29 julio 2020

Guía espiritual de Castilla


De esta Guía espiritual de Castilla hizo Ámbito una edición de lujo, con buenas fotografías de un señor llamado Miguel Marín. Me encontré en Maxtor unos ejemplares nuevos de trinca a diez eurillos y salí con uno de ellos bajo el brazo. Liquidación de restos de la extinta editorial, me explicó el librero.

El aspecto es de libraco bonito para adornar mesitas, pero en realidad es un ameno ensayo, como todos los de Jiménez Lozano. No se trata de un análisis exhaustivo de los templos de Castilla ni de una reflexión de calado teológico, como puede llevar a pensar el título, sino más bien de un repaso a la vida cotidiana de las “tres culturas” en la España medieval: un concepto, este de las tres culturas, hoy puesto con frecuencia en irónico entredicho pero que en la época en que se publicó el libro podía suscitar entusiasmos. La interacción entre vida y arte, entre creencias e iconografía, queda aquí plasmada de forma convincente. En su debe pondría cierta tendencia a evocar los pecados cuando se trata de los cristianos (y me refiero sobre todo al pecado de la Inquisición) y las virtudes cuando se trata de las otras dos culturas, víctimas de aquella. Supongo que es también signo de los tiempos. Incluso en las figuras de Santa Teresa y San Juan de la Cruz, devociones del autor, lo que más parece admirar son sus rasgos genéticos judeomoriscos.

Por lo que ese refiere a las fotografías, es curioso cómo el paisaje de Castilla puede llegar a parecerse a una pintura de Tapies, y si no véanse esas panorámicas compuestas de dos o tres franjas, suelo, cielo y a veces nubes.

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02 julio 2020

Empoderamiento


La mujer pierde su encanto no solo por permitirse palabras indelicadas, sino también por lo que escucha, es decir, por lo que osan decir en su presencia. En el seno de la familia la modestia y la sencillez se bastan para mantener las consideraciones que a una mujer se deben, pero en la calle hace falta más. La elegancia de su lenguaje y la nobleza de sus maneras forman parte de su dignidad misma y solo mediante ellas se ganará el respeto de la sociedad.

Madame de Staël, 1766-1817, novelista, autora de ensayos filosóficos, politóloga, crítica literaria, salonnière y exiliada antibonapartista. En La literatura y su relación con la sociedad, segunda parte, capítulo II.

Gracias, Madame…





24 junio 2020

La juventud de 1936


Francisco de Cossío, en Manolo:

Los predicadores se desgañitan en los púlpitos escandalizados por los hábitos de esta juventud. El teatro de costumbres nos la ofrece como una juventud medio tonta, sin ideales, entregada no más que a los estímulos de la sensualidad y del ocio. Se anuncia la disolución de la sociedad, por la pendiente en que se halla esta juventud. Ni padres ni maestros pueden con ella. Los hijos saben más de todo que los padres. No existe disciplina. El concepto de la jerarquía se ha perdido. “Estas son ideas rancias”. “Hay que marchar con los tiempos”, “los viejos están chochos”… Las normas morales las da el cinematógrafo, y por cualquier parte advertimos síntomas de disociación familiar. ¿Para qué va a servir esta juventud, Dios mío?

Citado por Rafael García Serrano en Diccionario para un macuto, el cual prosigue:

Esa juventud fue la de la generación de los voluntarios, la que siguió con fidelidad celtibérica, hasta más allá de la muerte, la bandera que habían levantado unos cuantos hombres jóvenes y a la que sirvieron ejemplarmente, como una alegre guerrilla, como una venturosa profecía, los jóvenes que ya luchaban por España antes de que el ejército levantase su espada.

¿Quién puede decir que todo está perdido?




16 junio 2020

Perplejidad


Juan Meseguer, en Aceprensa:

La libertad religiosa pinchó en ese país [España] la “burbuja católica”; esto es, la apariencia inflada de consenso en torno a unos valores y unas creencias que el régimen franquista consideraba intocables. Y de paso, se llevó por delante el caldo de cultivo para un anticlericalismo resentido, que no dejaba de ser una reacción al hecho de que alguien fuera obligado a actuar en contra de sus convicciones íntimas.

