En este cuarto volumen se recogen tres historias
desarrolladas lejos de Chicago, en las que Jack y Sammy actúan solos, ya que no
tienen dinero para pagar a la pandilla. En la primera viajan al Ártico,
protegiendo a un científico que ha absorbido toda la energía de una pila
atómica de su invención y calienta todo lo que se halla en su cercanía. En la
segunda, deben ejercer de futbolistas en un país, hispanoamericano por las
alusiones, donde tal oficio resulta peligroso debido al fanatismo de los
hinchas. Y la tercera nos traslada a Hollywood, donde Jack ha de hacer de doble
de Randolf Valentini, un ídolo de las mujeres que resulta ser un afeminado.
El dibujo de Berck
y el guion de Cauvin aseguran la
diversión, salpimentada además por esos toques políticamente incorrectos que
suelen adornar a cierto cómic francobelga, empezando por Astérix: las fans
alocadas, el habla afectada del sarasa Valentini, el fanatismo futbolístico… Y,
lo que más se agradece, los personajes fuman y beben como está mandado.
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