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14 abril 2011

El diario de la felicidad

Por supuesto, antes de cualquier otra consideración, hay que decir que de estas páginas emerge una figura gigantesca desde el punto de vista humano. Alguien que de la honradez intelectual sabe dar el paso hacia la santidad. Aunque aquí se trasluce todo el horror del sistema represivo socialista, Nicolae Steinhardt no carga las tintas en todo lo que le hicieron sufrir, sino en cómo la cárcel le abrió las puertas de la gracia y le sirvió para unirse a la cruz de Cristo. Steinhardt era un hombre que valoraba las virtudes humnanas de la fortaleza y la prudencia (la estupidez es un gran pecado, repite con frecuencia) y ellas le facilitaron el acceso a la fe, la esperanza y la caridad.

Pero el cristianismo fue también la puerta hacia la felicidad y la alegría, para las cuales su alma estaba también preparada: alguien que llama bughi mambo rag a las conversaciones de fondo en la celda tiene que ser necesariamente un optimista incorregible. Este bughi mambo rag (una especie de etiqueta de blog) puede parecer superfluo, pero muestra cómo no sólo él, sino la mayor parte de los presos estaban dispuestos a dar un sentido a su permanencia allí.

Una especie de blog es, en efecto, este libro, donde las vivencias de la cárcel se alternan, de modo caótico, con hechos de su vida anterior y posterior a ella (antes de 1960 y después de 1964) y con abundantes y agudísimas reflexiones sobre sus lecturas, a las que sabe dar, por cierto, una interpretación cristiana que es el segundo elemento más sorprendente de este libro sin desperdicio.

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12 mayo 2016

Proyectos de pasado

...que todo aquel que atraviese el umbral de la Securitate o de cualquier otro organismo represivo análogo se diga a sí mismo con firmeza: desde este momento estoy muerto. Le está permitido consolarse: ¡Lástima de mi juventud y de mi vejez!, o: ¡ay de mi mujer, de mis hijos, ay de mí!, ¡ay de mi talento, o de mis bienes, o de mi poder!, ¡ay de mi amada!, ¡ay del vino que no voy a beber, de los libros que no voy a leer, de los paseos que no daré, de la música que no voy a escuchar!, etc., etc., etc. Pero hay algo que es seguro e irremediable: a partir de este momento soy un hombre muerto.

Recordaba estas palabras de Nicolae Steinhardt a medida que avanzaba con el volumen de Ana Blandiana, Proyectos de pasado, y las relacionaba con lo que había dicho yo a raíz de la muerte de García Márquez, es decir, que sus personajes me parecían estar muertos, no por mal construidos sino por arrastrar una vida irreal que no parecía humana. Es inevitable relacionar los relatos de Ana Blandiana con García Márquez, pero también con Kafka y en algún caso (como "La iglesia fantasma", con esa introducción que trata de dar visos de realidad a lo fantástico) con Poe. Lo que sucede es que Blandiana parece haber encontrado el lugar donde ese tipo de fabulaciones, que en los citados autores parecen caprichos o intuiciones de algo que se teme, tienen su suelo natural, adquieren visos de realidad, y ese suelo lo constituyen los regímenes comunistas. Las peores pesadillas o las alucinaciones más peregrinas se contemplan en esos espacios con la frialdad del cadáver o la desesperanza del enterrado en vida. Esos regímenes tienen, sí, el lamentable poder de acabar con la esperanza, que como dicen es lo último que se pierde.

Acabar con ella... o casi. De hecho, lo que caracteriza a los protagonistas de Ana Blandiana, frente a los Kafkas y los demás, es el reencuentro con lo que parecía perdido, llamémoslo la esperanza o lo espiritual o simplemente lo humano, mediante un destello de lo sobrenatural, que aparece bajo la forma de ensueños o de ángeles, como sucede en "Aves voladoras para el consumo", "El traje de ángel" o "Lo soñado". José Jiménez Lozano afirmaba en una reciente entrevista:

...aunque los grandes totalitarismos dieron pasos enormes en la liquidación de esa intimidad o recogimiento en “la sustancia de lo que es humano”, no pudieron abolirlo, precisamente por esto: los momentos de revivencias, sueños y pesares o esperanzas, la conversación, la confidencia y el momento de “in angulo cum libro” o el rinconcillo de leer y restañarse de los esquinazos del vivir, son la sustancia misma del vivir.