Me quedo pasmado. ¿Se puede afirmar, con la cara en su sitio, que el “anticlericalismo resentido” está ausente en la España actual? ¿Que hay menos anticlericalismo ahora que en 1967? Y, si efectivamente no es así, ¿se puede afirmar con semejante cuajo que la causa de ese anticlericalismo era la falta de libertad religiosa?

No dejo de tener la impresión de que, por lo que se refiere a cuando entonces, hasta los cerebros más juiciosos parecen incapaces de pensar fuera de los cauces impuestos como correctos hace ya demasiado tiempo…





13 junio 2020

Es mejor


Es mejor, en términos generales, que las mujeres se consagren únicamente a las virtudes domésticas…

Madame de Staël (1766-1817), novelista, autora de ensayos filosóficos, politóloga, crítica literaria, salonnière y exiliada antibonapartista.

(En su contexto, lo importante es el pero que viene a continuación, donde se queja de que los hombres perdonen mejor la falta de esas virtudes que el que las mujeres sobresalgan por su talento. Pero no me negarán que, como premisa, resulta impactante, viniendo de quien viene.)



05 junio 2020

El fin de la eternidad


Las novelas de ciencia ficción tienen con frecuencia un elemento de distopía, ya saben, ese tipo de relatos que nos muestran un mundo sometido a un poder omnímodo y deshumanizador a base de aplastar derechos y libertades, pero a menudo convencido de que hace lo mejor para la humanidad: “comunidad, identidad, estabilidad”, era el lema de los dirigentes del mundo feliz de Huxley.

En el caso de El fin de la eternidad, ese poder se ejerce desde más allá del tiempo, y se trata de reencauzar acontecimientos para que resulten lo más inocuos posible: un cambio de realidad lo llaman. Eso está reservado a una élite de funcionarios de la Eternidad agrupados en funciones que son casi castas: computadores, técnicos, operarios y no sé qué más. Aquí Asimov se enfrenta a las aporías del viaje en el tiempo, un desatino conceptual ya que el viaje como tal es en el espacio forzosamente, pero una idea atractiva desde que Einstein o quien fuese vinculó el espacio con el tiempo. Asimov hace encaje de bolillos para lidiar con estas aporías, entre las que se incluye la típica y chusca situación de encontrarse uno consigo mismo en el pasado. Pero no llega a convencer, claro. El tiempo sería aquí lo más parecido a un río en que cada punto es infinitamente cambiante, según aquello de Heráclito de que nunca te bañas en el mismo río; de modo que una persona tendría infinitos análogos en el mismo punto del tiempo. Una auténtica demencia.

La eternidad, ya se ve, aparece aquí como algo ajeno a la metafísica, es decir, no es ni de lejos la morada de Dios o de los ángeles, sino algo totalmente integrado en el universo físico, aunque la mayor parte de los temporales ni siquiera sospechen su existencia. Pero tampoco convence, pues esta eternidad acaba teniendo también su tiempo, que miden en fisioaños, fisiohoras…

Y, como en otras distopías, el tinglado entra en crisis cuando entra en escena el amor, prácticamente prohibido a los eternos. El prota, un técnico llamado Harlan, se propone nada menos que destruir la eternidad cuando ha de elegir entre ella o su amada. Y ahí lo tenemos pensando que es el caballero andante que va a salvar a la chica, ***SPOILER pero sí, sí…***

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02 junio 2020

Nihil novum


La libertad de opinión empezó en Francia con los ataques contra la religión católica porque eran los únicos actos de osadía sin consecuencias para el autor…


Madame de Staël (1766-1817), La literatura y su relación con la sociedad, parte I, capítulo XX.




18 mayo 2020

De la ética al control


"...ya no hay ámbito de la vida en el que no se hable de ética. Todo se ha moralizado minuciosamente. Observemos lo fácil que es, a continuación, transformar lo ético en político a base de promulgar una ley para cada norma moral, un escrache mediático para cada opinión o conducta políticamente incorrecta. Y el siguiente paso, una vez que hemos convertido ya todo lo personal en político, consiste en poner todo lo político bajo el control total de unos pocos."

