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18 mayo 2016

Rocky Sharpe & The Replays: "Rock-it-to Mars"


La segunda salida de Rocky Sharpe and The Replays (1980) estuvo marcada por cierto carácter conceptual, aunque muy engañoso, porque solo tenía de marciano el título del LP, el burlón Baile marciano (Martian hop) que cerraba el disco y quizá los trajes de fantasía que lucían en la portada, arrinconada ya la americana roja que les sirvió para identificarse con el estilo cincuentero.

En cuanto al sonido, nada de cambios, por fortuna para mí entonces: en su mayor parte, versiones de cosas doo-wop de los 50. Abre el disco un Buzz buzz buzz arreglado de un tipo que no conozco de nada, para seguir con el clásico Heartaches de los Marcels, prácticamente clavado; A teenager in love, que es de lo más recordado de Dion, y este sí que lo maquillan mucho más; Dream lover de Bobby Darin, interpretado a la voz solista por Helen Highwater (normalmente este papel se lo reserva Rocky); una pieza propia que no está mal, el lento The only one; The masquerade is over, cuyo título viene al pelo porque enmascara totalmente la versión original de un grupo de la época, única pieza en la que Eric Rondo es voz líder; para cerrar la primera cara con un animado You´re the one.

La segunda cara abre con Love bug, nuevo lavado de cara (pero solo: sin maquillaje que valga) de una canción de los 50. Sigue el clásico Little darlin´ (clásico pero que era de lo que menos me gustaba por entonces); un Mister Lonely agradable que no sé de dónde proviene (lo firman Andreoli / Poncia, ¿?); I will follow him, de lo más conocido del disco ("la tierra, la tierra, no tiene ya fronteras..."); otra cosa de Dion titulada Donna the prima donna, un poco latosa; luego la segunda de cosecha propia, Choo choo Valentine, al que salva el solo de guitarra; y el aludido Martian hop, que muchos llamarían una frikada. Me lo pasé pipa con todo.

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04 mayo 2016

"Grandes temas del oeste"


Sí, un subproducto de gasolinera, qué. No lo hacían tan mal estos de la Big Sound Orchestra, cuyo nombre aparecía solo en el interior y que seguramente se juntaban para grabar cosas como esta cobrando cuatro perras. Los títulos en riguroso castellano, pero con los autores perfectamente acreditados, como dicen en el mundillo. Por supuesto hay muchos temas de películas, algunas superconocidas: Solo ante el peligro, Las hojas verdes del verano (de El Álamo), Cómo se conquistó el oeste (traducción literal de lo que se tituló aquí La conquista del oeste), Oklahoma (O. K.)... Otras, canciones tradicionales como Hogar en la pradera (curioso: es el único título que ponen también en inglés y colocan el de la serie dulzona de televisión, House on the prairie, cuando la canción, que no tiene nada que ver con la serie, es Home on the range), Jesse James, El tren a colorado o Las calles de Laredo, que atribuyen sin fundamento a (Johnny, supongo) Cash. Y cierran con Mackie el Navaja [sic], que no sé qué tiene que ver con el oeste, pero en fin. Estos subproductos de gasolinera, tan divertidos.

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18 abril 2016

Vangelis: "Opera sauvage"


 

Creo que era música para una serie de televisión francesa. En todo caso quedó como una de las obras mayores de Vangelis. En su primera edición (de la que no he encontrado una imagen aceptable) aparecía con apellido y todo: Vangelis Papathanassiou

Poco sé yo decir de música electrónica: solo que viene bien de vez en cuando como alternativa al rock y al country. Merece la pena escuchar el disco completo, pero lo más conocido es Hymne y L´enfant. El primero fue elegido, con buen criterio, para la entrada de la tarta en una boda de un pariente mío, aunque si me preguntan yo habría escogido el Bluebird de James Last. En fin, la cinta acabó estropeándoseme un poco. Gracias a Spotify ahora la puedo recuperar, como todo.



