23 junio 2024

Todavía no estamos en esas.

Pero que me aspen si no se va pareciendo.

 …el propio Alcalá-Zamora tomó nota de “la sistemática ocultación por el Gobierno [de Azaña] a mí de cuanto ocurre sobre alteración del orden público”, de la aprobación de decretos manifiestamente anticonstitucionales, de excarcelaciones ilegales, etc. Junto a todo lo anterior estuvieron las exculpaciones de quienes habían participado en la revolución de 1934, culpables de delitos de sangre incluidos; su reincorporación al ejército y a la policía; la simultánea inculpación de los encargados de defender el orden constitucional; la ilegalización de varios partidos derechistas y la detención de miles de sus militantes: la impunidad para los delitos cometidos por izquierdistas; los procesos políticos arbitrarios –José Antonio Primo de Rivera, por ejemplo, fue detenido “por fascista”, delito no tipificado en el Código Penal--; las sustituciones de alcaldes electos por militantes frentepopulistas; el incumplimiento por parte del Gobierno de las sentencias judiciales, incluida, por ejemplo, la anulación por el Tribunal Supremo de la ilegalización de Falange; la incorporación de militantes socialistas y comunistas a las fuerzas de seguridad como “delegados de policía”; etc. Todo ello fue resumido por uno de los fundadores de la República, Miguel Maura, como “la verdadera plaga bolchevique que está asolando el país. Los ciudadanos pacíficos viven con la sensación de que las leyes son letra muerta”.

En Jesús Laínz, La gran venganza, parte III, "Republicanos contra la República". Se refiere claro, a los meses posteriores a las elecciones de febrero del 36.



18 junio 2024

Aprendiz de persona

Paulina Crusat nos hace un recorrido por los años de infancia de Monsi, la adolescente que coprotagoniza su novela ulterior, Las ocas blancas. Vemos crecer a Monsi como quien ve en un documental del National Geographic el desarrollo de una planta o un atardecer en la selva. Por utilizar otra imagen, los capítulos de esta novela, sobre todo los primeros, me recordaron a una sección de la Enciclopedia de la vida que tenían mis tíos, un mamotreto con cuyas ilustraciones yo me entretenía mientras los mayores conversaban sobre el pasado. Bueno, digo, en la sección titulada “El niño y su mundo” se explicaba la psicología del niño a lo largo de los años, desde su nacimiento. Aquí, claro, el asunto se trata literariamente y de modo, como dicen hoy, personalizado. La voz narrativa nos mete en la conciencia de Monsi haciéndonos percibir lo que percibe, sentir o pensar lo que ella pensaba o sentía, siempre en relación con su entorno: paisaje, familiares, vecinos, van siendo definidos gradualmente, a medida que la protagonista se afirma como persona.

Crusat utiliza, como cabía esperar, el mismo estilo que veíamos en Las ocas blancas: una prosa impresionista, de filigrana, que se hace cuesta arriba por la ausencia de grandes emociones pero que enamora por su virtuosismo. Como dije en otra ocasión, si alguna vez “dormita” es por exceso, por imágenes demasiado alambicadas (un amor triste y punzante como el olor de la tierra labrada cuando sale la luna: ¿?), pero convence cuando no aspira a elevarse en exceso (Aquí el agua ya no murmura. Desde su cauce hondo y estrecho, canta y llama). El presente narrativo nos hace contemporáneos de los hechos y, a la vez, la tercera persona sirve, diríamos, para justificar el vuelo literario, impropio de una niña, claro. Es curioso el uso del indefinido uno, así, en masculino, para referirse a la propia Monsi (…ya sin él siente uno que estas conversaciones son impúdicas):  de algún modo, actúa de enlace entre la voz narrativa y la conciencia que esa voz va desplegando ante nosotros.

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13 junio 2024

Sabía, por los cuentos,

que las cosas maravillosas y sentimentalmente perfectas han de ocurrir en traje medieval.

En Paulina Crusat, Aprendiz de persona, primera parte, capítulo III.



12 junio 2024

La corriente idolátrica del totalitarismo

no puede encontrar obstáculo más que en una vida espiritual auténtica. Si acostumbramos a los niños a no pensar en Dios se harán fascistas o comunistas por necesidad de darse a algo.

Simone Weil en Echar raíces. Citado por Jorge Soley en La antorcha, número 5 (abril de 2024)



07 junio 2024

Blas Piñar y la Legión de San Miguel Arcángel

Muchos de los militantes de la Legión de San Miguel Arcángel se refugiaron en España cuando Rumania pasó a la órbita soviética. Blas Piñar, que ideológicamente, y según propia declaración, se sentía ya atraído por el movimiento paramilitar y paramonacal de Cornelio Codreanu, no tardó en trabar amistad personal con ellos y en particular con quien sucedió al “Capitán”, es decir, el “comandante” Horia Sima. Hasta tal punto que se podría considerar a este como cofundador de Fuerza Nueva, pues, según nos cuenta José Luis Jerez Riesco, no dejó de animar a Piñar para realizar dicha fundación y estuvo junto a él en la inauguración de la primera sede en los años 60. Desde entonces, los exiliados rumanos serían invitados habituales en las conferencias que se impartían en Fuerza Nueva y la editorial homónima publicó algunas de sus obras. Recuerdo que, en la transición, cuando me dio por comprar algún ejemplar de la revista, me llamaba la atención ese nombre tan raro, Horia Sima, en lo que consideraba un tinglado puramente español: por entonces no tenía la menor idea de quién era ese tipo, y pensé que podría ser un seudónimo. Se anunciaban obras suyas como El hombre cristiano y la acción política o Qué es el comunismo, citados y glosados por Jerez Riesco en su libro.

Un libro que he leído con prisa para tratar de no reparar en el enjambre de comas que el autor ha esparcido por doquier y no siempre a tontas y a locas, pues entre sujeto y predicado el tío sigue la norma contraria a la establecida y no perdona la dichosa coma ni una sola vez, ni siquiera en las citas. Eso y una construcción con frecuencia caótica de las frases desespera al más pintado, a no ser que el tema te interese, como a mí. De todos modos, me he saltado los dos primeros capítulos, que te cuentan la historia de Rumanía y los contactos históricos entre ese país y España. El resto se dedica a la historia de la Legión, a la influencia del pensamiento de Codreanu en Blas Piñar, a la semblanza de los más relevantes personajes de esa tendencia que recalaron en España y a la relación entre ellos y don Blas, así como con el movimiento al que este dedicó su vida política. Todo ello con una no disimulada toma de partido que a veces toca en lo pueril, a tono con la retórica, mal envejecida, de la Legión de marras.

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31 mayo 2024

Formica

Le cuesta luego trabajo confesar sus preferencias en cuanto a sus colegas femeninas. Por fin dice un nombre: Mercedes Formica, con un comentario, o una justificación: “Es la que está más cerca de mi línea”.

