15 abril 2024

Mañanas de abril y mayo

Es una comedia de enredo, de esas que se siguen mejor en la representación que en la lectura, sobre todo si el texto carece de indicaciones de aparte y otras acotaciones que faciliten el saber qué hace cada personaje en escena. La trama se basa en la confusión entre las identidades de doña Ana y doña Clara, que visten igual y muy tapadas, y además se hallan en el mismo espacio con frecuencia. La primera es pretendida por don Juan, que se refugia en casa de don Pedro, vecino de doña Ana. Y la segunda es la esposa de don Hipólito, figurón jactancioso que se prenda también de Ana sin saber cuándo se dirige realmente a ella o a su mujer. Hay un don Luis, amigo del figurón, que pretende vengar una muerte causada por don Juan, y hay un criado (gracioso por supuesto), dos damas de compañía y un viejo. Todo se desenreda, por supuesto, felizmente al final, y el parque donde sucede buena parte de la obra y esas mañanas de abril y mayo, aludidas al final de cada acto, contribuyen al ambiente placentero y desenfadado.

Esta, por cierto, es la comedia en que Valverde vio una anticipación a ciertas técnicas del teatro contemporáneo (¿Brecht?), cuando el criado Arceo habla como siendo consciente de ser un personaje: “¡Pues no acaba la comedia!”

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