En todo caso, la trama no es esa. Se trata de que hay, como
indica el título, una conjura contra Augusto, movida por próceres disgustados
con el emperador, que tratan de colocar en el trono a un Cesarión que no ha
muerto en Alejandría, como supone la Historia. A causa de Enak, que había
tomado partido por el hijo de Cleopatra, Alix cae en desgracia de Augusto. El
desenlace es feliz para Alix, como cabe esperar, pero resulta más bien
inverosímil.
No es Jacques Martin,
evidentemente. Sigue la pauta de este a la hora de mezclar invención con
historia, y no cabe duda de que, como en Astérix, sirve bastante bien para
aprender cultura clásica. El dibujo tiene la ventaja, sobre el de Martin, de que las caras son menos
parecidas entre sí (Martin tenía
cuatro o cinco moldes), pero quizá dé menos sensación de vida. El guion flojea,
sobre todo si lo comparamos con esas grandes construcciones que son Las legiones perdidas, El último espartano y La tumba etrusca.
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