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15 junio 2026

Amor quieto

Elena Santiago nos cuenta una de amor en el ámbito rural en que suele desarrollar sus creaciones. La niña Avi traba una curiosa amistad con el maduro Leónides, que se convierte en pasión amorosa cuando ella se hace mujer y él queda viudo. El matrimonio de Leónides había sido más bien desafortunado, con una mujer a la que solo le interesaba concebir y que nunca lo logró. Por parte de Avi, la vida tampoco había sido una alegría perenne: la muerte de su hermana había trastornado a su padre, que les abandona, y su tía Gela parece no vivir más que para poner peros a su relación con Leónides.

En fin, una historia de animales racionales (cero Dios) que la autora narra con una prosa exquisita, de cierto barroquismo a lo hispanoamericano, pero sin agobiar, como en algunos de estos. Opta por una doble primera persona, un capítulo narrado por ella, otro por él, alternancia que sólo alguna vez se rompe. Lo cierto es que no consigue que estos amores nos conmuevan ni nos enfaden. Que tengas suerte, Leónides, y que no te deje la moza cuando flaqueen tus potencias.

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13 junio 2026

Plácida, la joven

Plaza & Janés reunió, en su colección El ave Fénix, tres historias cortas de Elena Quiroga aparecidas por primera vez en la década de los 50: “Plácida, la joven”, “Trayecto 1” y “La otra ciudad”. En la primera, la voz narrativa, una mujer, muestra su consternación por la muerte de una joven madre a quien no tuvo tiempo de dedicar unas palabras en el tiempo en que convivieron en el mismo pueblo gallego. Plácida se convierte en imagen de todo ser humano, criatura desamparada y abocada a la muerte, imagen también, por tanto, de la propia narradora, que proyecta en la difunta su propia inquietud existencial.

En “Trayecto 1” el tema es el mismo, pero aquí pasamos del personaje individual al protagonista colectivo, el que se da cita en una línea de autobús madrileña. Hay también un narrador que actúa como cámara subjetiva, pues es uno de los usuarios del transporte. El paso de Joyce por la literatura es aquí palpable, pues Elena Quiroga usa tanto del diálogo caótico y del cambio rápido de enfoque que a veces es difícil seguirla. La muerte también hace acto de presencia, en el último tramo narrativo, en la persona de una hija del conductor, víctima de un absurdo accidente.

“La otra ciudad” es un cementerio, donde habita la familia protagonista, allí empleada. Aquí el eco del neorrealismo es más notorio, también en la opción por el narrador externo, con abundancia de estilo indirecto libre. Dentro de las ordinarias vicisitudes de la familia, el tramo final, con la crónica de la vocación sacerdotal del hijo menor, parece casi un relato dentro del relato, adherido de modo un tanto endeble.

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11 junio 2026

El bien es universal

El azar me ha llevado a leer, uno detrás de otro, un libro que defiende la existencia de la verdad y otro que hace lo propio con el bien. David Cerdá reivindica la moral como ciencia, lo que implica que es capaz de llegar a conclusiones ciertas y válidas universalmente, contra la difundida creencia acerca de lo contrario. Y, a la vez, defiende la identidad entre ética y moral, contra quienes piensan que aquella se refiere a lo que es válido para todos y en todo momento, mientras que ésta tiene como objeto lo que es válido solo para una comunidad humana determinada: la ética sería, pues, universal, y la moral relativa.

“Cualquier otra ciencia es perjudicial para quien carece de la ciencia de la bondad”, asegura Montaigne en cita que encabeza el volumen. Como ciencia, la moral es capaz de progresar, pero al hombre de cada tiempo le compete asumir ese progreso o por el contrario rechazarlo y refugiarse en posturas que suponen un subdesarrollo, como son el amoralismo, el nihilismo y el subjetivismo, que el autor desarrolla en uno de sus capítulos. Dedica también un espacio interesante a desmontar la importancia concedida a los “valores”, concepto vaporoso del que con frecuencia se echa mano para evitar hablar del bien.

