atractivo. Me quedé con una de ellas, muy obvia pero que siempre conviene recordar.La tercera es su forma de armonizar -como Cristo- la ortodoxia bíblica y católica con la sensibilidad por la persona. En otras palabras, su amor a la verdad y a la gente; a la doctrina y al discípulo. Este doble amor es el secreto principal de los grandes maestros.
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