Del artículo "La perversión de las causas justas", de Alfredo Marcos





14 mayo 2020

Transhumanismo


Nicolás Gómez Dávila:

El individuo se rebela hoy contra la inalterable naturaleza humana para abstenerse de enmendar su corregible naturaleza propia.

No sé si habrá una relación causal/final, pero al menos es llamativo que coincida el afán de hacer ingeniería biológica con la mentalidad de “a mí nadie me dice lo que tengo que hacer”.




09 mayo 2020

La sustancia del mal


Creo que los cineastas llaman macguffin a un episodio inicial que parece que va a convertirse en eje de la trama pero no: su función es secundaria y sirve para dar paso a la acción principal. Según eso, sería un macguffin el drama con que arranca esta novela, en que el protagonista ve morir a sus compañeros de expedición en una acción de rescate en la montaña. Él, documentalista de televisión, había querido acompañarles y por mi culpa y tal.

El caso es que en el pueblo tirolés donde vive su suegro, y donde él espera recuperarse de la terrible neura que le aflige desde entonces, sucedió hace años un horrible asesinato múltiple. Salinger (que así se llama) se obsesiona con el caso, y aunque mil veces quiere dejarlo otras mil vuelve a ello, llegando a concitar la enemiga de los del pueblo y a hacer casi naufragar su matrimonio, cosa que no sucede, dicho sea por lo raro del asunto.

Hay comedias de Jardiel Poncela donde, cuando parece que todo se ha descubierto, viene otra vuelta de tuerca y lo que parecía no era, y así varias veces. Algo parecido sucede aquí, y no sé si decir que eso mejora la trama o no. El caso es que Luca d´Andrea consigue mantener la expectación, adornando su relato con terrores clásicos y terrores psicológicos. Llamo terrores clásicos a la presencia de seres horráibols, que diría Forges, que nunca sabes si serán o no reales, y al paisaje nocturno y nebuloso, todo lo cual confiere a la novela un carácter híbrido entre relato de terror y ficción policíaca. Muy eficaz, ciertamente.
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06 mayo 2020

Antitipo


La señora [Mercedes] Ballesteros no respondía al tipo de la feminista al uso. Bonita, delicada, con el dulce seseo de su Colombia natal […] Trabajadora infatigable, ama de casa excelente y buena deportista, supo armonizar su vocación por la historia, sus cuidados a sus hijos y marido, y su afición al esquí.

En Mercedes Formica, Escucho el silencio, p. 48



01 mayo 2020

Pero yo os digo


En plena batalla del Ebro, el cura castrense de un regimiento navarro que solía rezar un rosario al anochecer, se encontró sorprendido con que la tropa le hacía una huelga de padrenuestros al llegar el momento de orar por nuestros caídos. “¿Qué pasa?”, preguntó. Y un barbudo navarro le contestó con voz varonil: Que se diga por nuestros caídos y por los de nuestros hermanos de enfrente”.

En Salvador de Madariaga, España, citado por Rafael García Serrano, Diccionario para un macuto, s. v. requeté.





27 abril 2020

Se hace tarde y anochece


Este libro viene a ser una especie de nuevo “Informe sobre la fe”, a semejanza del que publicó el entonces cardenal Ratzinger en conversación con Vittorio Messori. De hecho, el Informe sobre la fe es citado con frecuencia por el cardenal Sarah en esta su tercera entrevista con Nicolas Diat. Como en aquel, aquí se trata fundamentalmente de dar una voz de alarma ante ciertas tendencias diríamos viciadas en la Iglesia actual. En concreto, Sarah pone el acento en algo a lo que Julián Marías aplicaba el chiste de Quevedo, ese de “¿Quieres que las mujeres vayan detrás de ti? Ponte delante de ellas”. Es decir, la manía de querer acaudillar aquellas causas que tienen predicamento en la sociedad actual, tales como ecologismo o feminismo, por ejemplo, en detrimento de lo más sustancial de la doctrina y pensando que así se atraerán fieles.

Pero no se trata solo de un intento de corrección de líneas pastorales, sino de un diagnóstico de su mundo. Y con respecto a la Europa actual, ese diagnóstico es terrible: se trata de una sociedad que está muriendo y que quiere morir matando las identidades de los pueblos que no comparten los usos que han llevado a la ruina moral a los europeos, como África por ejemplo, aunque es de destacar también la defensa que hace de Rusia en ese sentido. La perdición de Europa es que ha optado por la desesperanza al rechazar a Dios, de modo que

…Occidente vive la experiencia de la soledad radical y deliberadamente deseada de los condenados.