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08 junio 2026

Príncipe Valiente, 1942-1944

Val deja en estos números sus aventuras romanas para partir hacia nuevos lances heroicos, con algún receso en Camelot. Damas vengadoras, vikingos, ladrones, caballeros presuntuosos y doncellas bravas, junto con las propias fuerzas de la naturaleza (él y sus hombres llegan a encontrarse con el Kraken, que los ignora olímpicamente), son sus oponentes. Vemos a Gawain ceder alguna vez a las debilidades humanas pero siempre resurgiendo, y a Val, como siempre, sucumbiendo solo a su pundonor. Sus cualidades de luchador, estratega y artífice de todo tipo de trucos no varían, mientras que en las temporadas de descanso sigue ejerciendo de trovador y galanteador de doncellas. Hay un reencuentro con su padre, cuyo reino habrá de defender de nuevo, y con el viejo usurpador Sligon, convertido en personaje de comedia. La edición, como el tomo anterior que comenté, es de Planeta de Agostini, 2006.

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04 junio 2026

El destronamiento de la verdad

Rialp publica bajo este título tres breves textos de Dietrich von Hildebrand: el primero y el tercero aparecieron como artículos en revistas y el segundo es un capítulo dentro de una obra mayor. La idea común es, claro, la que expresa el título: el desprecio de la noción de verdad en la actividad filosófica y, como consecuencia, el escepticismo instalado en la vida cotidiana.

El primer artículo, que se titula como el libro, ofrece un repaso a las diferentes tendencias negadoras de la verdad: nihilismo, historicismo, relativismo, y su plasmación en los regímenes totalitarios, y señala a Kant como predecesor de todo ello, al sustituir la verdad objetiva por el postulado. Para Hildebrand, hay que devolver a la razón su ordenación hacia la verdad: en último término, volver a la luz suprarracional de Cristo.

Porque Cristo es la verdad hecha persona, y la fe en Él no puede separarse de lo que Él es. El segundo texto (“El debilitamiento de la verdad”) pone de manifiesto que la fe en presupone la fe que: es lo que los teólogos llaman, respectivamente, fides qua y fides quae. La absoluta confianza en Cristo, la fe de los protestantes, no puede obviar la adhesión a los misterios revelados.

Enlazando con esto, el último ensayo, “Falsos frentes”, muestra cómo “...a lo largo de los dos mil últimos años en el mundo solo ha habido dos frentes: el frente a favor de Cristo y el frente en contra de Cristo. Él es la piedra angular que distingue a todos los espíritus. Cualquier otra antítesis evita la cuestión fundamental y, por tanto, es superficial”. Esto no presupone una fe personal, sino que “el criterio es la cuestión de en qué medida nos adherimos a los principios del Occidente cristiano en el aspecto moral, legal, sociológico y cultural”. Adhesión que se manifiesta, como condición sine qua non, en “el respeto profundo a la verdad”.

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01 junio 2026

Memorias políticas

Federico Silva Muñoz fue un competente ministro de Obras Públicas en los años del desarrollo y serio candidato a presidir el gobierno tanto a la muerte de Carrero como tras la dimisión de Arias. Al menos, según estas memorias, que divide en tres partes: antes, durante y después del ministerio. De la primera destacan sus empresas culturales en el seno de la Asociación católica de propagandistas (de la que fue secretario general), junto con otros que después serían importantes actores de la transición: Leopoldo Calvo Sotelo, Landelino Lavilla o Alfonso Osorio, entre otros. La parte central se dedica, por supuesto, a glosar su labor al frente del ministerio en el contexto de las sucesivas crisis de gobierno de aquel régimen, mientras que la última se centra sobre todo en la puesta en marcha de Alianza Popular y en los Pactos de la Moncloa, en los que Silva tomó parte activa.