Ana María Matute a ABC tras recibir el premio Planeta por Pequeño teatro, en 1954. Interesante. Me lo anoto, porque yo a Mercedes Formica la tenía por una abogada que alguna vez escribió alguna novela. Pero si lo dice la autora de Primera memoria




30 mayo 2024

Qué mortal desazón,

que diría Aute, es leer los periódicos, no por los contenidos, que ya se sabe en qué mundo vivimos, sino por ese atropello de los más elementales principios de la sintaxis, la propiedad léxica, la puntuación y el idioma en general. En qué tómbola les dieron el título de Bachiller… Es una pregunta hipócrita, claro: en la misma tómbola donde yo he estado sorteando aprobados hasta ayer mismo.

Por ejemplo, en El Debate.

Donde dice:

Tras el tándem empresarial presentar la carta al Ministerio de Economía, su empresa pública Red.es adjudicó a la UTE dos contratos públicos millonarios…

debe decir

Después de que el tándem empresarial presentara la carta… [Porque, señores, se supone que el infinitivo no lleva sujeto y, cuando lo lleva, se coloca discretamente detrás o se cambia la estructura de la frase]

Donde dice:

La primera fotografía que incluyen los investigadores se ve a la mujer de Sánchez en primer plano junto a…

debe decir:

En la primera fotografía que incluyen los investigadores se ve a la mujer de Sanchez… [porque, queridos aprobados in extremis, si decimos “se ve a la mujer…” estamos enunciando una oración impersonal y, por tanto, ni la fotografía ni ninguna otra cosa puede ser sujeto]

Y así una, y otra…

No espero que me lean, pero me satisface escribirlo.



23 mayo 2024

Franco, sí, pero...

Es la segunda entrega de las memorias de Torcuato Luca de Tena (y Brunet). En su prólogo se refiere siempre al libro como Confesiones profanas, que es el subtítulo, aunque en la portada no aparece. Tal vez alguien le sugirió lo de Franco, sí, pero…, como algo más comercial, así como fue otra persona, no recuerdo quién, quien le sugirió lo de Embajador en el infierno. El hecho es que estas memorias abarcan ese período en que aún podía ponerse en duda si Franco iba a seguir o le iban a echar o se iba a ir; en concreto, desde el final de la guerra civil hasta mediados de los 50, ya con la ley de sucesión promulgada. Los monárquicos, como nuestro autor, abrigaban la esperanza de que el Caudillo restaurara la monarquía en la persona de aquel en quien había abdicado Alfonso XIII, es decir, don Juan de Borbón. Y ahí está el pero del título: según dos imágenes que el autor utiliza, a Franco le ofrecieron una silla para sentarse, y se quedó con la silla; o bien, era como el cirujano que, después de haber llevado a cabo con éxito una difícil operación, dice que quiere quedarse en nuestra casa y además como administrador. Es decir, la idea era: tú nos ganas la guerra, echas a los rojos, y luego te vas y nos dejas el sitio a nosotros. Lo que me pregunto es con qué derecho, pues, a pesar de todo lo ilegítima que quiera el autor que fue la República (puesto que no fue votada), la monarquía perdió, si no la legitimidad (doctores tiene esa Iglesia que sabrán…) al menos la credibilidad, cuando su titular se largó de España con el pretexto de no querer ser ocasión de derramamiento de sangre.

En fin, volviendo al libro. Lo que resulta más razonable son esos temores suyos de que España acabara convirtiéndose en un país fascista. Cosa que no sé si podría haber sucedido, sobre todo en el caso de que los alemanes hubieran ganado la guerra. Pero creo que era conocer poco a Franco (él, en cambio, les conocía a ellos demasiado, me refiero a los que pretendían que se levantara de la silla, y por eso no lo hizo). Gran parte del libro está dedicado a lamentar que una parte del Movimiento (la Falange) usurpara la representación de todas las demás, con sus consignas y sus símbolos. Para quien se dedica al periodismo, además, si esa parte ejercía la censura, la cosa era especialmente sangrante: de hecho, Juan Aparicio, director general de prensa y propaganda, es aquí la bestia negra, con cuernos y rabo. Y le entiendo perfectamente, pues todos sabemos lo que molesta que metan las zarpas en lo que tú has escrito; o que no te lo dejen publicar ni siquiera en tu medio, como le sucedió a don Torcuato más de una vez. Por eso termina el libro en tono jubiloso, narrando la llegada del Semíramis con los españoles liberados de su prisión en la URSS.

Pues resulta que el citado Aparicio, ejerciendo las prerrogativas de su cargo, había indicado qué periódicos podían cubrir la vuelta de los prisioneros, y excluyó al ABC, al cual y a cuyo director (el propio Luca de Tena) tenía ya bastante tirria. De modo que, yendo de perro a puñetero, que se dice, don Torcuato viajó en privado a Estambul y consiguió embarcar en el Semíramis, de modo que pudo entrevistar a placer a todo hijo de vecino y ser testigo de las primeras conversaciones por radio de los prisioneros con sus familias. Para rematar la faena, publicó en forma de libro las memorias del capitán Teodoro Palacios, que ejerció de algún modo de líder entre los condenados a aquel infierno; libro que se convirtió en éxito de ventas y recibió el Premio Nacional de Literatura.

La travesía a Chile, de donde su padre fue nombrado embajador, la estancia y la accidentada vuelta, así como la corresponsalía de ABC en el Londres de la segunda guerra mundial constituyen asimismo puntos fuertes de este volumen, bien escrito y en un tono que aspira a ser equilibrado en cuanto a los juicios a los personajes. De todos modos, prefiero sus novelas.

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22 mayo 2024

Velázquez, más allá de la crítica social

 (Inserto aquí, por su interés, este artículo de Fabrice Hadjadj con el fin de compartirlo en las redes sociales, ya que se trata de un texto de acceso restringido)


Se ha querido hacer de Velázquez un precursor de la deconstrucción. La prueba: su gusto por los enanos, los bufones y los locos. ¿Cómo un genio de la corte real española no iba a echar el ojo más crítico sobre ella? Llegaba en la hora de su decadencia. No era más que una olla de grillos, maraña de intrigas, apilamiento de bajezas. Felipe IV, rey holgazán, estaba bajo la dominación del Conde Duque de Olivares, y los festejos del Buen Retiro se desarrollaban como una tapicería hecha adrede para esconder el imperio que se desmoronaba por todas partes.