Lo que no deja de ser un buen resumen de la literatura de Ana Blandiana, al menos tal como la he entendido en estos Proyectos de pasado: ese pasado, esa historia humana individual que el socialismo se empeña en aniquilar puede reconstruirse mientras quede en el ser humano una mínima conciencia de su dignidad, como sucede con los protagonistas del relato que da título al volumen: robinsones en el Baragán cuya voluntad inquebrantable habría sido capaz, de no haber sido devueltos inopinadamente a casa, de haber creado una nueva célula vital en aquel desierto. Steinhardt sabía mucho de esto, como Armando Valladares, como el cardenal Van Thuan, y tantos otros. Y es significativo que el volumen se cierre con "La iglesia fantasma", la historia de esa iglesia a la que unos aldeanos trasladan a viva fuerza desde su emplazamiento original, ya que no les dejan construir una, y queda como una presencia misteriosa a través de los siglos. El nombre de la definitiva tabla de salvación parece claro.

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05 marzo 2016

De Goethe al momento político


Ando estos días buscando referencias que me expliquen por qué Goethe es un gran escritor, y en concreto por qué el Meister y las Afinidades son grandes novelas. Algunas películas las he apreciado sólo después de leer una crítica que más o menos me revelaba su sentido, pero con la literatura me sucede menos: si no veo una novela, la sigo sin ver después de los comentarios más o menos sesudos sobre ella (no digamos ya con obras poéticas, para cuya lectura a menudo me falta tanta gracia como para su creación). He rescatado del anaquel El misterioso caso alemán de Rosa Sala Rose, a ver qué pasa, aunque no espero mucho.

En todo caso, he llegado hasta el final del Meister como un campeón, sin dificultades en la lectura pero sin que me abandonase la sensación de vacío, cuando no de estar ante una versión ñoña del Cervantes de las ejemplares. Debe de ser cuestión de eso que llaman la diversidad cultural.

...

Estos días Enrique García-Máiquez se está revelando como un gran analista político (¡encima!), sin apearse de su tono de ironía jovial (véase el Trampolink). Algunos necesitamos ese optimismo como el comer, porque, aunque la resistencia sea más hermosa que la victoria, según al parecer célebre frase de Jünger, nos puede por momentos la desolación de comprobar que veinticinco años de LOGSE no salen gratis, que está al caer la dictadura más estúpida de todos los tiempos, que más pronto que tarde seremos represaliados por afirmar lo obvio. O sea, que el PSOE cederá a su querencia guerracivilista y totalitaria. Por eso, gente como Enrique, como Ignacio Ruiz Quintano o como Ignacio Aréchaga son el proverbal bálsamo, el tópico soplo de aire fresco, con los que uno puede ir a la muerte social con el espíritu con que Muñoz Seca fue a la muerte física.

...

Tétrico estoy, pardiez. Y sin embargo debería agradarme la perspectiva de formar parte de un reducto humano similar al de los hombres libro de Bradbury o de los compañeros de represión de Nicolae Steinhardt, sostenidos unos a otros cual castillo de naipes gracias a su decisión inquebrantable de mantener esa cultura que nos hace humanos a pesar de los stalines o los hijos del FRAP. A propósito de Steinhardt, está su traductora Viorica Patea un poco mosca porque la editorial (Sígueme) lo distribuye mal o no lo distribuye. Bueno, creo que es una editorial eclesiástica, y ya se sabe el espíritu de empresa que tiene ese estamento. Además, no es el típico libro best-seller sino un licor selecto. Le señalo como consuelo el nombre de algún entusiasta de marca mayor, una vez más el propio Enrique.

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05 diciembre 2013

El señor presidente


Es posible que lo más parecido a una muerte en vida sea la existencia bajo un régimen totalitario. Camila "había muerto sin dejar de existir, como en un sueño", cuando todo a su alrededor se vuelve hostil, siendo su único delito el ser hija de una persona caída en desgracia del déspota. Me resulta inevitable pensar en Nicolae Steinhardt, cuando al principio de su Diario de la felicidad propone, como una de las tres salidas para aguantar en una de tales situaciones, el pensar, de modo irrevocable, que estás muerto. Uno piensa, también, en los campos de concentración, donde uno acaba convertido en algo peor que un animal, en algo más cercano a un zombie, si tiene suerte de asumir esa condición.