Hay que decir que estas memorias resultan menos ácidas que otras del mismo estilo, sobre todo porque Silva no busca el ajuste de cuentas con nadie: de hecho, apenas se notan malquerencias y cuando hay que decir algo menos bueno de alguien no lo cita, “porque ya murió” o con algún otro pretexto. De este libro me quedaría con la semblanza que hace de Franco, que como buen técnico resume en una serie de puntos que él desarrolla y que yo aquí simplemente enumero: una mente analítica; una prudencia rayana en la desconfianza de todo y de todos; un profundo sentido del deber y de su cumplimiento; una ironía y un sentido del humor poco comunes; un ejercicio constante de la moderación; un valor extraordinario.

Destaco también la siguiente anécdota, sucedida en el contexto de una cena-tertulia de la etapa anterior al ministerio, y que revela el lado jocoso de un personaje normalmente tenido por adusto y carilargo:

Acababa de producirse la crisis de 1957, entonces Fueyo, dirigiéndose a Pérez Embid que ocupaba el centro de una de las bandas de la mesa rectangular, le preguntó: “¿Cuántos ministros hay del Opus Dei en el actual gobierno?” Pérez Embid respondió: “Salvo Alberto Ullastres, que lo es conocidamente como yo –y mostraba su anillo–, de los demás nada sé, al igual que si me preguntaran cuántos socios de la Obra hay en esta mesa.” Se produjo un silencio embarazosísimo, que rompió Leopoldo Calvo Sotelo, quien llevándose la mano al pecho y dirigiéndose a Pérez Embid le preguntó: “Por ventura, ¿seré yo, maestro?” Fue difícil seguir hablando.

Entre los habituales anexos, coloca Silva Muñoz unos versos que Torcuato Luca de Tena dirigió a los mismos contertulios agradeciendo un homenaje. Son ingeniosos, pero me llaman la atención porque revelan quién inventó aquello del “ten con ten entre el cilicio y el Rémy Martin” que creo que resucitó Alfonso Guerra para meterse con los del Opus Dei. Don Torcuato lo dirigía a Pérez Embid y, desde luego, sin el menor ánimo de fastidiar:

Maquiavélico del bien,

por hábil, astuto y fino

—cilicio y Rémy Martin,

cielo y tierra ten con ten—,

le decimos “florentino”.

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26 mayo 2026

Sana doctrina

[Habla de mortificar las potencias del alma]

Finalmente, dominad vuestra voluntad. A todos nosotros nos gusta hacer nuestra propia voluntad; consultemos la voluntad de los demás. Muchas personas están obligadas a hacerlo. Los sirvientes están obligados a hacer la voluntad de sus señores; los trabajadores, la de sus patronos; los niños, la de sus padres, y los maridos, la de sus mujeres.

John Henry Newman, Sermones católicos. Subrayado mío.

Puedo asegurar que no hay ironía alguna. No la hay en el conjunto del texto y por tanto aquí sería extemporánea.



24 mayo 2026

Rosario de sonetos líricos

No sorprende comprobar que la característica más acentuada, en lo formal, de estos sonetos unamunianos es la frecuencia del encabalgamiento, y además abrupto, y a mayor abundamiento entre estrofas: muy propio de la inquietud y la vehemencia del personaje. Por lo demás, Unamuno demuestra su dominio del léxico, que le permite, entre otras cosas, ligar unos consonantes rotundos: saldo/gualdo, cincho/pincho, empeño/sedeño, gonces/entonces, remedia/acedia, etc. etc. Canta al Cristo que se fabricó, o que se fabricaba a cada paso; a las “tierras de Portugal y España”; y al ansia de vivir, que le lleva hasta la blasfemia, que en buena poesía no es tanto, claro (“de la avaricia/de Dios sea tu vida una protesta”): de hecho, este soneto es desarrollo de la frase que lo encabeza, obra de un/una tal Senancour (no lo/la conozco), que dice: si le néant nous es reservé, ne faisons pas que ce soit une justice. Lo que no deja de ser una afirmación de la inmortalidad de la persona por la vía del absurdo: si el futuro es la nada, no nos queda, en estricta justicia, más que hacer el animal.

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20 mayo 2026

Machado

 Nada hay más temible que el celo sacerdotal de los incrédulos.