¿No es siempre el artista un contestatario? ¿No se opone la poesía al poder? Un poeta oficial, un pintor «de la Cámara Real», ¿no es esta una contradicción en los términos? A menos que sea un agente doble. Si se sitúa en el corazón del sistema, es para desmontarlo, poner en cuestión su decoro, denunciar su podredumbre…

De esta manera, en 'Las palabras y las cosas', evoca Michel Foucault el cuadro de 'Las Meninas', «donde la representación es representada en cada uno de sus momentos». Representar la representación, hacer su arqueología, es mostrar sus mecanismos, su envés, de tal manera que el rey se quede desnudo. El matrimonio real no es más que un reflejo en el espejo del fondo. Velázquez se ha pintado a sí mismo pintando, y es a él a quien vemos de frente, mirándonos. Pero, puesto que se ha pintado a sí mismo, se trata también de un autorretrato, y es un espejo que se encontraba en el lugar donde estamos nosotros. A no ser que, más allá del tiempo, estuviera anticipando pintar a quienes hoy visitan el Prado… De ahí ese parpadeo de lo representado entre el cuadro, el matrimonio real, Velázquez y nosotros, los espectadores. ¿Quién mira a quién? ¿Quién es sujeto y quién es objeto? Todo se vuelve indecidible. La vida de la realeza es un sueño; la pequeña infanta Margarita, en el centro, una muñeca; el aposentador Nieto, un hombre que se va a contraluz; los cuadros en las paredes, escenas que se borran en la oscuridad. Según Foucault, Velázquez presenta aquí un mundo tan huidizo como el de nuestras pantallas virtuales, y la verdad sobre la corte no se concentra más que en esa enana ataviada con excesivo refinamiento, cuyo rostro devorado por la sombra es también el más cercano a la fuente de luz.

Pero, 'voilà', Velázquez era caballero de la Orden de Santiago, amigo de Felipe IV, su decorador, su embajador, su comprador incluso, puesto que durante sus viajes a Italia adquirió para él las obras más bellas de la colección real. Nuestro gran artista no era «de izquierdas». Tampoco de derechas. Ni adulador ni despreciador del poder, ni servil ni rebelde, más allá de los lazos de poder, de las ideologías, era simplemente un contemplativo, enamorado de lo real, de todos los matices de las diversas texturas. Como lo indica Enrique Lafuente Ferrari: «A Velázquez le atraen con pasión las cosas que existen delante de él, ser u objeto, hombre o vajilla».

El sevillano da testimonio de ello desde la 'Vieja friendo huevos' hasta 'El aguador de Sevilla'. No tiene

quizás más que dieciocho, diecinueve años, y el prodigio ya está ahí, al servicio de lo ordinario: el rostro de la vieja, por supuesto, cuya feminidad perdida no se conserva nada más que en el gesto de la cocina, pero también los huevos fritos presentados como si requiriesen una custodia, la sombra del cuchillo en el plato, la tela del velo, ese brillo diferenciado del esmalte, del cuero y del estaño… En 'El aguador de Sevilla', los tres recipientes, el ánfora de arcilla mate, la jarra barnizada y la copa de cristal se afirman cada uno en la distinción de su materia, y el perfil del aguador que se apresta para dar de beber al joven, cambiando tal vez su agua en vino, no exprime nada, sino la aristocracia misma de existir. Nada igualitario, pero nobleza por todas partes.

A propósito del 'Bufón con libros', pintado un cuarto de siglo más tarde, Paul Claudel hace este comentario: «Porque no se dirá de ninguna criatura que hubiera sido mejor que nunca hubiera nacido. El pintor, en cuanto la observa, siente que no podría haber prescindido de ella».

Velázquez no esconde, como Goya en Quinta del Sordo. No hay en su obra ni marionetas ni personajes grotescos ni fantoches. Y menos aún ídolos ni superhombres. Un día, el rey le transmite una queja que tiene contra él el pintor italiano Carducho, envidioso de sus favores, según la cual Velázquez no sabe pintar más que cabezas. Y este responde: «Señor, pues me hacen gran honor, porque yo no he visto todavía una cabeza bien pintada».

De hecho, la mayoría tiende, sea hacia la caricatura, sea hacia la idealización, sin hablar de la sátira social, de la reducción psicologizante o del veredicto definitivo sobre una condición humana que ha completado su ciclo. Las cabezas de Velázquez obedecen, por el contrario, a esa doble probidad estética y ética que las presenta en su misterio singular, fuero de todo embellecimiento como de toda desfiguración, de toda evaluación moral como de toda abstracción especulativa.

Basta con mirar su 'Retrato de busto de Felipe IV', o su célebre 'Inocencio X'. Cualquier otro hubiera puesto un poco más de aureola o de mueca, recelando algún juicio de valor. El estudio que hará Francis Bacon sobre el mismo doscientos años más tarde no puede evitar caer en esta trampa: el Papa se pone a berrear como un condenado, su carne se transforma en silla eléctrica. Es así como se paga una buena conciencia el pintor moderno: para no parecer demasiado un parásito, privilegiado, subvencionado por el estado, pretende comprometerse en la lucha social y denunciar a los poderosos (lo que deja entender que es más poderoso que ellos, y que no puede ser derribado de su lienzo como lo son ellos de su trono).

Velázquez opera una crítica mucho más radical que la crítica social. No se burla del personaje, hace ver a la persona. He aquí lo que importa: tras los títulos, los cargos, las funciones, tras los favores y las desgracias, la persona, siempre, hombre o mujer, a la vez carne y espíritu, miseria y milagro, dignidad incomparable e inextinguible necesidad de salvación, que se encuentra igual de bien en casa de un pobre loco que en la de Felipe el Grande. Entonces el rey queda desnudo, no porque lo hayan desvestido, ni de tal manera que pueda uno reírse (teniéndose a sí mismo por juez), sino porque transparenta su esencia de criatura herida y redimida, de tal manera que vemos en él a un hermano por el cual también tenemos que rezar. Hay todavía hoy, en la pintura española, otros Velázquez para nuestros tiempos. Les propongo verificarlo por ustedes mismos yendo a ver la exposición de Marcos Lozano Merchán, en Casa de Vacas del Retiro, del 30 de mayo al 23 de julio.

Fabrice Hadjadj, ABC




 

 


15 mayo 2024

Murió Francisco Rico.

No sé si a causa de ese tabaco que tanto le gustaba, hasta el punto de cambiar completamente de tono cuando alguien le afeó que fumase durante una conferencia, acto en el que a nadie más le estaba permitido ejercer tal hábito. El hecho es que no era tan viejo, ni le sabía enfermo, así que me sorprendió la noticia.

De Paco Rico, como se permitían llamarle muchos, recuerdo sobre todo su actividad como conferenciante, descubierta en aquella ocasión de que acabo de hablar. Luego he escuchado todas las que ha pronunciado en la Fundación Juan March, estas a través de las nuevas tecnologías. Lo cierto es que entre él (y Fernando Lázaro Carreter) y todos los demás ponentes hay un trecho inmenso en cuanto a amenidad. Rico tenía un buen timbre de voz, no leía, o al menos solo se apoyaba en el texto, su elocución era pausada, sabía crear expectación y diría que hasta saboreaba las frases. Intuías también las chupadas al cigarro, bien medidas. En medio de todo eso, que soltara esporádicas tontadas, que debían de parecerle atinadas, sobre los Reyes Católicos o sobre la posguerra española, no me hacía abandonar la conferencia.

Lo del cambio de tono: sí, fue increíble. Estaba yo admirando todo eso que acabo de decir, cuando alguien pide la palabra: que si no le importa, que a nosotros no nos permiten fumar, que si puede dejar de hacerlo él. El tío no responde, deja el cigarro y, a partir de entonces, la conferencia se vuelve de un plomizo notorio. Evidentemente, al cabreo que se había agarrado era guapo, pero supo contenerse y no quedar como un gañán…



09 mayo 2024

Como en broma,

pero muy en serio, Wenceslao Fernández Flórez definía así el espíritu de La Codorniz:

Cuando un escritor cuenta como un hombre arruinado acerca a su sien el cañón de una pistola, o cómo un enamorado desafía al que le arrebata la mujer que él ama, refleja –nada más—ciertas modalidades sin importancia de la estupidez humana.