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02 abril 2016

The Brothers Four (sin título)


Toda recopilación de los Brothers Four había de incluir Greenfields y The green leaves of summer, a ser posible, como aquí, encabezando una cara cada una. El resto será una selección aleatoria del repertorio del grupo. La de esta cinta ("Grabación original"), del sello Nisu ("Caudal") y con los títulos en riguroso castellano, incluye entre lo más raro dos éxitos de Harry Belafonte, Banana boat y Jamaica farewell; un El Paso muy arregladito pero que no supera el de Marty Robbins, y la marcha The battle of New Orleans. El resto es más socorrido: If I had a hammer, 500 miles, Were have all the flowers gone... Me gustó descubrir We shall overcome, una de esas canciones para darse ánimos en la lucha por causas que de momento van más bien de culo.

Son grabaciones de los años 60, cuando cantaban a ritmo de camello con ciática y lucían esas trazas de los chicos más buenos de la universidad. Ya dije en otro lado que prefiero las versiones que hicieron en los primeros 80, con más vidilla*. En todo caso, las voces son impecables. Una especie de Trío Los Panchos del folk estadounidense. 

*Es posible que sean esas las que he enlazado. Ya no las distingo, oyendo sólo una.

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23 marzo 2016

Abba: "Waterloo"


A la hora de elegir un casete de Abba me dije que por qué no empezar desde el principio, y así este acabó siendo uno de tantos proyectos inacabados, porque no continué con la adquisición del resto. Por entonces no conocía la existencia de Ring ring, que es realmente el primer disco grande del cuarteto.

Si no continué no es porque me decepcionara, desde luego. El material de Waterloo podría constituir un grandes éxitos para cualquier otro grupo. Se nota que es una de sus primeras producciones porque aún meten mucha baza en lo vocal los dos varones, que más tarde se quitaron de en medio para dedicarse a sus zapatos, es decir, a la composición y a la parte instrumental. Las chicas se bastaban y sobraban para cantar. Es algo parecido a lo que sucedió con los hermanos Carpenter: hubo un momento en que el chaval (¿Richard se llamaba?) se dio cuenta de que tenía que dejar sola a Karen. En fin, lo más granado del disco es, por supuesto, la canción que les dio la victoria en Eurovisión y que da título al disco. Destaca también el lento Hasta mañana, Honey honey y Gonna sing you my lovesong, por no hablar del Ring ring que vuelve a aparecer. De Hasta mañana a lo más bestia que es King Kong song, toda una gama de ritmos.

Y no, no pienso decir nada de la indumentaria que gastaban.

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26 febrero 2016

The Golden Gate Quartet: "Negro spirituals"


El sonido de esta cinta siempre fue malo, y bien que lo siento, porque las voces de estos cuatro negros merecen otra cosa. Tal vez simplemente es que no lo habían remasterizado: hablamos de un grupo y de unas canciones con bastantes añitos. En algunas de estas piezas se puede apreciar un germen del futuro rock and roll: por aquellos años 80 en que lo compré me resultaba revelador, porque tenía mucha menos idea de música. Hoy veo que con lo que está emparentado directamente es con el boogie y el swing, y a través de ellos con el rock. Así lo vemos en Daniel saw the stone o Blind Barnabus, o en el mismo Joshua fit the battle of Jerico. Pero no lo compré por eso, sino por los lentos, tales como Go down Moses, Anyhow, Steal away and pray o Nobody knows the trouble I´ve seen. La noticia remota de estas armonías me venía, como otras cosas, de las películas del oeste.