(En Juan de Mairena, claro)



16 mayo 2026

Poesías (Carolina Coronado)

Ediciones Aliar recupera el volumen publicado en vida de la autora, que no recoge toda su producción poética. Vemos en estas Poesías una gran variedad de metros, que la autora maneja con soltura, y unos temas muy propios de la época romántica: a veces canta directamente a los sentimientos de melancolía y de soledad y otras veces estos sentimientos aparecen sugeridos a través de la naturaleza: “Al otoño”, “A una gota de rocío”, “A una estrella” ... En este sentido, aparecen varios poemas dedicados a las flores (“Al jazmín”, “A la siempreviva”...) Hay una serie de cuatro poemas que titula “Los cantos de Safo”, de los que mi desconocimiento de la poetisa griega me impide decir si son traducción, paráfrasis o simple homenaje. Y hay uno que hará las delicias de todos los que ven una feminista en cualquier criatura con faldas que publique algo: “El marido verdugo”.

Digamos que le falta mucho para ser Bécquer, incluso para ser Espronceda, pero no está mal.

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13 mayo 2026

En el artículo “España y Europa”,

publicado en el número 1 de Punta Europa (enero 1956), Christopher Dawson incidía en el complejo de inferioridad de los españoles en cuanto a su historia y su cultura, partiendo de una realidad: lo poco que los extranjeros se ocupan de España.

...mientras la política española ha despertado siempre profundo interés y controversia, la historia de España ha sido extrañamente abandonada por la mayoría de los que han escrito sobre cultura europea [...] [Estos], salvo alguna rara excepción, como Ranke en el pasado o Curtius actualmente, han mostrado una extraordinaria falta de interés y, con frecuencia, una sorprendente ignorancia sobre cuál haya sido la contribución de España a la herencia común de la cultura occidental o sobre la luz que la evolución de España pueda arrojar sobre el proceso de la evolución europea.

Tenga esto o no que ver, lo cierto es que los españoles pasaron mucho tiempo (quizá hasta hoy mismo) cuestionando su europeidad, cuando no, añado por mi cuenta, problematizándose a sí mismos por esa razón.

No hay nación que haya prestado mayor atención a sus relaciones con Europa, al problema de cómo conciliar su propia y característica tradición nacional con la línea general de la cultura europea. Esto ha ocurrido particularmente en los últimos 50 o 60 años, desde 1898, en cuando que la generación del 98 fue profunda y casi morbosamente consciente de la divergencia entre España y Europa, y de la necesidad de una nueva síntesis que asegurase las características esenciales de la cultura española, poniendo fin a la vez al aislamiento en que se había hallado España durante el siglo XVIII y buena parte del XIX.

Si es que ese aislamiento fue real, como vienen dudando, y ya es hora, muchos revisionistas de nuestro siglo. Lo curioso es que

En el Norte, la idea de Europa se asocia a la idea de tradición y especialmente a la idea de Cristiandad como unidad supranacional. En España, por el contrario, el concepto de Europa ha adquirido un carácter antitradicional. Se asocia con innovación e introducción de nuevas formas de vida y de ideas revolucionarias y subversivas.



10 mayo 2026

Enemigos

“El Señor no nos pide no tener enemigos, sino amarlos”, dice el cardenal Sarah. San Josemaría, sin embargo, nos exhortaba a tener sólo amigos, “de la izquierda y de la derecha”; se refería, claro, a no tener enemigos personales. En ese sentido, amar a los enemigos es lo mismo que no tenerlos. Sarah se refiere a los que son enemigos nuestros por serlo de la Iglesia: esos no podemos ignorarlos, pero

la fortaleza cristiana tiene que infundir en nosotros el coraje para enfrentarnos sin miedo a las sonrisas desdeñosas de los biempensantes, de los medios y de las supuestas élites. Debemos recuperar la audacia de hacer frente a la inquisición secularista que expide certificados de buena conducta y estigmatiza desde lo alto de la autoridad que se ha conferido a sí misma.

