer los sonidos, a punto de contemplar el sentido de todo.

*Ojeando luego por Amazon me encuentro otro título suyo con una portada completamente disuasoria. En todo caso, permaneceremos atentos a su trayectoria.


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23 julio 2019

La vida de Santa Teresa de Jesús


Marcelle Auclair fue una hispanista bien relacionada con las personalidades de la cultura española de la primera mitad del XX, como Ignacio Sánchez Mejías, por ejemplo. Entre las cosas que hay que agradecerle de esta biografía está el que quite importancia al hecho de que Teresa tuviera sangre judía, algo tan explotado por el americocastrismo. “El mismo rey Fernando el Católico tenía sangre judía por parte de su madre... Las uniones entre cristianos y judíos no escandalizaban en los siglos XIV y XV”. Lo que permitió a muchos judíos ostentar títulos de nobleza. En cuanto a la afición de Teresa a los libros de caballerías, donde menudeaban también las aventuras amorosas, me alegra que la autora constate que “...en aquella época no se hacía un misterio del modo de perpetuar la especie, y para aquellos robustos cristianos no eran los de la carne los pecados más graves”. La hija de Alonso de Cepeda no era una tipa rara, sino una joven físicamente atractiva y con una recia personalidad, que “no hubiese consentido ser señalada con el dedo [por acceder a tonteos con cualquier galán] ni desposada por obligación”.

Hay cosas que no cambian: “El que se había comprometido por contrato a entregar anualmente varias fanegas de trigo a los pobres se resistía a entregar a Dios su hija preferida...”. Sin embargo, lo que temía Teresa a la hora de tomar su decisión irrevocable era “a mí y a mi flaqueza”. Que no se impusieron sobre la gracia, por fortuna. De hecho, su carácter recio le sirvió para exigir igual reciedumbre a sus monjas: vamos, que no podía apalancar con churros. “Aquellas esposas de Cristo debían tener por lo menos las cualidades que los hombres piden para las suyas”. Tuvieron más, como el amor a la pobreza (hasta el punto de echarla de menos cuando tenían de todo) y el buen humor: “A una monja descontenta yo la temo más que a muchos demonios”. Por eso aconsejaba reírse de los que las calumniaban y “dejarlos decir”.

Por su parte, decía que solo la habían calumniado tres veces: en su mocedad, cuando la llamaban hermosa; más tarde, cuando decían que era lista, y, la que le resultaba más insufrible, cuando le decían que era buena. Hoy la calumnia viene de los libros de texto, donde suelen presentarla como una mujer liberada que fue perseguida por obrar por libre en un mundo de hombres, como si actuase por cuenta propia. La realidad es que “... solo era capaz de amar y de actuar para el Señor, porque el administrador que obra por cuenta de un dueño todopoderoso no tiene en cuenta su propio interés: actúa sin nerviosismo ni codicia, castiga sin odio... compra como si no poseyese y usa las cosas sin apegarse a ellas; por eso tiene sosiego”.


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08 julio 2019

Bárbara injusticia


[Luis Buñuel, tras reconocer que no le gusta Eugenio d´Ors]

Y es de los pocos españoles, de los poquísimos –con esa enorme, bárbara injusticia con la que el mundo, después de la victoria protestante, ha ignorado a España– que traspuso las fronteras y del que ¡todavía! se leen y traducen libros.*

Max Aub, Luis Buñuel, novela, p. 102


Vaya, ya se ve que no son solo ocurrencias de Elvira Roca Barea...


03 julio 2019

Es preciso amar a los semejantes


para tener el derecho de decirles, duramente si es necesario, las verdades que les salvarán.*

Es decir, una apologética que no provenga del amor al prójimo se dirige únicamente a la propia gloria, y no se diferencia de lo que Pierre de Boisdeffre reprocha en Montherlant, “una moral construida únicamente para la glorificación del individuo”. Pero, a la vez, se deduce que el amor al semejante lleva a afirmar esas verdades con toda la “dureza” necesaria, como hace un buen padre o un buen hermano. Reírles las gracias es, por contra, propio del simple amigote o del cómplice.

*En Pierre de Boisdeffre, Metamorfosis de la literatura, II, “Montherlant en cuarentena”



01 julio 2019

A ras de las sombras


Él y yo, nosotros tres, a pesar de lo pretencioso del título, me pareció una novela muy estimable. No volví a tener ningún contacto con la novelística de Marta Portal hasta este A ras de las sombras, su segunda novela, creo. Es también de corte existencial, por utilizar la etiqueta al uso, aunque muy inferior a la que he citado. “No aporta nada”, o algo así, dice el Pedraza, y he de darle la razón. Trata de las vicisitudes de un extranjero en un pueblo de Mallorca, un desencantado tras unas relaciones sentimentales fracasadas y cuyo vacío no hace sino ahondarse con nuevos escarceos. Será al fin su asistenta Margalida, una sencilla joven del lugar, quien de algún modo termine iluminándole con su bondad. Termina bien y dan ganas de pasar una temporada allí.

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