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26 enero 2016

Emmylou Harris: "Elite Hotel"


Como ya dije comentando otro trabajo suyo, Elite hotel me parece de los más logrado de Emmylou Harris. El título no coincide con ninguna canción, y tampoco lo de elite parece compaginarse con las rotas escaleras que lucen en la portada. Pero lo que importa son las doce canciones que componen el LP-casete: algunas de composición propia o de su entorno: Rodney Crowell, Gram Parsons... Otras, excelentes versiones. Amarillo, que abre el fuego, no me parece gran cosa, pero inmediatamente da paso a un Together again superior al de su autor Buck Owens y la calidad ya no desciende: Feelin´single seein´double, de autor para mí desconocido; el Sin City de los Flying Burrito Brothers, por tanto casi propio; la cadenciosa One of these days, también excelente y de autoría oscura (E. Montgomery); y el inmenso Till I gain control again, compuesto por el descubrimiento de Emmylou, Rodney Crowell, y que llegó a interpretar Waylon Jennings.

La cara B también empieza discreta, con una lectura personal (más emotiva, más lenta) del beatliano Here, there and everywhere. OohLas Vegas, de Parsons, anima el cotarro y a continuación nos sorprende con un par de canciones live, cosa seria (el directo de esta mujer es extraordinario): Sweet dreams de Don Gibson, a cámara lenta pero impresionante; y uno de los mejores Jambalaya que se han oído, que ya es decir. El himno (que es como por allí llaman a los cantos religiosos) Satan´s jewel crown da paso a un broche de oro como Wheels, también de Parsons. En dos palabras...


15 enero 2016

Luis Eduardo Aute: "Grandes éxitos. Paseo por el amor y el deseo"

Si hubiera sido un vinilo, lo hubiera puesto siempre por la cara A; bueno, bastantes más veces. En la B también hay cosas muy catárticas, como Dos o tres segundos de ternura o Sin tu latido. Pero De paso me resultaba muy pretencioso y Cada vez que me amas un tostón. Aute será recordado por Al alba, Las cuatro y diez, De alguna manera o Pasaba por aquí. El subtítulo, amor y deseo, es acertado aunque la y vale aquí lo que un como. No hay animalidad pura, pero sí una reducción del amor al sentimiento, a un eros que no quiere pasar a otra cosa y cuya limitación más evidente es la fragilidad: la ruptura amorosa es el motivo más repetido en estas canciones. Una suave melancolía (“fue en ese cine, te acuerdas…”), la dificultad de resignarse (“pasaba por aquí…”), el tedio (“qué terriblemente absurdo es estar vivo”) o lo que los clásicos llamaban simplemente la ausencia (“de alguna manera tendré que olvidarte…”) son facetas de ese vacío que deja lo que quizá se ha tomado en un arrebato (“anda…”, “quiero bailar un slow with you tonight” caiga quien caiga), tal vez incluso con un toque de cinismo (“o me llevo a esa mujer o entre los tres nos organizamos…”). Pero los tonos más trágicos se alcanzan cuando la ruptura es forzada por un elemento extraño y brutal, como es la muerte violenta en Al alba. Creo que Aute no ha volado nunca tan alto como aquí, y eso independientemente de las circunstancias que motivaron la canción y de lo que yo opine de ellas.

Las versiones son todas muy remozadas desde el punto de vista orquestal, aunque los enlaces que he puesto no siempre corresponden a este disco. 


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15 diciembre 2015

Milladoiro: "Galicia no tempo"

La llamada música celta consiguió hacerse un sitio en el fenómeno de la música folk que estalló a partir de los 60, con tipos como Alan Stivell. Luego se hizo más comercial y rockera con Gwendal, que fueron quizá los que abrieron camino a multitud de grupos de todas las naciones celtas, como gustan decir algunos. Entre los gallegos, creo que con razón el más prestigioso fue Milladoiro. Discos como A Galicia de Maeloc o Galicia no país das maravillas suponen la integración en los circuitos comerciales de todo un patrimonio, no solo gallego, ya que allí se abrían a muestras de otras tradiciones célticas, como en el espléndido Valsvöda.