(En Se hace tarde y anochece, capítulo 17)



08 mayo 2026

Nada más que la verdad

Con la colaboración del periodista Saverio Gaeta, Georg Gänswein hace una crónica de los años en que fue secretario personal de Benedicto XVI, que arrancan de la época en que este era prefecto de Doctrina de la Fe y se prolongan hasta la muerte del Papa, ya en el retiro. La idea es arrojar luz frente a las informaciones sensacionalistas que en torno a este pontificado y sus aledaños se fueron dando. En ese sentido, para lo que frecuentamos información fiable sobre los asuntos eclesiásticos quizá no resulte un libro que revele gran cosa. Por eso me voy a limitar a un punto.

Con motivo de la entrevista que Francisco concedió a Antonio Spadaro a los seis meses de su elección, el nuevo Papa pidió a Benedicto su parecer sobre lo que allí se decía. A propósito del modo en que los católicos debían hablar sobre cuestiones como el aborto o la homosexualidad, Benedicto muestra su acuerdo en términos diplomatiquísimos (y respetuosísimos, por supuesto). Sin embargo,

Me gustaría añadir un aspecto complementario. Por haber vivido 23 años junto al Beato Juan Pablo II, fui testigo del modo apasionado con el que llevó adelante su lucha por la vida. Comprendí que el beato Papa veía en la lucha pro-vida, junto con la lucha por los derechos humanos, un núcleo esencial de su misión. Y comprendí también que para Juan Pablo II esto no era un moralismo, sino la lucha pro la presencia de Dios en la vida humana. Juan Pablo II, así lo aprendí, había comprendido que el aborto y las formas de procreación artificial, de manipulación y de destrucción de vidas humanas eran sustancialmente un “no” al Creador. El hombre por sí solo se crea y se destruye. En este sentido, la gran lucha pro-vida fue la lucha por el Creador. Es verdad que en varias ramas del movimiento pro-vida no estaba suficientemente presente esta gran perspectiva y no faltaba el unilateralismo. Por consiguiente, es necesario un reequilibrio, pero la lucha pública contra esta negación concreta y práctica del Dios vivo sigue siendo ciertamente una necesidad.

Con respecto a la homosexualidad y cuestiones conexas:

La filosofía del gender que aquí está en juego nos enseña que es la misma persona particular la que se hace hombre o mujer. El ser hombre o mujer ya no es una realidad de la naturaleza que nos precede. El hombre es un producto de sí mismo. La filosofía de Sartre se concretó de una manera que en aquel momento todavía no era previsible. Se trata de una negación radical del creador y de una manipulación del ser en la que solo el hombre es dueño de sí mismo. En esta propaganda no nos interesa para nada el bien de las personas homosexuales, sino una voluntad de manipulación del ser y una negación radical del Creador. Sé que muchas personas homosexuales no están de acuerdo con estas manipulaciones y sienten que el problema de su vida se convierte en un pretexto para una guerra ideológica; por consiguiente, es necesaria una resistencia fuerte y pública contra esta presión. Debemos lleva a cabo esta resistencia sin perder el equilibrio entre el amor del pastor y la verdad de fe en la vida pastoral.

Dejo constancia también de un par de perplejidades de Benedicto XVI, que comparto.

Con respecto a Amoris laetitia,

...continuaba sin comprender el motivo por el que se había dejado flotar en el documento una cierta ambigüedad, que permitía interpretaciones no unívocas.

Y, sobre los Dubia presentados por cuatro cardenales acerca del mismo documento,

Benedicto se quedó solo humanamente sorprendido por la ausencia de cualquier señal de réplica por parte del Pontífice, a pesar de que Francisco normalmente se mostraba disponible a reunirse y a hablar con cualquiera.

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27 abril 2026

Y aún no se ha muerto, tú

 

...odiaba con todo el odio de que era capaz la generación naciente, esos patanes aterradores a quienes parece resultarles necesario hablar y reírse a todo pulmón en los restaurantes y cafés...