Creo que nunca se había emitido un juicio tan feroz y al mismo tiempo certero sobre nuestra situación. Así las cosas, solo cabe borrar ya del mapa de una vez semejante pudridero, mediante una pandemia asoladora, por ejemplo, y esto ya lo digo yo. Pero, al contrario que Europa, Sarah no ha perdido la esperanza. Esta radica en esos cristianos que aún alimentan el fuego de la fe en Europa, cuya responsabilidad no consiste en salvar una civilización sino en

…vivir fielmente y sin componendas la fe que habéis recibido de Cristo. […] ¡Cuidad ese fuego sagrado! Que sea vuestro calor en medio del invierno de Occidente. Cuando un fuego ilumina la noche, los hombres van reuniéndose poco a poco en torno a él. Esa debe ser vuestra esperanza.

Pero hay muchas más cosas que merece la pena reseñar en este libro y así lo haré en entradas posteriores. Estamos ante uno de los títulos más importantes que se han publicado en su género, en los últimos años.
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25 abril 2020

Karenin vencedor


La compasión por Anna, el arrepentimiento por haber deseado su muerte y, sobre todo, la misma alegría del perdón, no solo habían aliviado sus sufrimientos, sino que le habían comunicado una paz interior desconocida hasta entonces. De pronto comprendió que lo mismo que había sido fuente de padecimiento se había convertido en fuente de alegrías espirituales, y lo que le había parecido insoluble cuando condenaba, reprochaba y odiaba, se había vuelto claro y sencillo ahora que amaba y perdonaba.*

Aunque aún le tocará sufrir…

*(Cuarta parte, capítulo XIX. De Anna Karenina, por supuesto)





23 abril 2020

Memorias del subsuelo


Hoy diríamos que el problema de este señor que se nos confiesa aquí es de falta de autoestima. Piensa que es malo, pero en el fondo se diría que lo que le corroe es que esa maldad no se traduzca en actos que le permitan adquirir fama o ascendiente sobre los demás. Ser malo siendo un pobre diablo no resulta nada grato. Y, además, no es tan malo, no como él lo supone. Pero como tampoco es un santo, vuelve a aparecer la frustración: ni santo ni famoso criminal. Es una criatura consumida por el orgullo no satisfecho.

Y hasta aquí mi diagnóstico de profano en psicología. Lo cierto es que Dostoievski ha fabricado un personaje que después podía haber utilizado en una novela mayor, como algunos compositores componían oberturas a la espera de una ópera donde encajarlas. Podría haber sido incluso un germen de Raskolnikov. La novela (otro ejemplo de que eso del monólogo interior o flujo de conciencia no se inventó en el siglo XX) comienza con la autopresentación del personaje, tratando de hacérsenos odioso; sigue con una comida de amigos a la que se invita con el oscuro afán de adquirir ese soñado protagonismo y que acaba con una enorme frustración; y acaba con su relación con una prostituta en la que se incluye un vibrante discurso moral que es quizá lo más atractivo de la novela, en el que nos convencemos de que no estamos ante un psicópata sino ante una persona con clara conciencia del bien y del mal.
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20 abril 2020

En el más alto sentido


Pero, en fin, si he hablado de amistad , de estimación, de fraternidad, no cabe duda de que he hablado de amor –aparte de haber hablado también de amoríos—de amor en el más alto sentido y claro está que estoy queriendo decir en el sentido cristiano.


Rosa Chacel, "Volviendo al punto de partida", en Revista de Occidente, 17 (1964). Recogido en Rebañaduras, p. 31



18 abril 2020

Cal viva


Esta experiencia creo no haberla tenido con un libro. Quiero decir el hecho de que su autor me fuese resultando cada vez más antipático a medida que avanzaba, y que lo siguiese siendo durante el visionado de algunas entrevistas realizadas con él. Desde luego, Amedo no trata de justificarse: a esas alturas creo que lo suyo era ya poco justificable. De hecho emplea un tono bastante frío en la narración de su peripecia. Lo único que podría haber evitado esa reacción de antipatía por parte del lector habría sido el presentar a sus víctimas como bestias salvajes, pero tampoco le ha dado por cargar las tintas en ese sentido. Lo que le interesa es subrayar la culpabilidad del gobierno de entonces en la organización de los GAL. Y esto, que de por sí habría provocado la desaparición total de un partido político de no mediar otros factores que no son del caso, es lo que anima a proseguir la lectura.