Pero cuando –como hace poco en LA CODORNIZ—se nos presenta a un jugador de ajedrez que, ante un ineludible jaque a la reina, después de haber estudiado inútilmente todas las evasiones, se encara con su adversario para advertirle: “Usted no puede comer la reina, porque hoy es día sin carne”, entonces, queridos señores, se nos hace asomarnos a los abismos de la desesperación, se nos muestra estremecedoramente la angustia de un espíritu amenazado por lo irremediable, asistimos al proceso de una profunda congoja que alcanzó a buscar la solución por caminos extraordinarios. ¿Qué vale ese majadero que quiere matar a un hombre porque una mujer no le ama a él?

¿Qué puede interesar tampoco la psicología del tipo que se suicida para librarse de sus acreedores? Ambos proceden con arreglo a un simplismo que se inspira en su egoísta condición y, a la postre, no resuelven nada. Pero el infeliz jugador de ajedrez que ha repasado el tablero y ha visto que la jugada del rival no el consiente escape, apuró un cerebro espantosamente hasta hallar un milagro que contuviese la catástrofe. Vedlo inclinado hacia el otro jugador, conminatorio y apremiante, ansioso de despertar en él las ideas patrióticas y de respeto a las leyes, en que quiere escudarse. No pide gracia, no lo estrangula, no disculpa sus propios errores. Pálido y acuciante, sufriendo horrorosamente sin decirlo, le plantea la prohibición:

--Hoy es día sin carne… No puede usted…

¡Oh, qué tragedia, qué terrible tragedia! He leído pocas páginas de tan intensa ternura que me hayan conmovido y sugerido tanto.

“Demasiado serio”, en La Codorniz, número 60, julio 1492



07 mayo 2024

Muy recomendable

la conferencia de este dominico sobre la dichosa ideología. Claro, completo y con una retranca muy sabrosa.

Solo le pongo una pega: una leve concesión, al final, a ese romanticismo tóxico que ha penetrado hasta las paredes de Santa Marta (“si se quieren” y tal…). Pero creo que más bien se trata de defender al Papa y no empaña su afirmación rotunda de la doctrina cristiana y de la ley natural.



06 mayo 2024

Modernidad desleal

 Interesante esta observación de Fabrice Hadjadj, comentando a Guardini

Romano Guardini decía que la modernidad es desleal, porque toma cosas que provienen del cristianismo, pero las arranca del cristianismo. Como cuando se coge una flor, se corta, se arranca de la planta y se coloca en un jarrón. Y se dice ¡ah, qué flor tan hermosa! Pero, después de un tiempo, muere, porque no tiene raíces. Eso es lo que sucede.

De una entrevista en ABC.




05 mayo 2024

Relatos de lo inesperado

Hay una salsa especial Dahl que distingue estas historias de suspense de otras similares. Una salsa basada, sí, en el humor negro: Dahl maltrata a sus personajes como si fueran malotes de videojuego, pero además ellos mismos son así con el resto: egoístas, adúlteros, maniáticos, tiranuelos domésticos, todo dentro de una aparente normalidad. De hecho, si no fuera por la pista del título, y si leyéramos solo uno, podríamos pensar que estamos ante un mero relato costumbrista y ante unos personajes que son la mar de buenas personas: sin embargo, la cosa va ensombreciéndose sutil pero notoriamente, hasta que el final macabro ocurre como desenlace lógico, que no necesita mucha explicación. El maniático, la maniática, resultan monstruos.

Hay un relato que me resultó conocido apenas lo terminé, y es el titulado “Hombre del sur”, donde un tipo se apuesta un Cadillac contra un dedo del adversario a que este no es capaz de encender diez veces seguidas su mechero. Lo habían echado en la televisión, tal vez en Alfred Hitchcock presenta o una serie similar. Son cuentos fácilmente cinematografiables en efecto. Si tuviera que ser solo uno, me quedaría con “William y Mary”, donde el humor negro alcanza tal vez su cumbre, con ese científico loco narrando a su amigo moribundo cómo piensa, si él quiere, desguazar su cabeza para que el cerebro pueda subsistir tras su muerte, y con el cerebro, su conciencia.

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03 mayo 2024

No me extraña que trataran de censurar a Roald Dahl

América es la tierra de la oportunidad para las mujeres, quienes, poseedoras ya de alrededor del ochenta y cinco por ciento de la riqueza del país, en breve se habrán hecho con su totalidad. El divorcio se ha convertido en una operación lucrativa de sencillo arreglo y fácil olvido, que las hembras ambiciosas pueden repetir cuantas veces gusten negociando beneficios que alcanzan cifras astronómicas. La muerte del marido también aporta recompensas satisfactorias, y alunas señoras prefieren confiar en ese expediente: saben que la espera no será demasiado larga, pues el exceso de trabajo junto con la hipertensión no tardarán en llevarse al pobre diablo, llamado a expirar ante su escritorio con un frasco de benzedrinas en una mano y una caja de tranquilizantes en la otra.

Sucesivas generaciones de jóvenes americanos no se desaniman lo más mínimo ante este espantoso panorama de divorcio y defunción. Cuanto más aumenta el índice de divorcios, mayor se hace su ahínco. Los jóvenes se casan como ratones, apenas entran en la pubertad, y una buena proporción de ellos tiene en nómina un mínimo de dos exesposas antes de cumplir los treinta y seis. Mantener a esas señoras conforme al tren de vida a que están acostumbradas les exige trabajar como esclavos, que es ni más ni menos lo que son. Hasta que, por último, según van alcanzando precozmente la edad madura, un sentimiento de desencanto y de temor empieza a infiltrárseles despacioso en el corazón, y así les da por reunirse, a última hora del día, en pequeñas y prietas tertulias, en clubes y bares, para despachar sus whiskies y tragar sus píldoras, y tratar de animarse unos a otros a base de anécdotas.

“La señora Bixby y el abrigo del coronel”, en Relatos de lo inesperado.


Estos censores progres nunca tuvieron sentido del humor. 




01 mayo 2024

Como velas

No sé qué película de Paco Martínez Soria es aquélla en que, dirigiéndose a sus hijos, que se le desmandaban, les dice: “A partir de ahora vais a ir todos… ¡como velas!”

Es a lo que me recordaban las chuloputadas del tipo que preside el ejecutivo, en su alocución del lunes, acerca de la limpieza, la regeneración o el nada va a ser igual. Es el pronto del capataz que siente que se le suben a las barbas. Es el lenguaje de los tiranos. La paranoia les es inherente.



27 abril 2024

Estos días recuerdo

el símil de Ana Iris Simón, según el cual nuestro mundo se parece cada vez más a una competición de plañideras.

