
Continúa Gómez Pérez:
A causa de la diferencia de tempus entre la institución familiar y el conjunto de las transformaciones sociales, el peligro de que el aumento de familias "desintegradas" se transforme en una sociedad decadente puede parecer algo remoto. Pero se olvidaría, en este caso, que el tempus de las transformaciones familiares, que al principio es lento, se hace más tarde prestissimo. Es, según el viejo aforismo, motus in fine velocior, un movimiento que, a partir de un determinado momento, se acelera. En una generación, en unos treinta años, puede crearse una cultura en la que se haya olvidado el significado de realidades como entrega, generosidad, sinceridad, para conjugar sólo la vieja combinatoria del vicio.
Esto se escribió, como digo, en el 83. Los treinta años están a punto de expirar. Juzgue cada cual.
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4 comentarios:
Glups¡¡
Lo del "vicio" no me preocupa tanto. Es palabra incómoda, y daría para reticencias encendidas de algunos. Yo supongo que es inherente al ser humano y tendrá consecuencias en el alma individual. Allá cada cual.
Me preocupa más, bastante más, el todo vale con apariencia de sensatez y entrega, el propio individuo como fuente de derecho, el irrenunciable capricho como puntal de la ¿sociedad?
"Prestissimo" y normalizado. Uff!
No sé por dónde empezar en este "patatal" que tenemos por delante, profe.
Por lo demás, seguimos a pie de "ciudadanía", de Dirección, y de Presidencias de tribunal, y tal y tal.
(Define "escrúpulo": Amanecer. Parte del órgano sexual masculino." Y así todo.
Que lo manden a Gran Hermano:
http://www.diariodeleon.es/noticias/cultura/peninsula_593516.html
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