Hay que decir que el tipo también sabe dar a su relato un aire de novela negra a la europea, en plan todos malos, sobre todo cuando introduce la figura de las mujeres activistas, las que llama Dama negra y Dama rubia, cuya identidad silencia cuidadosamente, dos auténticas asesinas de película, una de ellas al estilo de la vengadora de La novia vestía de negro de Woolrich/Truffaut, pues al parecer se trataba de la esposa de una víctima de ETA. No se puede negar que causa cierto gustillo imaginar a estas tipas disparando contra los etarras. La pena es que al final estaban haciendo el juego a un partido que entonces declaraba la guerra a ETA tan alegremente como luego se entendería con ella, en una política mafiosa que hemos aguantado demasiado tiempo.
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16 abril 2020

Juicios implícitos


El siguiente aforismo de Nicolás Gómez Dávila me hace pensar en los que dicen cosas como pareja, género, machista, homófobo, padres-y-madres… sin formar parte del tinglado.

Quien acepte el léxico del enemigo se rinde sin saberlo. Antes de hacerse explícitos en las proposiciones, los juicios están implícitos en los vocablos.




14 abril 2020

Los trabajos de Persiles y Sigismunda


Es ley inexorable, al parecer: deslumbramiento en la primera lectura, decepción (relativa) en la segunda. En el caso del Persiles, mi fascinación llegó al punto de considerar esta novela como equiparable al Quijote e incluso como su remate: me pareció que era la contrapartida en plan positivo de lo que se había contemplado en negativo en el Quijote: es decir, Cervantes planteaba en el Persiles al auténtico héroe, libre de los engaños pueriles de la caballería y asentado sin más en el terreno firme de la virtud.

En esta segunda visita, en cambio, me ha parecido una obra más bien desestructurada, que hilvana episodios por lo demás muy parecidos entre sí y que insiste una y otra vez en el tema del mal de amor y la bella esquiva. Debe de ser una impresión superficial, sin embargo, porque curioseando por ahí encuentro gente que es capaz de otorgarle una estructura y un propósito bien definidos, aun reconociendo su inferioridad al Quijote. A cambio, me han encantado las frecuentes sentencias a que tan aficionado es Cervantes, y donde se ve quizá a un hombre que, en efecto, ve próximo el tránsito a una mejor vida y va poniendo en orden los muebles, quiero decir, claro, el estado de su alma.

De lo que no se puede dudar es de que nos hallamos ante una reelaboración en sentido cristiano de las viejas novelas griegas, o bizantinas, de amor y aventuras. El peregrinaje a Roma con final feliz a través de vicisitudes sin cuento que van aquilatando el amor de los protagonistas (Luis Rosales pone muy bien de relieve todo esto en el libro que comentaba aquí hace poco); el contraste entre los bárbaros y los bellísimos protagonistas (que es fácil equiparar a las almas privadas de la gracia frente a las adornadas con este don divino); y la insistencia, tan de moda en su tiempo, en el libre albedrío, que hace que uno pueda superar su condición de bárbaro mediante la práctica de la virtud, así lo ponen de manifiesto.


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12 abril 2020

Unos llevan la fama


Buena parte de los libros de los ilustrados franceses estuvo prohibida en Francia, mientras que, por el contrario, circulaban libremente en los ámbitos del imperio español.

En efecto: La mayor parte de las grandes obras literarias que cubrieron de gloria la literatura francesa del siglo XVIII hubieron de ser editadas o bien fuera de su país o bien en imprentas clandestinas. (Sigfrid H. Steinberg, 500 años de imprenta, Zeus, Barcelona, 193, págs. 180-181.) Citado por M. E. Roca Barea, Fracasología, parte 1, capítulo 2, de donde extraigo también la otra cita.