Al comenzar El señor presidente, uno tiene la sensación de volver a Tirano Banderas, y tal vez sin esta obra Miguel Ángel Asturias no hubiera concebido su novela. Al avanzar en la lectura, sin embargo, aquello se vuelve mucho más horrible, porque la novela de Valle-Inclán se recrea en la caricatura, es como un retablo de marionetas, mientras que lo de Asturias da una fría y odiosa sensación de realidad, sobre todo cuando uno conoce relatos, tristemente realistas, como los de Steinhardt. Y es curioso que cuando un autor más o menos escorado a la izquierda trata de satirizar el ambiente de las dictaduras mediante el esperpento, no hace sino retratar en alta definición los regímenes socialistas. Cualquiera que haya tratado de moverse en Cuba podría reconocer como las suyas las cadenas que atenazan a los infortunados personajes de El señor presidente.

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07 febrero 2026

Steinhardt, de nuevo

Releo parcialmente el Diario de la felicidad. Anoto unas cuantas cositas.

Miles de demonios me corroen cuando veo que se confunde el cristianismo con la estupidez, con una especie de beatería boba y cobarde, una bondieuserie (es la expresión de tante Alice), como si la finalidad del cristianismo consistiera en que las fuerzas del mal se burlen del mundo y hagan posible la injusticia, puesto que, por definición, el cristianismo estaría condenado a la ceguera y a la paraplejia.

…

Después de haber conocido a Cristo te es difícil pecar, te da una vergüenza terrible.

[Aquí cabría matizar que conocer a Cristo no es simplemente tener nociones de religión cristiana sino estar acostumbrado al trato con Jesucristo).

…

De la frase de Arthur Miller [“Ninguna píldora puede volvernos inocentes”] se deduce también que la felicidad y la tranquilidad no las podemos crear nosotros solos, por vía material --y que nos vienen dadas desde arriba--.

Una prueba más de la existencia de Dios.


 


 

12 agosto 2014

Asociados al Novio



He aquí otro de mis párrafos favoritos de Nicolae Steinhardt.

En esta segunda celda sucede, me parece, algo similar a lo que debió de acontecer en el camino hacia Emaús. El Salvador ya no está entre los suyos, el novio se ha ido. Pero es conveniente que empieces, tú, hombre, a generar fidelidad y un nuevo tipo de felicidad, más en sordina, y que aprehendas la realidad de la presencia del Redentor en los lugares más inesperados y más áridos; en ti mismo. Tienes que dar más de ti mismo, ya no eres un simple espectador, un invitado a la boda, sino un participante con los mismos derechos, asociado, creador autónomo de felicidad. Tienes que demostrar algo muy difícil, que no sólo el comienzo --la boda-- es puro, sino que la vida cotidiana puede llevarse a un nivel aceptable de nobleza y dignidad relativas. No es igual que el comienzo: y nos duele. Pero precisamente en esto consiste la diferencia entre la infancia y la madurez: el dolor reconocido y soportado, la aceptación de la inevitable diferencia de nivel entre la pureza de la boda y de la fiesta y la impureza de los días de diario y del transcurrir de los años.

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06 septiembre 2023

En defensa del fervor

Se trata de una colección de ensayos, o artículos, de Adam Zagajewski, a la que en El Acantilado han dado el título de el primero de ellos. Voy a destacar la necrológica que dedica al pintor y poeta Czapski, “amigo y maestro”, interesante personaje que vivió las vanguardias artísticas de Polonia pero que hoy es, ante todo, el personaje al que fue dado investigar la matanza de Katyn, investigación que recogió en un libro publicado también por El Acantilado junto con las memorias de aquellos “años de hierro”. Era el hombre del “no lo sé”, que por lo que leemos tiene un significado socrático, de humildad intelectual, y no de agnosticismo, pues era hombre de fe, y tampoco es el “no lo sabía” que denunciaba Nicolae Steinhardt, ya que, por ejemplo,

…en 1949 declaró en el proceso de David Rousset que en la Unión Soviética sí que había campos de concentración y lo hizo delante de los fanáticos comunistas franceses que lo acusaban de ser un agente de Goebbels.

Sencillamente,

había conservado la libertad de un niño eterno, al igual que el sentido del humor de un eterno adolescente. El sufrimiento lo fascinaba, pero también le gustaba reír; el talante religioso no mata el sentido del humor, sino que lo cultiva y desarrolla.