Y a esa competición se suma ahora la segunda autoridad del Estado. Con plena conciencia, claro. Dicen que se trata de un hecho insólito. Lo que demuestra es que conoce su mundo. No hizo más que incoar la melodía, y en seguida se sumó el coro de los allegados. Y así hasta que los otros se sientan culpables, claro.



26 abril 2024

Pepa la frescachona

Es un sainete desarrollado en un patio de vecindad, como tantos otros; un patio madrileño y con tipos de la época y del lugar. No se puede decir que sea de soltar la risa a cada momento, porque los diálogos son más bien discretos. Entretiene por la ligera trama, que tiene como protagonista, más que a Pepa la frescachona, a Moisés, un estudiante a quien todos toman por un lirio y que resulta ser un fresco con diploma. El tal Moisés viene dispuesto a fugarse con su secreto amor, Laura, hija de un militarote que la tiene encerrada en casa, y por supuesto lo consigue. Los otros tipos son el marido de Pepa, guardia; tres estudiantes jaraneros y un par de hermanas de dudosa reputación (¡Pura y Casta!), entre otros. El público reconoce ahí su propio mundo y se lo pasa bien. Es del autor de La verbena de la Paloma, Ricardo de la Vega. Aquí no anduvo tan sembrado.

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23 abril 2024

Ric Hochet integral, volumen I

El “integral” de Ric Hochet no es tal, porque las aventuras del periodista parisino son muchas más de las nueve o diez que aparecen en estos tres volúmenes; al menos yo recuerdo algunas de las publicadas por Bruguera (¿Supermortadelo?, ¿Mortadelo extra?) que no están aquí, y además el prólogo declara que fueron más de 70 álbumes. Es posible que Ponent Mon emprendiera la edición del “integral” y se quedara, por lo que fuere, en los tres primeros volúmenes. De hecho, recuerdo a un Ric Hochet más maduro y melenudo que este.

De este primer volumen, ninguna pega. Guiones excelentes, a la altura de una buena novela policíaca, o serie de televisión, y dibujo como se puede esperar de un producto francobelga. Están esas convenciones del género, que de mayor te molestan un poco: la suerte increíble del héroe, su destreza en todos los ámbitos, tanto físicos como mentales… un superhombre, vamos. O, también, el increíble ingenio de los malos a la hora de diseñar crímenes. Por lo demás, un desarrollo impecable, donde la tensión (thrill) no afloja hasta ese final que el talento de Duchateau consigue hacer creíble.

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20 abril 2024

Hablamos de la batalla de Lepanto

Pero mujer española hubo, que fue María, llamada la Bailadora, que desnudándose del hábito y natural temor femenino, peleó con un arcabuz con tanto esfuerzo y destreza, que a muchos turcos costó la vida, y venida a afrontarse con uno de ellos, lo mató a cuchilladas. Por lo cual, ultra que D. Juan [de Austria] le hizo particularmente merced, le concedió que de allí adelante tuviese plaza entre los soldados, como la tuvo en el tercio de D. Lope de Figueroa.

Marco Antonio Arroyo, Relación del progreso de la Armada de la Santa Liga, citado por J. J. Esparza, Tercios, capítulo XVII.

 

Quiso y pudo. Era así.



19 abril 2024

Sócrates redondeó a la baja

 Sabemos una millonésima parte del uno por ciento de cualquier cosa.

Meg Meeker, en Padres fuertes, hijas felices, capítulo 8




18 abril 2024

Lo que hacen los héroes

Lo que me gusta de Meg Meeker es que no se arredra ni ante los tabúes más establecidos de nuestro tiempo. Si tiene que pasar por encima del famoso “derecho a ser feliz”, pasa. Esto va, como todo en su libro, para los padres que están considerando el divorcio. “Ella” es su hija.

Algunas veces esa perseverancia que usted va a mostrar por amor a ella exigirá continuar viviendo con su alocada madre. Tal vez signifique sacrificar su propia felicidad en favor de la de ella. Esto es lo que hacen lo héroes. Es lo que su hija espera de usted.



 

 

15 abril 2024

Mañanas de abril y mayo

Es una comedia de enredo, de esas que se siguen mejor en la representación que en la lectura, sobre todo si el texto carece de indicaciones de aparte y otras acotaciones que faciliten el saber qué hace cada personaje en escena. La trama se basa en la confusión entre las identidades de doña Ana y doña Clara, que visten igual y muy tapadas, y además se hallan en el mismo espacio con frecuencia. La primera es pretendida por don Juan, que se refugia en casa de don Pedro, vecino de doña Ana. Y la segunda es la esposa de don Hipólito, figurón jactancioso que se prenda también de Ana sin saber cuándo se dirige realmente a ella o a su mujer. Hay un don Luis, amigo del figurón, que pretende vengar una muerte causada por don Juan, y hay un criado (gracioso por supuesto), dos damas de compañía y un viejo. Todo se desenreda, por supuesto, felizmente al final, y el parque donde sucede buena parte de la obra y esas mañanas de abril y mayo, aludidas al final de cada acto, contribuyen al ambiente placentero y desenfadado.

Esta, por cierto, es la comedia en que Valverde vio una anticipación a ciertas técnicas del teatro contemporáneo (¿Brecht?), cuando el criado Arceo habla como siendo consciente de ser un personaje: “¡Pues no acaba la comedia!”

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12 abril 2024

El dios salvaje

En la secuencia original de las aventuras de Alix, este título sigue a La tumba etrusca, y no a La isla maldita como en la vieja edición de Oikos-Tau, que las sacó de modo un tanto caótico. De todos modos, se agradece a Oikos-Tau que nos diera a conocer a este personaje: ¡oh el olor embriagador de esos álbumes apilados en la librería de Galerías Preciados, junto con Los cuatro ases y las Alegres historietas de Bruguera! Bien, el caso es que El dios salvaje sucede a esa fenomenal trilogía que componen Las legiones perdidas, El último espartano y La tumba etrusca. Podría decirse que es una secuela de El último espartano, con la reaparición de Adrea, la reina de aquella ciudadela escondida que aspiraba, nada menos, a restaurar el esplendor de Esparta. La historia tiene lugar en la Cirenaica, en el norte de África, y, como de costumbre, Alix Graccus tiene sus más y sus menos con los naturales de la zona, pero también con los romanos, asentados en la ciudad de Apolonia, aún en construcción, ya que entra (Alix) con mal pie en la vida del jefe del campamento militar.

Como es habitual últimamente (en los últimos…  ¿treinta años?), el volumen va acompañado de comentarios sobre el autor y su obra. Me alegra ver que el comentarista llama “la edad dorada de Alix” a esos cuatro álbumes, porque, en efecto, el dibujo siempre me gustó mucho más que el de los episodios anteriores, de los que de chico solo conocía La garra negra. Las legiones perdidas me parecía que albergaba una gran superproducción cinematográfica.

En este número Jacques Martin sigue acercándonos a diferentes zonas del imperio, en este caso al norte de África. Es una de las señas de identidad de este cómic, uno de los más instructivos que conozco y no solo por los guiones: el dibujo es admirable, aunque más en lo paisajístico (y me refiero a paisaje rural y urbano) que en las figuras humanas, que se parecen demasiado unas a otras; para ser exactos, diríamos que tiene cuatro o cinco moldes. No deja de ser otra seña de identidad.

