El libro sirve, también, para recordar los episodios
principales de una historia que algunos leímos a marchas forzadas, como la
propia comunidad del anillo.
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CARTAPACIO DE JESÚS SANZ RIOJA
El libro sirve, también, para recordar los episodios
principales de una historia que algunos leímos a marchas forzadas, como la
propia comunidad del anillo.
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En ¡Viva Franco! (con perdón), Fernando Vizcaíno Casas reproduce las palabras de Antonio Reol, ex fiscal del Tribunal Supremo, en ABC de 12 de mayo de 1978, en las que recuerda, entre otras cosas, que durante el régimen de Franco tuvo lugar el “hecho insólito en la Historia de España” del proceso a unos ministros.
Hoy, en democracia, el partido del gobierno reacciona ante
el mismo hecho como un adolescente que dice que el profesor (los jueces) le
tiene manía y le denuncia por ello (al profesor, o sea a los jueces). Pero la
cosa viene de antiguo:
¿Es que, además de la moderación, estamos perdiendo el sentido de las
proporciones, si no lo hemos perdido ya irremisiblemente? ¿Ha visto usted a lo
que ha dado lugar la absolución de la duquesa de Franco? Un partido, con ciento
y pico, mucho pico, de diputados, aquél al que los votos han hecho el segundo
del país, el partido al que el sistema político le ha otorgado el papel de
pieza de recambio en el procedimiento de turno a que pretendemos someter
nuestro devenir, el partido que representa el contraseguro de nuestra
democracia, lanzado a denunciar una sentencia judicial y a pretender que el
Parlamento la desvirtúe o contradiga, ¿puede haber nada más descabellado? ¿Pero
esto qué es, señor Director, una democracia constitucional o una convención?
¿No se da cuenta el Partido Socialista Obrero Español de la incongruencia entre
su enorme poder como el segundo partido de España que puede ser mañana el
primero, y su empresa contra una sentencia judicial?
Era Augusto Assía
en La Vanguardia, 15-V-80, citado en
el mismo libro. Muy atinado lo de Convención, por cierto. Es a lo que vamos,
ahora mismo.
Este ¡Viva Franco!
(con perdón) consta de dos partes: una apología del régimen de Franco y una colección de meteduras de
pata, casos de corrupción, despilfarros, salidas de tono y estupideces varias
protagonizadas por los demócratas. Podría aducirse que muchas de éstas podrían
encontrarse, al menos parecidas, en la etapa anterior, pero el objetivo claro
es mostrar la verdadera dimensión de quienes pretendían (siguen pretendiendo)
lucir un aura de auténticos libertadores.
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es el típico consejero fiel y honrado que sirve de conciencia al héroe de tragedia. Habla con Almanzor:
Un Rey del Ser supremo
es un retrato;
a Dios solo será
lenguaje grato
la voz de la verdad;
así es debido
que te hable con
estilo no fingido.
Adule, finja y mienta,
si gustare,
quien menos tu
carácter venerare;
tal vez de sus
lisonjas más gustoso
oirás el atractivo
delicioso
que el acento severo
que pronuncia
la dura voz que la
verdad anuncia.
Yo te diré verdades:
satisfecho
quedará con decirlas
este pecho,
como queda tu oído desgraciado
cuando necias lisonjas
ha escuchado.
(José Cadalso, Don Sancho García)
Lo que dice del rey podría decirlo de cualquier ser humano, claro.
Cadalso recrea la leyenda de la condesa traidora, bautizando al moro como el más temible de los moros, Almanzor. La condesa bebe los vientos por el africano, cual socialista contemporánea, y se halla dispuesta a matar a su hijo Sancho, heredero natural del condado, para facilitar al muy chulo la corona de Castilla. La tragedia surge de este corazón dividido, pues tragedia pura pretende ser, como mandaban los cuadriculados cánones dieciochescos. Como tal, está escrita en indefectibles endecasílabos pareados, que no resultan agobiantes, al contrario, la obra se lee con interés, diga lo que diga la crítica, para la que Cadalso sigue siendo el autor de ese adoquín titulado Cartas marruecas. Es sorprendente la fortuna que ha tenido ese título en al ámbito escolar.
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...ni sé qué pueda tener
de discreto ni de grave
el marido que no sabe
ser galán de su mujer.
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