04 enero 2026

Ramuncho

Su madre se llama Franchita y su novia Graciosa. Él vive en medio de ásperas montañas y habla una misteriosa lengua milenaria. Es un recio contrabandista y un pelotari consumado, y por la noche salta la tapia de la casa de su novia para pasar largos ratos en su compañía, en el banco de piedra del jardincillo. Pero cuando se va al servicio militar, la madre de ella, que se opone a la relación por ser él hijo ilegítimo, va y la mete en un convento…

Pierre Loti escribía en un tiempo en que una narración con semejantes elementos podía leerse sin provocar carcajadas o erupciones cutáneas. Se entiende que Emilia Pardo Bazán, en el prólogo, saque a colación el Pablo y Virginia de Saint-Pierre, cosa que me chocó hablando de un hombre a quien tenía por una especie de Conrad o de Baroja. En todo caso, Loti salva los muebles gracias a que sabe qué hacer con una pluma. Las dichosas montañas y los atardeceres, los sencillos lugareños y la remota lengua vasca vienen servidos con una estupenda prosa a lo Pereda que resulta más interesante que la propia historia.

__