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09 abril 2024

Padres fuertes, hijas felices

El título es de por sí todo un epítome del libro. Pero, ¿qué significa ser un padre fuerte, en el contexto actual? Básicamente (y me refiero a o que se deduce del libro de Meg Meeker) se trata de no ceder al ambiente permisivo y ser capaz de poner a tu hija unas normas de comportamiento de las que no debe apearse mientras viva en tu casa. Y siendo consciente, además, de que eso no va en detrimento del amor que te profesa tu hija, por más que de momento te grite o se ponga de morros. Porque la idea central del libro es que el primer amor de una hija es su padre, y este debe hacerse merecedor, día a día, de ese amor. Usted es el héroe de su hija, dice de mil modos la doctora Meeker a los padres que la leen. Y eso es importante porque según sea el padre será el marido: ella va a elegir conforme a lo que conoce.

Y así, la autora se muestra implacable con el permisivismo reinante: ha conocido (una gran parte del libro se dedica a narrar casos reales que han pasado por su consulta, y esto es importante, porque ya sabemos que la gente responsable, la fachosfera que dicen los otros, acusa un déficit de relato que no compensa el superávit de argumentación), ha conocido, decía, demasiados casos de depresión, suicidio o enfermedad irreversible causados por una iniciación sexual temprana como para andarse con chiquitas en ese sentido. Y le basta para considerar la depresión como una enfermedad de transmisión sexual, lo cual es una de las afirmaciones más llamativas del libro, no cabe duda, pero bien cierta, a tenor de lo que vemos. Corren malos tiempos (esto lo digo yo) para ser mujer, tanto como para ser hombre, pero sin duda las mujeres lo pagan más caro, al menos a corto plazo.

Por supuesto, no se trata solo de poner normas: hay que ser un padre, no un legislador. Se trata de pasar tiempo con ellas, detraerlo incluso de esas cosas que parecen muy importantes. Y sin pararse en barras de que eso no le va a gustar porque son cosas de hombres y tal: a las chicas les gusta estar con sus padres, de cualquier modo: llevarlas al fútbol, de excursión en bici, a lavar el coche… Y mostrarles siempre que, si tú eres su héroe, ella es también para ti el amor de tu vida. En una época en que hay que desenvainar la espada para defender que el pasto es verde, un libro como este debería ser un catecismo para todo aspirante a padre de familia.

No quiero dejar de hacer notar que el título original es Strong fathers, strong daughters. No sé por qué esa sustitución por “hijas felices”, que parece una concesión a esa búsqueda obsesiva de la felicidad propia de nuestro tiempo. Habían hecho lo más difícil, que era publicar una traducción, y mira tú…

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07 abril 2024

Si quieren un buen resumen

de lo que fue el Concilio Vaticano II, les recomiendo esta conferencia de don Onésimo Díaz. Se trata de un hombre que conoce bien la historia de la Iglesia en el siglo XX. Solo le haría una sugerencia: a la hora de poner ejemplos de intolerancia religiosa (lo hace a propósito del documento Dignitatis humanae), se puede escoger entre muchos sucesos y no necesariamente hay que echar mano de la expulsión de los judíos por los Reyes Católicos. Hay ya mucha gente empeñada en sacudirse ese complejo de inferioridad del español y plantar cara a una leyenda negra que ha durado demasiado: vamos a secundarlos en lo posible. Don Onésimo trata de salvar (es muy plausible) a la jerarquía eclesiástica en esos casos de intolerancia, haciendo notar, por ejemplo, que era el brazo secular quien aplicaba las penas a los declarados herejes por la inquisición. Pero no hay que olvidar que fue el propio Papa quien alentó, por ejemplo, la cruzada contra los cátaros, que fue, desde luego, más cruenta que la expulsión de los judíos. Durante mucho tiempo la preservación de la sociedad cristiana fue entendida como competencia de los príncipes (no diré el Estado, que es algo más reducido en el tiempo). No es solo, pues, que por entonces “pareciera algo bueno”, como dice don Onésimo, la expulsión de los judíos. Conviene precisar algo más, porque si no, estamos en lo de siempre: esos bárbaros medievales frente a los hijos de la Ilustración y la democracia, que somos nosotros.



05 abril 2024

Corrigan agente X9 1968-70

En esos años 68-70 el personaje de Corrigan era ya bastante veterano, aunque, como suele suceder con los héroes del cómic, no envejecía. Archie Goodwin es el guionista de esta etapa. Curioso: pensé que sería un seudónimo, porque el nombre coincide con el del ayudante de Nero Wolfe, el personaje de Rex Stout. Pero, según la Wiki, no, y de hecho alguna dificultad tuvo por ello. El dibujante es un tal Al Williamson, y es bastante bueno. Sus mujeres malvadas (Goodwin, por lo que veo, tiene querencia a las mujeres malas) son auténticos pósters, pero no iguales las unas a las otras. También dibuja bien la figura masculina, desde el adonis del prota (adonis de los de antes, no en plan Matt Damon) hasta los esbirros simiescos.

Las tramas suelen ser de espionaje, aunque Corrigan sea del FBI y no de la CIA, y bastante convencionales. Además, se ve que se estrenaron en tiras periódicas, porque hay una tendencia visible a “resumir lo publicado”, sobre todo en las primeras viñetas de cada página, y a explicar la situación aun a costa de repetirse: vamos, todo lo contrario de las películas del género, tan elípticas siempre. Luego están lo que algunos suelen llamar “fantasmadas”, es decir, esa enorme suerte del protagonista, que se libra del malo del modo más inverosímil, y aprovechando esa tendencia de los malotes a no liquidar al bueno cuando tienen la oportunidad, sino regodearse a la espera de matarlo del modo más sádico posible.

En definitiva, el producto se salva por el dibujo. Por eso tengo curiosidad por las primeras entregas del personaje, donde al parecer el guionista era Dashiell Hammett, aunque, según Wiki, a partir de uno de los primeros números se limitó a sugerir argumentos a Alex Raymond.

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03 abril 2024

Galdós visto por sí mismo

No se trata de una biografía propiamente dicha, sino de una semblanza al hilo de lo que Galdós dejó escrito en cartas y memorias. Es más bien la historia de su obra que la de su vida, y de hecho solo se habla de pasada de una hija suya, sin decir de quién la hubo ni cuándo. Sí que empieza por presentarnos al Galdós joven, más paseante que estudiante, pero más que nada para darnos cuenta de sus primeros escritos en la prensa. El resultado es la visión que de Galdós han dado los manuales: comienzos con novelas de tesis, naturalismo a partir de La desheredada, sesgo “espiritualista” en sus últimas producciones, teatro y “Episodios Nacionales” a lo largo de toda su trayectoria. Su documentación sobre el terreno, tanto para las novelas como para los Episodios (hay abundantes fotos, algunas de las cuales nos presentan al novelista en tierra de moros, documentándose para los episodios de la guerra de África). Su recepción de las críticas (interesante la relación con Pereda, siempre un amigo a pesar de las diferencias político-religiosas), sus manías anticlericales y su aprecio por la caridad y la justicia, reflejado todo en sus obras…

Con respecto al naturalismo, ceo que Carmen Bravo-Villasante se queda corta al valorar novelas como Lo prohibido o El doctor Centeno como meros productos naturalistas: creo más bien que Galdós enlaza con Cervantes al presentar personajes capaces de virtud y hasta cierto punto heroicos en lo cotidiano. Galdós era más cristiano de lo que él pensaba, con todo su anticlericalismo y su falta de fe, y lo es más en novelas como esas que en sus cristianos sin Iglesia de sus últimos años.

