23 marzo 2026

Puedo contar contigo

De la abundante correspondencia que mantuvieron Carmen Laforet y Ramón J. Sender tenemos aquí más muestras de lo escrito por el segundo que por la primera. Es un caso raro de amistad por correspondencia: surgió cuando Sender escribió a doña Carmen para felicitarla por Nada, y el intercambio epistolar no se detuvo hasta prácticamente el final de la vida de don Ramón. Para este llegó a tratarse de un auténtico amor platónico, como lo apreciamos por el tono de sus misivas. Pero en ella había también un real aprecio personal y literario. Puede haber mucho de cumplido en los elogios que ambos se tributan, pero estos llegan hasta el punto de estimarse mutuamente como el mejor novelista español vivo. Sender no hace sino aguijar a la autora de Nada para que escriba, pues ya sabemos lo difícil que le resultaba a ella culminar cada obra, mientras que don Ramón era toda una factoría de novelas. Carmen Laforet llegó a escribirle el prólogo a una (la Aventura equinoccial…)

De la literatura de otros apenas hablan, y eso es de lo más frustrante que tiene este libro. Surgen otros temas: Sender trata en varias ocasiones de hacer que ella se declare políticamente, y ella no deja de insistir en que política, cero. Él aprecia la fe religiosa de su corresponsal y él, como con cierto complejo, se dice “religioso a su manera” (esta contradicción no debía de estar entonces tan vulgarizada, de otro modo dudo que un tipo como él la hubiera utilizado). La añoranza de España, por otro lado, se hacía en él cada vez más apremiante, y en contraste no dejan de resultar molestas las apreciaciones negativas de ella hacia su propio país. En fin, “y si habla mal de España…”

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