04 septiembre 2012

Escritores conversos

Uno queda fascinado por la extraordinaria floración de poetas, novelistas e intelectuales en general que decidieron, durante la primera mitad del pasado siglo, acogerse a la Iglesia católica desde el anglicanismo o al menos acercarse más a este desde una posición de indiferencia. Tanto más cuanto que la gran mayoría perseveró en la iglesia y llegaron a ser incluso grandes apologetas. Y a la vez uno se queda un poco deprimido por no encontrar en su propio país una floración espiritual similar. Bien es cierto que los contextos son diferentes y que en España todo el mundo es más o menos católico y lo que puede hacer es alejarse y acercarse según sople el espíritu o se le haga más o menos caso. Pero no es eso. Aquí apenas hay Eliots, ni Waughs, y mucho menos Chestertons.

En fin, dejémoslo. Lo cierto es que estamos ante un libro mágnífico, no solo porque nos descubre a un montón de personajes interesantes, sino por su esmerada factura. Pearce no se limita a ir poniendo uno detrás de otro a los autores estudiados, sino que procede de modo cronológico y temático a la vez. El caso de Oscar Wilde sirve de algún modo como prólogo, como si este hubiera sido la espoleta o el santo intercesor de esta eclosión . Luego, con el trío Chesterton-Belloc-Baring se inicia el fuego y vamos asistiendo a su propagación por parte del resto de los personajes, que forman, en efecto, una red de mentes. Se nos muestra su actitud frente a la guerra, la crisis de valores, los cambios en la Iglesia, etc., de un modo casi novelístico y con una prosa de buena calidad que nunca atrae la atención sobre si misma. Un buen trabajo.

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