Se lee con gusto el volumen, no solo los párrafos galdosianos sino también el propio texto de la autora.

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27 marzo 2024

De las letras y las artes

Se divide en cuatro partes: la primera, “El mundo de las letras”; la segunda, “Los autores y sus obras”; la tercera, “Con los genios de las artes”, y la cuarta, “Poemas de artes y letras”. La primera se diferencia de la segunda en lo que se puede imaginar: si la primera contiene artículos sobre la literatura en general, la segunda se ocupa de autores concretos, desde Homero hasta Alfonso Sastre. Si algo destaca en esta es la ausencia de parcialidad ideológica a la hora de juzgar (con gran estima, por lo general) a los autores de referencia, y no es que se limite a valorar su estilo, sino que incide en lo que de humano se transparenta en sus obras. Tratándose de un hombre que vivió la guerra civil en la trinchera opuesta a la de Buero, Sastre o León Felipe, es de agradecer.  Algunos de estos contemporáneos, como Juan Ramón, Buero Vallejo o García Lorca merecen el honor de más de un artículo.

En el apartado de artes, el autor con que más se prodiga Pemán es Manuel de Falla, con quien le unió una gran amistad, al parecer. Y, en concreto, se dedica a comentar por extenso la composición de la Atlántida, de cuyas vicisitudes fue testigo.

La edición de Edibesa es bonita, pero algo descuidada, y no por la tipografía, pues apenas encontramos erratas, sino por la total ausencia de referencias al lugar y la fecha en que fueron publicados estos artículos. Con todo, se agradece a los editores que nos permitan disfrutar de ellos, ya que Pemán es difícilmente editable por el no vayan a pensar ustedes que yo, por Dios.

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25 marzo 2024

Cancelar

El verbo cancelar se usa últimamente, de modo un tanto abusivo, para significar el acto de proscribir, borrar de la memoria, condenar a las tinieblas de lo tabú, aquellas cosas que los woke u otros nuevos puritanos de nuestro tiempo consideran propias de tiempos afortunadamente superados o en vías de superación gracias a ellos.

Pensé que era un neologismo semántico; por eso me choca encontrarlo en un artículo de Pemán, de estos reunidos en el volumen que me ocupa actualmente, y con el mismo sentido: el de olvidar, por inútil (al menos) nuestra tradición humanística.

Yo no querría polemizar sobre esto de un modo largo y concreto. Querría preguntar, a los que piensan ligeramente de ese modo, si la tendencia retrospectiva de venerar las fuentes de nuestra formación humana ha sido tan cancelada como muchos creen ante la urgente técnica, vital y realista, característica de esta hora. Si el “americanismo”, con su tendencia practicista, significa una abolición plena y expeditiva de ese sentido de retrospección.



21 marzo 2024

Schlegel dijo

 

que Shakespeare presentaba problemas y Calderón presentaba soluciones. Hamlet vacila sobre el “ser o no ser”. Segismundo dice cómo tiene que “ser” la vida. Por eso todo nuestro teatro es el teatro de la afirmación y la Esperanza.

Me gusta. Es, de nuevo, Pemán en el artículo “Pureza y encarnación de nuestras letras”, en el volumen citado aquí los días anteriores.



20 marzo 2024

Continuando

con lo anterior, critica Pemán la táctica de ignorar a los adversarios ideológicos por el procedimiento de evitar citarlos, mientras se cita constantemente a los próximos. Actitud comparable, dice, a los novios “que están de morros”. Pero esto es tan incómodo como “pasear evitando transeúntes”.

Además, uno, citando a cualquiera, se siente colocado en la buena línea cristiana, asimiladora de todo. Los Santos Padres se hartan de citar autores paganos. Uno no se imagina a Santo Tomás, el más audaz de los asimiladores, “echándose fuera de la suerte” como los malos matadores y evitando al sesgo el nombre de Averroes, para decir: “como ha dicho cierto escritor árabe” …

(Costumbre que a mí también me irrita, dicho sea de paso, aunque no se haga con la intención de ningunear a nadie. Esos que dicen “decía un poeta francés…”: ¿se puede saber quién, por favor? Da la impresión de que a tus oyentes no les interesa, porque no les va a decir nada: es una descortesía con el auditorio).



18 marzo 2024

Es interesante esto

de José María Pemán:

El arma de los tradicionales fue la polémica […] El arma de los antitradicionales fue el silencio. Contra los krausistas se defendió Menéndez y Pelayo diciendo muchas cosas gordas de ellos. Contra Menéndez y Pelayo se defendieron los krausistas y sus hijos no diciendo ninguna cosa de él ni gorda ni flaca.*

No nos cuesta reconocer el cuadro. Nadie puede decir que los de derechas no se defienden. Antes bien, puede decirse que entran al trapo como miuras, unas veces en tono airado, otras veces con lógica y racionalidad.

¿Qué hacen los de izquierdas? Es cierto que manejan bien el silencio, no el silencio de poner la otra mejilla, sino el de silenciar a los del otro lado. Pero además del silencio, manejan bien otro elemento, que es el relato. En lugar de argumentar racionalmente, cuentan historias. ¿Cuántas de ellas llevamos vistas sobre tradicionalistas, cristianos, etc. malotes, hipócritas, explotadores, insensibles… y sobre progresistas, ateos, etc. nobles, simpáticos, coherentes, sufridores de injusticias…?

Júzguese qué es más eficaz.

(Identifico, quizá temerariamente –y sé que muchos cristianos me lo reprocharían—derecha con cristianismo. Pero, en este contexto, es demostrablemente válido).



*"Astucia y amor", artículo recogido en De las letras y las artes, Edibesa, sin más referencias por parte del editor. 

14 marzo 2024

Quiero un hijo de Julio

Ya ni me acordaba del tal Christo, el “artista” búlgaro cuya especialidad era empaquetar monumentos. Esta novela de Ángel Palomino hace chacota de tal ocurrencia, suponiendo que el tipo quiere envolver todo el Toledo monumental. La polémica subsiguiente le sirve también al autor para hacer una crítica de los comportamientos políticos, sobre todo en el eterno tema del rey desnudo: todo el mundo sabe que está ante una mamarrachada, pero hay que decir que Toledo entra en la posmodernidad, en el tercer milenio, y tal. Solo que, como esto es novela y no cuento, Palomino prescinde de un final moralizante y se quedan todos contentos, o más o menos, con la ideíca, que finalmente se lleva a cabo.