Sin embargo, la primera producción suya que me agencié fue Galicia no tempo, que era la banda sonora (sí, tenía banda sonora, como las películas) de la exposición homónima, un proyecto de la incipiente autonomía gallega, en la línea de Las edades del hombre pero en plan profano (creo que en Asturias se montó otra con el título de Astures). Este trabajo (el de Milladoiro) era inequívocamente celta y gallego pero se inclinaba ya a otra moda del momento como era la New Age. Es de gran calidad pero le falta, quizá, la frescura de los citados anteriormente. Era, sin embargo, la fórmula del momento (Galicia no tempo es de 1991): mezclar lo celta y lo new age, aprovechando la vena mística del celtismo, y constituyó la base de un grupo como Capercaillie, por ejemplo. Galicia no tempo consta de cuatro partes: As raíces, O camiño, O esplendor y O noso tempo, y como curiosidad diremos que incluye un fragmento en gregoriano del Codex Calixtinus.

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27 noviembre 2015

Carl Mann: "In rockabilly country"


Después de reinventarse en 1980, Carl Mann trató de aprovechar el filón con este In rockabilly country. El resultado fue, desde mi punto de vista, muy bueno, pero quizá no tanto para las ventas. En Goher Shop ya estaba entre los baratos cuando salió (nada que ver esas quinientas y pico con las ochocientas que costaba por entonces el Gideon de Kenny Rogers, por ejemplo).

Muy bueno porque la colección de canciones, entre los dos estilos que insinúa el título, son excelentes y Carl Mann y su banda las interpretan bastante bien, salvando esa dichosa manía de ondular las notas finales. En las piezas rockeras la técnica es muy parecida a la de Sleepy Labeef, con una voz grave y solos de guitarra y piano alternando. En los lentos tiene más protagonismo la steel guitar.

Como en el disco anterior, la mitad más o menos son de cosecha propia y el resto versiones. Ramona queda mejor en su voz y su guitarra que en las de los Blue Diamonds o los Tres Paraguayos, tan empalagosos ellos. Y por muy Willie Nelson que sea, prefiero este Blue eyes crying in the rain al suyo. Hasta puede resistir la comparación con la Nitty Gritty Dirt Band en Sunny side of the mountain. Lamentablemente, menos de la mitad del repertorio está disponible por la cara, y en el mercado predomina abrumadoramente el Carl Mann de los 50, que encuentro menos atractivo.

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14 noviembre 2015

Super Country Hits


Este es el primer volumen de la serie, y por eso no lleva ordinal; o no pensaban en una continuación o no quisieron pillarse los dedos. Lo mejor, desde mi punto de vista, es el Folsom Prison blues de Charley Pride, el único negro que triunfó en el country y normalmente con temas ajenos. Este de Johnny Cash lo interpreta a un ritmo más rápido y le queda bordado. De hecho lo que más me gustaba del Young love de Connie Smith era el final, porque daba paso a Folsom.

Hay un Riders in the sky instrumental (son los mejores) a cargo de unos Pridesmen que tal vez sean los músicos de Charley Pride, no sé. Y, si Dolly Parton se carga el In the ghetto de Elvis Presley, Hank Snow cuaja un estupendo Frankie and Johnny, pieza que también interpretó el Rey con fortuna regular. A Jim Reeves siempre es agradable escucharle (aquí con I love you because, también en el repertorio de Pelvis desde su mocedad). Lo demás, cosas discretas de gente famosa en esta escena: Jerry Reed, Waylon Jennings, Dottie West, Jimmy Dean, Charlie Rich y Skeeter Davis.

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02 noviembre 2015

Crazy Cavan´n´The Rhythm Rockers: "Live at the Rainbow"


Había en las estanterías de Simago, impregnados de olor a palomitas, muchos casetes del sello Charlie, distribuidos aquí por Auvi, que solo esperaban el oído que supiera apreciarlos, el mío, claro. De hecho me divertí como un enano durante muchos años con el directo de estos tipos: doce ráfagas de sonido nervioso al servicio de ese vértigo que tanto demoniza Alfonso López Quintás como opuesto al éxtasis que toda buena música debe causar. A lo mejor tiene razón, pero no me preocupa.

