Carmen Bravo-Villasante
analiza la obra de doña Emilia al
hilo de su peripecia vital. Sus libros, sobre todo los primeros, levantaron la
correspondiente polvareda en un momento en que el Naturalismo se identificaba
con la depravación, bien que el suyo fuese un naturalismo “sólo en lo formal”.
Pero el temperamento de nuestra autora, dado a la polémica, no sufría por ello.
Lo que se hubieran reído sus enemigos si llegan a conocer sus cartas amorosas a
Galdós, que su biógrafa nos
transcribe aquí sin pudor. Lo digo no porque sean subidas de tono, que no lo
son, sino, al contrario, por su insufrible cursilería. Lo que es capaz de hacer
Eros con una mujerona de su talla...
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