Algún otro amigo muerto es también objeto de semblanza, como Zbigniew Herbert o Czeslaw Milosz: del segundo tenía noticia, del primero no. El resto son meditaciones relacionadas con el arte, la literatura y las ciudades de Europa, a las que su prosa brillante consigue comunicar interés. Incluyendo la pregunta del millón:

¿Por qué Brecht se puso al servicio de Stalin? ¿Y por qué Neruda sentía admiración por aquel mismo déspota? ¿Por qué Gottfried Benn confió durante unos meses en Hitler? ¿Por qué los poetas franceses dieron crédito a los estructuralistas? […] ¿Por qué hay tantos poetas mediocres, cuya vulgaridad resulta desesperante? ¿Por qué los poetas contemporáneos –centenares y miles– se conforman con la tibieza espiritual, con sainetes irónicos nimios y artesanales, y con un nihilismo elegante y a veces casi simpático?

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20 febrero 2026

Más Steinhardt

…la fe en Dios me parece, en el pleno sentido de la palabra, el hecho más realista que puede existir: es la aceptación de la realidad y el abandono de las ilusiones. Por eso pide humildad; por eso la iglesia [sic] pone tanto énfasis en la humildad: no hay nada más difícil que renunciar a las fantasías. (Diario, p. 148)

…

…el consejo que lord Chesterfield le dio a su hijo: oirás muchos discursos bellos en la Cámara de los Comunes, algunos te harán cambiar de opinión, pero que ninguno cambie tu voto. (Diario, p. 153)

[Por supuesto, quien dice “oirás muchos discursos bellos en la Cámara… dice “leerás muchas informaciones bien contrastadas en los periódicos”]

…

Monseñor Hélder Câmara, arzobispo de la ciudad de Recife (también llamada Pernambuco), el cura “rojo”.

Se le aplica Mateo 24, 23-24:

“Entonces, si alguno os dice: ‘Mira, el Mesías está aquí o allí’, no lo creáis. Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, aun a los mismos elegidos”.

Creo que este alto prelado con la flor roja en el ojal es culpable de ese pecado de cuya existencia estoy plenamente convencido: el pecado de la estupidez. (Diario, p. 566)

 


09 junio 2023

No lo sabía

José Ramón Ayllón diserta sobre Etty Hillesum, Edith Stein y Natalia Ginzburg. Autoras de grandes virtudes humanas. Dice de la Ginzburg que su comunismo fue de tipo romántico, o algo así. Lo sería. Pero me resulta difícil concebir cómo una persona de la calidad que nos muestra aquí el conferenciante puede abrazar esa ideología con ingenuidad. Sobre todo una persona que se ha visto envuelta en las convulsiones de aquellos años. Por aquel entonces (segunda guerra mundial) estaba bien claro lo que significaba el comunismo. Y, como vio bien Nicolae Steinhardt, decir “no lo sabía” no es una excusa válida. No le aplicaré las duras palabras que siguen, tal vez por aquello de C. S. Lewis de que el diablo manda los errores a pares, para que queriendo escapar de uno caigamos de lleno en el otro.



30 junio 2016

La gran verdad


Según la famosa apreciación de Chesterton, el catolicismo te exige que al entrar en la iglesia te quites el sombrero, no la cabeza. He comenzado a leer las memorias de Evgenia Ginzburg, una mujer represaliada por Stalin, culpable de no haberse quitado la cabeza al entrar en el partido; esto es, haber puesto su intelecto al mismo nivel que su fidelidad al líder. Al mismo nivel, y no más alto, pues tras su experiencia carcelaria Evgenia Ginzburg siguió manteniendo su fe comunista. He dicho fe:

En nuestro partido, en nuestro país, reina de nuevo la gran verdad leninista. (página 27, edición Galaxia Gutenberg)

La gran verdad. Es chusco esto, si uno tiene en cuenta que hoy día asociamos a la izquierda política con el relativismo. Dado que los asertos de Lenin no pueden ser comprobados empíricamente, hay que concluir que es la fe lo que llevaba a aquellos tipos a tenerlos por verdad. Y una fe tanto más admirable cuanto que tampoco después de Stalin el partido siguió produciendo más que indigencia económica, moral e intelectual. Pero es que además, si Stalin desapareció de Rusia, gente como él ha actuado acá y allá donde se ha instalado la famosa verdad: díganlo Steinhardt, Valladares, Mindszenty o los osarios de Camboya, que hablan mejor que todos ellos. Supongo que ni Ceaucescu ni Castro ni Pol Pot eran realmente comunistas, tampoco.

Oh desdichada ideología, que allá donde aterriza es secuestrada por psicópatas o atrofiada en su desarrollo por el feroz imperialismo capitalista. Bueno, desdichada... o feliz, ya que sigue aún cosechando adeptos, a pesar de tan mal fario.  


26 octubre 2011

Tres fenómenos (¿o uno solo?)