Y hay también una trama particular, si entendemos que la otra es pública o colectiva, ya que afecta a toda la ciudad. La trama particular es la que da título a la novela, y toca también un tema entonces muy de actualidad, como es la inseminación artificial. Chancha, una joven viuda, quiere tener un hijo póstumo de su difunto marido, Julio, un sesentón que murió de infarto pero conservando, al parecer, su potencial genesíaco, enfrascado por un amigo veterinario.

Hay también alguna que otra trama secundaria, lo que da lugar no sé si decir a una novela coral, rótulo que me parece excesivo para un producto que no da mucho de sí, ya que la temática, digamos, de circunstancias, no se ve compensada por el ingenio, la tensión o alguna otra virtud. Creo que a estas alturas (1987, creo) el antiguo superventas estaba ya amortizado, al menos como narrador.

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09 marzo 2024

Habas alemanas

Una sentencia judicial humillante, y de terrible lectura para un abatido Klaus Mann, ya en la posguerra, impediría la difusión de su novela [Mefisto] en Alemania al ofrecer un retrato demasiado “realista y vívido” del oportunista Gründgens.

En Mercedes Monmany, Sin tiempo para el adiós, p. 30, 1ª edición

No me jorobes… ¡También mandaba Franco en Alemania, macho!



08 marzo 2024

Textos para preparar el gran día (y IV)

De nuevo Javier Garisoáin:

…ni las pálidas desmayadas de mediados del XIX, ni la mujer florero de mediados del XX tienen nada que ver con el camino que transitaban las grandes damas del Cristianismo. El camino hacia un mundo matriarcal propio, que las mujeres estaban llamadas a reconstruir o a recrear, es el verdadero enemigo de todo aquello que la Revolución denomina progreso: el destape, el divorcio estéril o la infidelidad son la autopista que vuelve al paganismo; un retroceso hacia la sumisión generalizada. No es el cambio del patriarcado por el matriarcado, no. Es el derrumbamiento absoluto de la dignidad femenina –y de la masculina—que, disfrazado de igualitarismo, desemboca en la masculinización de la mujer, feminización del hombre, y ganancia de pescadores sin escrúpulos que no quieren familias ni gente libre, sino masas de borregos –y de borregas—entremezclados para disponer de cuerpos y almas como mejor convenga.

En La Antorcha, nº 3, julio 2023



07 marzo 2024

Textos para preparar el gran día (III)

Javier Garisoáin:

¿Qué es eso de que ahora las mujeres trabajan? Siempre trabajaron. Lo que de un tiempo a esta parte se ha producido es un cambio en sus trabajos, y un giro denominado “incorporación de la mujer al mercado laboral”, que nos venden como si fuera un logro. Como dando por hecho que las cosas son valiosas por estar en un mercado… Las cosas grandes e imprescindibles para la vida como la amistad, el amor, el mar, la fe, las nubes o la sabiduría ni se compran ni se venden. Están fuera del mercado. Así vivían antes las mujeres decentes: fuera del mercado, la política, las armas, las sacristías y casi fuera de la ley. Porque existía un mundo femenino, hecho por y para la mujer. Un mundo imperfecto como todo lo humano. Un mundo bendito, levantado sobre la pura presencia femenina, que es lo que daba consistencia a los hogares en un reflejo de lo que pudo ser el legendario matriarcado original. Cada vez que los avatares de la historia han corrompido esa cáscara social típicamente masculina que llamamos patriarcado, ha quedado al descubierto el corazón de cada pueblo, que es ese corazón materno al que recurren llamando a su madre los hombretones más fornidos cuando se hallan de verdad en apuros.

En La antorcha, nº 3, julio 2023



06 marzo 2024

Textos para preparar el gran día (II)

 Otra vez Sarah:

…en contra de lo que pueda parecer, tanto en África como en Asia la mujer goza de un profundo respeto. Jamás se atreverían a reducirla a algunas de las imágenes degradantes que encontramos en Occidente. Se me podrá objetar que la mujer africana está condicionada por el hecho de tener hijos. Esta manera de caricaturizar a la familia numerosa africana es ofensiva. Quiero denunciar la hipocresía que supone hacernos creer que la mujer occidental es respetada y se siente plenamente realizada porque se ha liberado del “peso” de la maternidad y es igual que el hombre en todos los aspectos.




05 marzo 2024

Textos para preparar el gran día

 Sarah:

Sin darse cuenta, cierto feminismo lleva a las mujeres a mirarse a sí mismas con la misma visión de esos hombres depravados y arrogantes que las reducen a un objeto de disfrute.




Él dice "sin darse cuenta"... Yo no lo veo tan claro...

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04 marzo 2024

Hablando del Príncipe Valiente,

veo que todas las ediciones en español adolecen de un defecto, muy común por otra parte, que es la omisión del artículo. Muy común porque se advertía ya en los cómics de Vértice, donde decían Capitán América o Sargento Furia; y, más allá aún, en películas como Doctor Zhivago [sic]. Se trata de un anglicismo muy difundido, que sin embargo no se extiende a los textos, donde, por supuesto, el personaje es El príncipe Valiente, el sargento Furia o el doctor Zhivago. Víctor Mora, en cambio, tuvo buen cuidado de titular las aventuras de su héroe El Capitán Trueno, en buen español.



02 marzo 2024

Príncipe Valiente 1940-1942

Causa perdida tratar de adquirir series de comics a lo largo de los años, porque, aunque el personaje se siga editando, los editores van cambiando. Tengo dos volúmenes del Príncipe Valiente en Burulan y otros tres en Planeta De Agostini, pero, como el total de páginas es diferente, ya me he perdido algunos episodios. Este que comento es el segundo de los de Planeta (volumen 3, en concreto, pensé que no merecía la pena coger el 1, que se correspondería con los de Burulan, pero no, ya digo).

Arranca esto en las cercanías de Roma, con Valentiniano de emperador. Sí, pues, por medievales que sean los aspectos de los caballeros británicos, el rey Arturo vivió en las postrimerías del Imperio por antonomasia. Valiente va acompañado por Gawain y Tristán. Luego se separan y tenemos las aventuras de Val en solitario por las islas griegas y por el Oriente próximo: toda una odisea con un Ulises de 17-18 años tan sagaz y fuerte como el de Homero. En efecto, Val se encuentra con reyes, magos, monstruos, piratas y bellas princesas, sin que falte algún lance entre cómico y fantástico, como el del mago malmaridado Belsatán.

El guion es soberbio, pero, sin duda, donde sobresale Hal Foster es en los dibujos. No es extraño que optara por los textos sobreescritos en la viñeta, sin bocadillo, porque cada viñeta es una obra de arte en sí misma. En concreto, la que muestra a la princesa Melody y su amado en la frágil embarcación que los lleva a ninguna parte podría competir con cualquiera de los artistas románticos del XIX. Chrétien de Troyes y sus epígonos no podrían imaginar mejor traductor en imágenes de sus historias.

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