Ya he hablado aquí de Crazy Cavan y su banda: rockabilly británico, con estética de teddy boy. Esta cinta fue mi primer contacto con ellos, primero y decisivo. En el escenario de este Rainbow sueltan versiones y cosas propias, como es habitual en toda banda de estas características. De las versiones, la más curiosa es la de Ol´Black Joe, por tratarse de una pieza del siglo XIX, de un tal Foster, un clásico del folklore norteamericano. Constituye el principio del fin del concierto, por decirlo así: un broche de oro que se continúa con una de las más conocidas piezas de su autoría, My little sister´s gotta motorbike (aquí junto con la anterior), en la que Cavan no se corta en hacer el burro imitando el sonido de la moto, que en la versión de estudio aparece sintetizado. Y culmina con Real gone lover, original de Fats Domino, dentro del cual incluyen la despedida, antes de que acabe la canción con un berrido, cosa que me resultaba emocionante, ya ve usted.

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17 octubre 2015

Kenny Rogers: "Collection"

¿Una collection más de Kenny Rogers? Tal vez sí, pero este fue uno de esos casetes en que me acompañó la suerte, porque las canciones reunidas aquí son de las que más suenan a country, dentro  del repertorio del barbas. No están las veleidades crooner tipo Lady ni el country pop, más lo segundo que lo primero, que practicaba con la First Edition.

Algunas, sin embargo, procedían de aquella época, como Reuben James o Ruby don´t take your love to town. Tal vez más. Pero las versiones recogidas aquí son posteriores y, desde luego, mejores (son las que enlazo). Son las que abren cada cara, por cierto. Otra de mis preferidas era Green green grass of home, un clásico con el que tomé contacto por primera vez en su voz, con una letra de esas propicias para hacer llorar, sobre un tipo que sueña con su casa la noche antes de ser ejecutado. Y otra era Lucille, creo que también remozada: en ese caso creo que puedo decir que la Lucille de Waylon Jennings sería superior a Lucillle-Kenny-1 pero inferior a Lucille-Kenny-2, si ustedes me siguen.

Pero todas merecen mucho la pena, salvo la castaña pilonga titulada Sweet music man, donde se metió a compositor, oh vanidad, y el lento que aparece en The gambler, The king of Oak Street, una cosa hipnótica en el peor de los sentidos. Por cierto que The gambler no está. Eso es aparte.

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02 octubre 2015

Rocky Sharpe & The Replays: Let´s go


Tercera salida de Rocky Sharpe and The Replays. Ya no contaban con el factor sorpresa, pero lo cierto es que el repertorio difiere muy poco del que los aupó a la fama. Tal vez los singles no tenían la pegada de Rama Lama Ding Dong o Never: creo que se trató de Get a job (una pieza un tanto oscura, ciertamente) y Come on let´s go, tercera canción del malogrado Ritchie Valens, el de la Bamba y Donna, que poco antes habían grabado Matchbox. En todo caso, por lo que he podido observar, muchos de los temas aquí recogidos son de los que más han pasado a las compilaciones.

Siguen siendo temas de doo-wop pero en este caso hay muchos que proceden de territorios aledaños: ahí está el Never be anyone else but you que popularizó Ricky Nelson; una de Fats Domino, Whole lotta loving; algún que otro número swing como Love love love o Alright ok you win; y lo que para mí es la estrella del disco, que además lo cierra: un Too much monkey business que no reconocería Chuck Berry pero con unos arreglos de guitarra espectaculares. A tono con todo ello el grupo lucía en la portada unos atuendos más rocker, en lugar de las corbatas de Rama Lama y las chupas horterillas de Rock it to Mars. Un buen trabajo.

