
No está nada mal la traducción, antigua ya, de este Enrique Leopoldo de Verneuil, que vierte al español los nombres de pila; no por eso, claro, sino porque resulta difícil encontrar una falla en la expresión. Hay excepciones a aquella regla, como los nombres de Nancy, Betty o Charley, excepciones hechas, me parece, con buen criterio. Por su lado, Andrés Trapiello pone también un excelente prólogo. Sí, esta colección de Clásicos Universales Planeta tenía calidad.
Satisface siempre colver a los clásicos, aunque hayas visto mil y una versiones cinematográficas o televisivas. En mi caso, a Sikes y a Monks los recuerdo con la apariencia que les dio un telefilm de dibujos animados. También al Astuto Truhán. Allí los ladroncillos resultaban aún más simpáticos y los malos más grotescos en su maldad, claro.
Dickens pagó tributo a su tiempo en la expresión exagerada de las penas, y esto, lo lacrimógeno, es lo que peor ha envejecido. Pero acertó de lleno al retratar humanidades. En este sentido resulta interesantísimo su propio prólogo, donde reprocha a los muy decentes su escándalo ante el vivo retrato del hampa que aparece aquí. Los hombres, en efecto, somos capaces de grandes abyecciones y a la vez de mostrar un lado simpático. Pero, por lo que parece, había ya en su tiempo Coppolas y Scorseses que se dedicaban a abultar ese lado amable, con detrimento de la verdad. Esos no han sobrevivido. Sí lo han hecho los Fagin, Nancy, Dawkins y demás, por encima de sus antagonistas buenos, tan de cartón piedra.
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2 comentarios:
Reconozco no entender la alusión a "Coppolas y Scorseses". ¿De veras piensa que, por poner un ejemplo conocido, "Apocalypse now" se dedica a "abultar el lado amable, con detrimento de la verdad? Me temo que, si es así, no haya mucha más gente que lo piense; yo no estoy entre ella. Por lo demás, no estoy de acuerdo con Dickens en que lo que pinta del hampa londinense de su tiempo sea un "vivo retrato"; más razón tiene, a mi parecer, Nabokov cuando habla, a propósito de Dickens y de otros igualmente grandes, de construcciones imaginarias y de grandes cuentos de hadas (que, eso sí, reflejan hondamente la condición humana). No creo. sinceramente, que Fagin (y los demás) sean más realistas que los del lado contrario; sería algo así, me parece, como imaginar (salvadas todas las distancias de tiempo y de intención) que lo es el Dómine Cabra quevediano. Ambos, cada uno a su modo, son caricaturas, y más grandes (o intensos, o expresivos) que la vida.
Me refería a las películas de gangsters, en las que estos quedan en cierto modo idealizados, a pesar de la brutalidad de ciertas secuencias. En cuanto a los hampones de Dickens, qué duda cabe que son de lo más pintoresco. Lo que no obsta para que, al menos a mí, me resulten más humanos que los "buenos".
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