En su Diario (París, 1937) Nicolae Steinhardt recuerda las reflexiones de su amigo Manole sobre "tres fenómenos de nuestro tiempo: la invasión vertical de los bárbaros (la expresión es de Rathenau), el reino de los imbéciles, la traición de los hombres honrados."

El primero: no es una invasión de bárbaros de otros continentes, sino de sinvergüenzas, una invasión de abajo a arriba. Estos bárbaros ocupan los cargos directivos.

El segundo: los estúpidos y los incultos han llegado al poder -en el sentido más categórico- y, a pesar de todas las leyes económicas y de todas las reglas políticas, hacen majaderías,, como idiotas que son.

El tercero: en lugar de oponerse, la gente honrada adopta expectativas benévolas, hacen como que no ven y como que no oyen; en resumidas cuentas, son unos traidores. No cumplen con su deber. Los imparciales y los ingenuos toman nota y callan. Son los más culpables.


No vayan a pensar que hay aquí alguna alusión de actualidad. Este tipo de pensamientos, por desgracia, no necesitan que suceda algo determinado para ser traídos a cuento.

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10 noviembre 2011

Nuestro siglo nos ofrece espectáculos tan sensacionales

que no es posible condenar a los que son incapaces de creer que en el siglo XIX una dictadura pudiera ser simplemente un régimen no parlamentario de gente honrada y de una sociedad normal. (Steinhardt)

O sea, por si no han seguido el hilo del razonamiento, tal cosa es posible, aunque se nieguen a creerlo quienes han vivido bajo la férula del socialismo (que es el otro nombre del totalitarismo). En España, los nacidos antes de 1970 guardamos la memoria de un "régimen no parlamentario de gente honrada y de una sociedad normal", aunque lleven décadas intentando borrarla.

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21 febrero 2012

Si Dios no existe


Este pensamiento da idea de lo que es la espiritualidad eslava frente a la occidental, aunque la suscriban un francés y un rumano.

... el jesuita Auguste Valensin enuncia lo esencial cuando admite que, por muy imposible que sea, no se arrepentiría de haber tenido fe aunque en el lecho de muerte se le mostrara con una evidencia irrefutable que se ha engañado, que no existe la vida futura y que ni siquiera existe Dios; por el contrario, se sentiría honrado de haber creído cosas como estas, puesto que, si el universo es estúpido y digno de desprecio, tanto peor para el universo; no se ha equivocado el que piensa que existe Dios, sino que el error es de Dios por no existir. ¡Para qué hablar más! No logro encontrar nada fuera o por encima del credo que formuló Dostoyevski y que presenta de una manera simple: creo que no existe nada más bello, más profundo, más seductor, más razonable, más varonil y más perfecto que Cristo; es más, si alguien me demostrara que Cristo está fuera de la verdad y que, de hecho, la verdad está fuera de Cristo, entonces yo preferiría quedarme con Cristo, antes que con la verdad.

(Nicolae Steinhardt, El diario de la felicidad)

Lo que es un modo de argumentar en contra del pesimismo popular que suele decir: demasiado bonito para ser cierto. En el caso de Cristo, es demasiado bonito para ser falso.

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16 junio 2011

Otra de Steinhardt


Gide: la moral lo aburre; es buena sólo para los seres que desean relajarse. ¡De ninguna manera! La moral no es ligera ni aburrida. Henri Massis: el mal es banal, el desorden es banal, lo excepcional son las cosas buenas, las virtudes. La renuncia y la pereza son monótonas. El esfuerzo crea novedades interesantes. Siempre sabemos de antemano cómo reaccionarán los fariseos; sólo Cristo es imprevisible.
(El diario de la felicidad)

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18 febrero 2011

Perdón


El hombre, si razona en calidad de cristiano y quiere portarse conforme a la doctrina cristiana, puede -y debe- no tomar en consideración las injusticias que se han cometido en su contra, los insultos recibidos como individuo. Pero si ocupa una función de responsabilidad o está al frente de asuntos públicos no tiene derecho a invocar el principio del perdón para mantenerse distante y frío ante el mal y dejar a los inocentes a merced de los miserables [...] El rebaño quiere al pastor porque lo guarda y arriesga su vida por él.

Nicolae Steinhardt, El diario de la felicidad

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01 febrero 2018

"Siembran cicuta y esperan ver crecer campos fecundos"

Espero que no se me olvide la frase. Hasta de Maquiavelo se pueden recoger sentencias aprovechables.