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09 septiembre 2015

Dolly Parton, Linda Ronstadt y Emmylou Harris: "Trio"


A la altura de 1987 era difícil disputar a estas tres mujeres el trono de la música country. Aunque yo hubiera dicho que el dilema estaba entre Dolly y Emmylou, ya que Linda pertenecía tanto a este mundo como al del rock. En todo caso, era cuestión de tiempo que las reunieran para un trabajo conjunto, que supongo que engrosó bien los fondos de la Warner.

El disco es un primor, desde luego. Nada que ver con chapuzas como la del "cuarteto del millón de dólares" o la de los Highway Men. Para eso se queda uno en casa, si no fuera porque el famoso marketing suple. Aquí no se trata de que no sabes con qué canciones quedarte, sino que no hay por qué quedarse con unas y no con otras. Todas son excelentes de por sí, pero es que además el trío hace un trabajo de impresión. Curiosamente diría que la voz de Emmylou queda siempre muy en tercer plano, mientras que cuando una tiene que hacer de solista normalmente es la de Linda, por ejemplo en Hobo´s meditation, una pieza de Jimme Rodgers a la que llevan a alturas que su autor nunca soñó. Y es lo que hace que Telling me lies llegue a dar un poco en el rostro, porque la Ronstadt a veces chilla demasiado. Esta yo se la habría dado a Emmylou, pero en fin.

Aquí el álbum casi completo y aquí detalles.

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26 agosto 2015

Crazy Cavan´n´The Rhythm Rockers: "Our own way of rockin´"


¿El rock incita a la violencia? Pues a lo mejor sí, y estos chicos no se molestaban en disimularlo, con ese puño envuelto en la cadena de bicicleta. Así golpeaba un personaje de James Hadley Chase, creo recordar.

Estos chicos son una de las bandas más representativas del revival rockabilly en Gran Bretaña, en la segunda mitad de los 70, y allí ese revival fue unido, no sé por qué, a la tribu urbana denominada Teddy Boys, por sus patillas y sus levitas que evocaban la época eduardiana (Teddy = Eduardito, por si eso). Un nombre que llegó a hacerse equivalente a gamberro, y a ustedes les dejo los chistes sobre la SGAE. Ellos mismos solían lucir apariencia de teddy y la alusión a los teddy y a la violencia callejera es frecuente en sus temas (aquí Teddy jive, por ejemplo).

Pero me gustaban y me gustan. De ellos solo tengo este álbum (casete) de estudio (el otro es live). Muy reconocible la voz mediocre pero efectiva de Cavan, que está realmente chiflado, y los solos de guitarra de Lyndon Needs. Y aunque casi nunca cambian de ritmo, no caen en la monotonía, tal vez porque tienen la costumbre de rocanrolizar (con perdón) canciones country, como Tennessee border, o del folklore americano más añejo, como Ol´ Black Joe. También interpretan con frecuencia a Fats Domino (Saturday nite), pero sus propios temas son también muy interesantes. Aquí figura uno de los más conocidos, My little sister´s gotta motorbike.

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18 agosto 2015

Vangelis: "El Greco"


Esta fue una de mis últimas adquisiciones en casete, y lo habré oído tres o cuatro veces, de modo que poco puedo decir de él. Para quien conozca la música de Vangelis, es fácil suponer su contenido. Sólo que aquí quizá se orienta más a lo tremendo, quiero decir que es menos melódico o juguetón que en otros trabajos, y trata de sugerir abismos metafísicos, a tono (se supone) con la espiritualidad de la pintura del Greco. Para ello recabó la colaboración de Montserrat Caballé, que se marca unas coloraturas acongojantes en uno de los movimientos. Sí, pues las pistas no tienen título sino que a la manera de las sinfonías se denominan movimiento uno, dos, tres..., eso sí, sin lo de alegretto, moderato y todo eso.

Es posible que se quedara en una obra demasiado pretenciosa. Desde luego, no añadió mucha gloria a Vangelis.

