22 abril 2026

Humanismo y santidad (II)

Tal como apunté en el comentario a Humanismo y santidad, recojo una selección de párrafos que ilustran el contenido del libro.

 

Moeller aborda “los problemas filosóficos desde la literatura” porque afirma que “la literatura es un campo privilegiado, en el que se pueden sorprender diversas actitudes ante la vida. Y es tanto más cuanto más perfecta es la obra literaria, cuanto más constituye algo artísticamente acabado (...) tanto más ofrece la literatura un testimonio insustituible de la condición humana”

[del prólogo de Bolívar Andrés Batallas Vega; la cita es de un artículo de Moeller]

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[Cita de Peguy] “Como todos los cristianos verdaderamente grandes, Pascal se abstenía de despreciar la Antigüedad; esta posee una secreta gracia, una gracia anterior. De un alma pagana surge la mejor alma cristiana. Esos modernos carecen de alma, pero son los primeros que carecen de ella. El mundo antiguo no carecía, en modo alguno, de alma.”

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Tan solo la concepción cristiana respeta íntegramente la sabiduría grecorromana, la deja intacta, en lo que ella es en realidad: una alborada del cristianismo y una admirable realización humana. Antes bien, los que la mutilan son los que la oponen al cristianismo.

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[Los antiguos paganos] Esos pobres hombres acechados por la muerte, pero esforzándose en ser buenos los unos con los otros, a veces incluso entre enemigos –recordad la entrevista entre Aquiles y Príamo–, ¿no esbozan a su manera los primeros trazos de la caridad cristiana? También en esto, una vez más, ¡qué diferencia de los “héroes modernos”!

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...porque Cristo no había venido aún. Los antiguos no quisieron buscar falsas rutas para llegar a lo absoluto: tuvieron el valor de ver cara a cara toda la miseria humana y aceptar el hecho de que no había remedio definitivo para ella.

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El conocimiento de la Antigüedad resulta útil para comprender mejor el cristianismo como doctrina de salud, primero porque, con Orígenes y Agustín, el cristianismo contrajo una alianza eterna con el helenismo –Clemente de Alejandría se sirvió de Homero para llevar a la fe cristiana–, y segundo porque, habiendo escogido a Cristo, ese Cristo que representa el término deseado, inconscientemente esperado por el héroe, el cristiano se encuentra con que el conocimiento de esa Antigüedad le pone constantemente en un estado de gracia precristiana, en una disposición expectante respetuosa, ante lo que nos falta.

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...el contacto con la cultura grecorromana entraña menos peligro para el cristiano que la excesiva familiaridad con la cultura posterior a Cristo...

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[El Quijote] ...uno de los libros más ricos de pensamiento de la literatura universal...

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La cuestión que constituye el eje de este libro [el Quijote] es precisamente la aparente imposibilidad de conciliar el heroísmo con la sabia sensatez...

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[Don Quijote, en sus últimas aventuras] es demasiado orgulloso para confesar a Sancho que no es un caballero andante, que ya no hay caballeros andantes, pero, en el fondo, él lo sabe y se somete a los castigos que le infligen los hombres...

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Las últimas páginas de Don Quijote evocan invenciblemente el recuerdo de Cristo doliente, humilde y dulce, escarnecido, pero, al propio tiempo, humano, grande y divino...

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[Goethe] tildaba al romanticismo de literatura de enfermo y se asombraba ingenuamente del carácter desesperado de los libros de Novalis, Tieck, etc... No comprendía que esa enfermedad podía ser el envés de una tristeza profunda: la de no encontrar a Dios.

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[Rousseau] se halla en el arranque de una curva que nos lleva, en su postrer recodo, al surrealismo, pasando por el simbolismo y el freudismo.

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El humanismo clásico comienza a partir del momento en que se corrige y enmienda la Naturaleza espontánea. En cambio, para Rousseau y los románticos de todos los tiempos, se trata de volver a la Naturaleza espontánea, al impulso primitivo.

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...ese descenso del hombre a su infierno y su paraíso interior que constituye uno de los distintivos más profundos del arte moderno...

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El romanticismo es el desquite de la vida. Cuando el orden es resultado de una dura conquista del desorden, es vivo, fecundo. Cuando se convierte en una receta, cuando se endurece, se momifica y cede a la rutina –destino inevitable de las cosas humanas–, reclama, en compensación, una nueva afluencia de valores vitales, dinámicos y revolucionarios.

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[Romanticismo] De la locura considerada como una de las bellas artes, o De las bellas artes consideradas como una locura.

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Tanto en el clasicismo como en el romanticismo hay, pues, valores humanos y valores cristianos: equilibrio humano, por un lado, aspiración hacia lo absoluto heroico o místico, por otro; sentido cristiano de los valores terrenos, por una parte, sentimiento de la necesidad de lo infinito, por otra.

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La aspiración romántica es la estela dejada por Cristo en una humanidad que no quiere saber más de Él o le ha olvidado.

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...si el cristianismo nos enseña a abandonar este mundo para buscar lo absoluto, este nos enseña, asimismo, a retornar a este mundo y a hacerlo con el mismo Cristo encarnado, que, además de la piedra clave del mundo invisible, es también, por su carne transfigurada, el centro y destino de este mundo visible.

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Ser humanista, esto es, en nuestra opinión, vivir profundamente la cultura humana, aprender a conocer al hombre en su inmortal y hermoso rostro.

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El humanismo terreno requiere el humanismo escatológico como complemento necesario.

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Santa Teresa de Ávila, que alcanzó la cúspide del desposorio espiritual con Dios, se mostró habilísima en el gobierno de sus funciones monásticas.

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[El humanismo terreno] exige la santidad como medio principal de consumar los valores humanos...

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[El humanismo terreno desempeña el papel de] una causalidad material respecto a la actividad transfigurante de la gracia divina.