En Joris Karl Huysmans, A contrapelo (1884)



26 abril 2026

De guagua

 Así traduce Fernando Gutiérrez la expresión equivalente a "de gorra" en la Odisea. Nunca lo había oído. Según parece, se usa en Canarias y en el Caribe, aludiendo a lo fácil que era colarse sin pagar en el autobús...



22 abril 2026

Humanismo y santidad (II)

Tal como apunté en el comentario a Humanismo y santidad, recojo una selección de párrafos que ilustran el contenido del libro.

 

Moeller aborda “los problemas filosóficos desde la literatura” porque afirma que “la literatura es un campo privilegiado, en el que se pueden sorprender diversas actitudes ante la vida. Y es tanto más cuanto más perfecta es la obra literaria, cuanto más constituye algo artísticamente acabado (...) tanto más ofrece la literatura un testimonio insustituible de la condición humana”

[del prólogo de Bolívar Andrés Batallas Vega; la cita es de un artículo de Moeller]

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[Cita de Peguy] “Como todos los cristianos verdaderamente grandes, Pascal se abstenía de despreciar la Antigüedad; esta posee una secreta gracia, una gracia anterior. De un alma pagana surge la mejor alma cristiana. Esos modernos carecen de alma, pero son los primeros que carecen de ella. El mundo antiguo no carecía, en modo alguno, de alma.”

...

Tan solo la concepción cristiana respeta íntegramente la sabiduría grecorromana, la deja intacta, en lo que ella es en realidad: una alborada del cristianismo y una admirable realización humana. Antes bien, los que la mutilan son los que la oponen al cristianismo.

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[Los antiguos paganos] Esos pobres hombres acechados por la muerte, pero esforzándose en ser buenos los unos con los otros, a veces incluso entre enemigos –recordad la entrevista entre Aquiles y Príamo–, ¿no esbozan a su manera los primeros trazos de la caridad cristiana? También en esto, una vez más, ¡qué diferencia de los “héroes modernos”!

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...porque Cristo no había venido aún. Los antiguos no quisieron buscar falsas rutas para llegar a lo absoluto: tuvieron el valor de ver cara a cara toda la miseria humana y aceptar el hecho de que no había remedio definitivo para ella.

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El conocimiento de la Antigüedad resulta útil para comprender mejor el cristianismo como doctrina de salud, primero porque, con Orígenes y Agustín, el cristianismo contrajo una alianza eterna con el helenismo –Clemente de Alejandría se sirvió de Homero para llevar a la fe cristiana–, y segundo porque, habiendo escogido a Cristo, ese Cristo que representa el término deseado, inconscientemente esperado por el héroe, el cristiano se encuentra con que el conocimiento de esa Antigüedad le pone constantemente en un estado de gracia precristiana, en una disposición expectante respetuosa, ante lo que nos falta.

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...el contacto con la cultura grecorromana entraña menos peligro para el cristiano que la excesiva familiaridad con la cultura posterior a Cristo...

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[El Quijote] ...uno de los libros más ricos de pensamiento de la literatura universal...

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La cuestión que constituye el eje de este libro [el Quijote] es precisamente la aparente imposibilidad de conciliar el heroísmo con la sabia sensatez...

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[Don Quijote, en sus últimas aventuras] es demasiado orgulloso para confesar a Sancho que no es un caballero andante, que ya no hay caballeros andantes, pero, en el fondo, él lo sabe y se somete a los castigos que le infligen los hombres...

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Las últimas páginas de Don Quijote evocan invenciblemente el recuerdo de Cristo doliente, humilde y dulce, escarnecido, pero, al propio tiempo, humano, grande y divino...

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[Goethe] tildaba al romanticismo de literatura de enfermo y se asombraba ingenuamente del carácter desesperado de los libros de Novalis, Tieck, etc... No comprendía que esa enfermedad podía ser el envés de una tristeza profunda: la de no encontrar a Dios.

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[Rousseau] se halla en el arranque de una curva que nos lleva, en su postrer recodo, al surrealismo, pasando por el simbolismo y el freudismo.