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10 agosto 2015

La guerra civile spagnola. Inni e canti fascisti e falangisti


Es curioso cómo salir al extranjero despierta la fiebre compradora. Puestos a comprar música, de lo poco que no podías encontrar en España eran estos Himnos y cantos fascistas y falangistas que avizoré en un paseo por Roma. El casete pertenecía a una colección titulada Documenti del nostro tempo y este volumen estaba dedicado a la intervención italiana en la guerra española. Son, en efecto, registros sonoros de la época, por lo que el sonido da de sí lo justo. La cinta mezcla el repertorio italiano con el español. En el primero encontramos rarezas tituladas Se Franco vogliamo seguire (que convierte al caudillo en condotiero), Avanti falangisti o Guadalajara (que resulta un tanto cómica teniendo en cuenta cómo terminó para los mussolinianos la batalla en la ciudad alcarreña). De lo español, aparte de clásicos como el Cara al sol o El novio de la muerte, me resultaban especialmente simpáticas la Canción de los almogávares (Desperta ferro) o Me gusta lo difícil. Pero también cuatro curiosas piezas, de título franciscano, firmadas por los mismos autores, Riego y Cuesta: Canción de la hermana lluvia, Canción de la hermana mañana, Canción del hermano fuego y Canción de la hermana noche. Evidentemente estaban destinadas a dar un poco de romanticismo a aquella sangría. Me conmovía especialmente la última, una especie de nana que imagino solía dar fin a una sesión de canciones junto al fuego (“…y ahora, camaradas, al sueño hay que llamar, que está la hermana noche por cielo, tierra y mar”…)

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09 julio 2015

Kenny G: "The moment"


Supongo que este es el típico disco que los fanáticos del jazz (de los Parker, Coltrane, Miles, Baker) repudiarían como un entusiasta de Hermann Hesse, Kafka o Proust haría con Alberto Vázquez Figueroa. Yo tengo la suerte de no ser de esos y The moment me parece estupendo, aunque no se me ocurre relacionarlo con aquellos monstruos. ¿Música de sala de espera? Sí, y también de café de cuarentones, y de exposición quizá, ¿y qué?

El mejor corte, como se decía entonces, es el primero, el que da título al álbum (como se sigue diciendo). Luego alternan lentos y movidos (Getting on the step es también muy bueno), incluyendo una especie de himno titulado The champions´theme y dos canciones con letra (si no es redundancia), con la colaboración vocal de Toni Braxton (That somebody was you) y Babyface (Everytime I close my eyes). Todo my chic, tú.

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21 junio 2015

Emmylou Harris, "Pieces of the sky"

Debo a José Ramón Pardo mi descubrimiento de Emmylou Harris, debió de ser en la vieja Radio 80 o si no en Radio 3. No sé por qué la tenía catalogada dentro de un country-pop muy aguado. No había tal. No es este mi disco preferido de ella pero, desde luego, todos los de los 70 merecen la pena. Con su voz mejora todo lo que toca, aunque no me acaba de convencer su modo de acabar las frases, así tan atenuado que casi no se le entiende. Hay que decir que su costumbre de hacerse acompañar por una segunda voz (adquirida desde los tiempos de Gram Parsons, su descubridor) añade encanto a sus interpretaciones.

Por empezar con lo mejor, mencionaré Coat of many colors, una de las dianas de Dolly Parton, que interpreta como cabía esperar, es decir en plan más lento; Queen of the silver dollar, pieza cuyos cinco minutos se espera que no terminen (cuando una canción lleva un añadido de la-la-la es que su estribillo merece mucho la pena; es una teoría fantasmagórica mía, ustedes perdonen); Sleepless nights, que luego trataron bastante bien las Judds; y If I could only win your love, una canción de estas de acompañar con balanceo del tronco, cuya versión original a cargo de los Louvin casi prefiero no conocer. En cambio Boulder to Birmingham o Before believing son cosas para olvidar, o para darle al rebobinado hacia adelante, como entonces hacíamos. Y tampoco me convence su "lectura" de la beatliana For no one.


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