No se habla del cristal en parte alguna de este libro, salvo
en el título. Cabe deducir que dicha transición estuvo amenazada siempre de
destrucción, que era sumamente frágil, opinión en la cual, desde luego,
Pío Moa no está solo. Se trata de una
crónica de los hechos, más que de un análisis politológico. No está ausente,
sin embargo, la opinión.
Moa nos
habla de tres diseños para la transición: el de
Manuel Fraga, el de
TorcuatoFernández Miranda y el de
Adolfo Suárez. Este último, en rigor, no fue sino una enmienda al segundo, ya que
Suárez fue un instrumento de
Fernández
Miranda que le salió díscolo. El autor se muestra partidario del diseño de
Torcuato (así suele conocérsele). En
efecto, éste suponía (de la ley a la ley) la legitimación histórica del franquismo,
ya que de una ley fundamental del régimen salió la ley para la reforma política
aprobada en 1976.
Suárez, en cambio,
se empeñó en conceder la legitimidad a las izquierdas, con la palabra y con los
hechos, y así hemos podido llegar a donde hoy estamos. El plan
Fraga, por su parte, le parece al autor
que prolongaba demasiado las viejas instituciones.
Un dato que me llama la atención (ya no recordaba, si alguna
vez me interesó, el juego de alianzas en la vida parlamentaria de aquellos
años) es que UCD, capitaneada por Suárez,
se negara en redondo a pactar con Alianza Popular, siempre con el objetivo de captar
votos en la izquierda y con la desdichada idea aquella de que “ustedes (la
izquierda) tienen la legitimidad”. Me recuerda, claro, los asquitos del PP
hacia Vox. Si me hicieran la manida pregunta vargasllosiana, ¿en qué momento se
jostidió España?, probablemente contestara que en el momento en que a Suárez se le ocurrió aquella enormidad.
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