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El humanismo clásico comienza a partir del momento en que se corrige y enmienda la Naturaleza espontánea. En cambio, para Rousseau y los románticos de todos los tiempos, se trata de volver a la Naturaleza espontánea, al impulso primitivo.

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...ese descenso del hombre a su infierno y su paraíso interior que constituye uno de los distintivos más profundos del arte moderno...

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El romanticismo es el desquite de la vida. Cuando el orden es resultado de una dura conquista del desorden, es vivo, fecundo. Cuando se convierte en una receta, cuando se endurece, se momifica y cede a la rutina –destino inevitable de las cosas humanas–, reclama, en compensación, una nueva afluencia de valores vitales, dinámicos y revolucionarios.

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[Romanticismo] De la locura considerada como una de las bellas artes, o De las bellas artes consideradas como una locura.

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Tanto en el clasicismo como en el romanticismo hay, pues, valores humanos y valores cristianos: equilibrio humano, por un lado, aspiración hacia lo absoluto heroico o místico, por otro; sentido cristiano de los valores terrenos, por una parte, sentimiento de la necesidad de lo infinito, por otra.

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La aspiración romántica es la estela dejada por Cristo en una humanidad que no quiere saber más de Él o le ha olvidado.

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...si el cristianismo nos enseña a abandonar este mundo para buscar lo absoluto, este nos enseña, asimismo, a retornar a este mundo y a hacerlo con el mismo Cristo encarnado, que, además de la piedra clave del mundo invisible, es también, por su carne transfigurada, el centro y destino de este mundo visible.

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Ser humanista, esto es, en nuestra opinión, vivir profundamente la cultura humana, aprender a conocer al hombre en su inmortal y hermoso rostro.

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El humanismo terreno requiere el humanismo escatológico como complemento necesario.

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Santa Teresa de Ávila, que alcanzó la cúspide del desposorio espiritual con Dios, se mostró habilísima en el gobierno de sus funciones monásticas.

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[El humanismo terreno] exige la santidad como medio principal de consumar los valores humanos...

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[El humanismo terreno desempeña el papel de] una causalidad material respecto a la actividad transfigurante de la gracia divina.

 


15 abril 2026

Humanismo y santidad


La cultura clásica alcanzó el esplendor que conocemos explorando las cualidades del ser humano: una criatura que sin embargo siempre quiso ser más, desbordar las posibilidades de su naturaleza para igualarse con los dioses. Esto, que fue imposible para los antiguos, los sumió en una especie de melancólica resignación. Solo con Cristo esa vieja aspiración a sublimarse tuvo ocasión de hacerse realidad. La obra de Moeller desarrolla esa relación entre lo que llama el humanismo terreno y el humanismo escatológico: todo lo que el hombre es por naturaleza y lo que es gracias al nacimiento a lo sobrenatural hecho posible por Cristo. Para Moeller, lo que llamamos clasicismo y romanticismo en literatura está en íntima relación con esa dualidad. Tanto clásicos como románticos nos hablan de un hombre incompleto, los primeros por ceñirse a lo que ya no es, es decir, el hombre no elevado a lo sobrenatural, y los segundos por seguir buscando esa sublimación fuera de Cristo. Montaigne y Goethe serían los máximos representantes del clasicismo después de los clásicos, mientras que Rousseau y Nietzsche serían la mejor expresión de lo romántico. Solo Cervantes ha sido capaz de armonizar las dos posturas, haciendo que su héroe, paradigma de lo humano que quiso ser más, lo consiga al fin en el lecho de muerte, no como había pensado en los días de su locura sino acogiendo a su Salvador y abandonando sus fantasías: “Bendito sea el todopoderoso Dios, que tanto bien me ha hecho”.

El libro está formado por seis conferencias que ha reunido la editorial Encuentro, como hizo con el Libertad para qué de Bernanos. Dedicaré alguna otra entrada a ilustrar el pensamiento del autor con unas cuantas citas.

