Los diálogos los mantienen el político, el príncipe, el señor Z, el
general y la señora. Es difícil
decir si alguno de ellos es el portavoz de las ideas de Soloviev (no desde luego el príncipe),
que más bien parece repartido entre varios, según el diálogo de que se trate:
el general en el primero, el político en el segundo y el señor Z en el tercero
parecen llevar la voz cantante, como confirma el propio autor en el prefacio.
Igualmente es difícil referir cada diálogo a un tema concreto, pues son muchos
los que se abordan. Entre ellos, la licitud de la defensa en el cristianismo,
la realidad del progreso, la suficiencia de la moral o el fin de los tiempos.
El Relato del Anticristo es leído por
uno de los personajes y retrata a la figura en cuestión como una criatura llena
de soberbia, inteligente como Lucifer y desengañada como Judas del auténtico
Mesías, que decide hacerse con las voluntades de los seres humanos
seduciéndolos con el ideal de una paz mundana.
31 octubre 2026
Los tres diálogos y el relato del Anticristo
Si esta obra es en gran parte, como aclara el prólogo y como
se deduce de su lectura, una refutación del “cristianismo” tolstoiano, se me
antoja que tal tolstoianismo se parece un montón al progresismo eclesiástico de
nuestros días. El príncipe de los
diálogos sería la representación literaria del autor de Guerra y paz, que reduce el mensaje de Cristo a una moral a lo Gandhi
trufada de un optimismo terrenal con poco que ver con la auténtica esperanza
cristiana.