(Citado por Nicolae Steinhardt, Diario de la felicidad, Jilava, mayo-junio 1960)


07 junio 2012

Ray Bradbury

Me pareció un buen nombre para algún personaje de mis historietas, las que dibujaba de pequeño, aunque creo que no llegué a utilizarlo. Sacaba los nombres, entre otros lugares, de las firmas que veía en las antologías de lecturas que la editorial Edelvives ponía a disposición de los escolares de EGB. Allí aparecía un fragmento que creo que sería de las Crónicas marcianas, aunque maldito lo que recuerdo de él. Aún no he leído las Crónicas, pero sí el Farenheit. Eso sí, nunca me acuerdo del número de tres cifras que acompaña el título. Otro recuerdo que tengo de Bradbury es la ocurrencia de alguien según la cual, de los tres mayores escritores de ciencia-ficción, Asimov sería el científico, Clarke el metafísico y Bradbury el poeta. Ahora que lo pienso, creo que sólo he leído una obra de cada uno de ellos.

El propio Bradbury ya se encargó de decir que si de verdad quería evitarse que la gente leyera libros, sería mejor quitarles las ganas que andar quemando bibliotecas. En eso están, e incluso puede que con ese procedimiento acaben también con los hombres-libro, porque nadie creerá necesario salvar la literatura mediante la memoria. Lo de los hombres-libro dejó de ser ciencia-ficción en el espacio concentracionario soviético, tal como nos informa Nicolae Steinhardt en su diario. Resulta emocionante oírle contar cómo los presos se narraban unos a otros las mejores obras del siglo, allí donde no podían tener acceso a ellas; ni intra ni extramuros. El siglo XX ha confirmado con su realidad las peores alucinaciones de sus fabuladores.


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14 abril 2013

Roncar "comme il faut"


(Un compañero de prisión le pide a Steinhardt, durante la noche, que le cambie el sitio, porque no puede soportar los ronquidos del vecino)

Me resulta muy fácil, ya que he estado en la celda 80 en Gherla con un hombre decente y culto, el general Constantinescu-Taranu, imbatible campeón de ronquidos de todos los tiempos y de todas las cárceles. El ruido que producía era tan penetrante, insoportable y terrible que ya ni te planteabas la cuestión de poder dormir con él en la misma celda. Sobre todo porque no producía un ruido uniforme y continuo, sino una inagotable serie de cañonazos, siempre distintos, siempre sorprendentes: una verdadera panoplia de un artista cuyo estilo se renueva constantemente. Después de algunas semanas de convivir con él, acababas por dar algunas cabezaditas, pero sólo a ratos, como esos capitanes de barco que ni siquiera después de muchos años consiguen librarse del mareo.


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16 junio 2012

Publicanos y fariseos

Nicolae Steinhardt: Hay un odio implacable contra el bien y un rechazo profundo y despreciativo ante todo lo que es hermoso. Hasta tal punto, que me pregunto si lo sorprendente no es el hecho (que indigna a los escribas y fariseos) de que Cristo comiera y bebiera con los recaudadores de tributos y los pecadores, sino que estos comieran y bebieran con él.

Tal vez suceda que hay dos tipos de pecadores: los que no han conocido el Bien y los que, habiendo sido interpelados por Él, lo han rechazado. Estos, me parece, son los más contumaces odiadores.

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01 marzo 2013

O muerte


El lema de la Revolución francesa (conservado por la República), tal y como lo conoce hoy el mundo (libertad, igualdad, fraternidad), es falso y está truncado. El lema íntegro de la revolución era otro -y la diferencia es como del día a la noche-: libertad, igualdad, fraternidad o muerte.

Las dos palabras escamoteadas representan la deplorable mutación desde el valor y el sentimiento trágico y heroico de la existencia hacia la formulación burocrática de un vago principio por el cual nadie está dispuesto a jugarse la vida. El camino, dice Péguy, va siempre desde la mística a la política.

Libertad, igualdad, fraternidad es un simple eslogan y la Revolución francesa fue una catástrofe; libertad, igualdad, fraternidad o muerte es algo muy, muy distinto...; es una decisión ante la cual cualquier adversario se inclina con un respeto admirativo.

Es posible que los escépticos sean más elegantes y atractivos que los fanáticos, pero, cuando irrumpe la peste en Burdeos, el alcalde -llamado Michel Eyquem de Montaigne- se va de la ciudad; en Milán, en 1576, en la misma situación y casi en el mismo periodo, el arzobispo, san Carlos Borromeo, vuelve corriendo de su viaje. 

Nicolae Steinhardt, El diario de la felicidad 

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