12 abril 2026

Lucky Luke integral, volumen I

Este primer volumen recoge “Raíles en la pradera”, Lucky Luke contra Joss Jamon”, “El juez”, “Los primos Dalton” y “La carrera por Oklahoma”. El segundo y el cuarto me eran desconocidos y no tenía idea de que los Dalton, Joe, Jack, William y Averell, eran primos de unos Dalton que al parecer existieron en la realidad y en alguna que otra película. Ese y muchos otros pormenores vienen explicados extensamente en la introducción, estupendamente ilustrada por otra parte. Las aventuras, como sabemos, reproducen tópicos del oeste y figuras legendarias, como la del juez Roy Bean en este volumen. Cosa que no importa, claro, porque lo relevante son los golpes cómicos del gran Goscinny bien apoyado por Morris. Muy recomendable, por supuesto.

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08 abril 2026

Conversación en La Catedral

Enésima novela hispanoamericana sobre un gobierno corrupto (de verdad, ¿para esto se independizaron?). La hace original la técnica narrativa, solo aparentemente compleja, ya que pronto te haces con ella e identificas a los interlocutores y los cambios bruscos de tiempo y espacio, que es lo que más desorienta al principio. Es como una de esas películas actuales de intriga, que cambian vertiginosamente de escenario y de personajes. Solo que aquí me pregunto si todo eso tiene algún sentido. Otra cosa que la diferencia de, por ejemplo, Yo, el supremo o El señor presidente es que el jefe supremo no aparece nunca, sino solo su entorno, que se prolonga hasta lo ínfimo de la escala social. Un favorito, un colaborador puesto en entredicho, el hijo de éste, atraído al principio por los partidos de oposición; periodistas, chóferes, rameras, matones. Según el autor, trataba de hacer ver los efectos perniciosos de la dictadura hasta en los ambientes alejados de lo político. Pero no convence: una dictadura de ocho años es incapaz de producir, por sí sola, semejante caterva de degenerados. Si el Perú de la época era así, habría que buscar causas más de fondo. Pero no creo que lo fuera ni que lo sea hoy. Vargas parece complacerse, como es su costumbre, en su mirada sucia, en dirigir el reflector a la jeripundia.

Y, ya que empleo este localismo, hay que decir que son los localismos, quizá, lo que hace más atractiva la novela, y en eso salen perdiendo los peruanos, para quienes no es novedad.

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01 abril 2026

El gatopardo

La frase más famosa de El gatopardo es la que dice Tancredi en el primer capítulo, en conversación con el príncipe Salina: “... si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie”. Pero el escepticismo de fondo de esta novela va más allá aún. Los capítulos finales son de una negrura que ya se atisba en los precedentes, pero que tiene aquí su precipitado final. Ni el viejo orden ni la revolución merecen que se invierta algún esfuerzo vital. Si solo esperamos en esta vida, somos los más desgraciados de los hombres todos. Solo queda la esperanza individual en el más allá, representada por la confesión y absolución final del príncipe, que tiene mucho de convención también, sí, pero que recibe como quien se retira por fin al descanso. Qué se hizo de la belleza, de la lozanía, de los amores, aquellos valses, aquellas bravatas entre compañeros de armas. Todo lanzado por la ventana como el perro Bendicò, disecado, al final del drama. En ese sentido, Lampedusa fue mucho más lúcido que sus contemporáneos aún seducidos por la ilusión marxista, y no es extraño que la novela inspirara rechazo en los editores más notables del momento, como lo inspiró Rebelión en la granja, por ejemplo. Hoy miramos con más objetividad y podemos apreciar este primer y casi único fruto de un artista cuya temprana muerte lamentamos.

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27 marzo 2026

Epistolario español

Jaime Ferreiro Alemparte reúne las cartas que escribió Rilke desde Toledo y Ronda, alguna desde Sevilla y alguna desde Madrid. Toledo fue, según nos explica el editor, como una revelación largamente buscada y sentida, y un punto de partida para su obra posterior. La ciudad malagueña, cuyo pintoresco emplazamiento no deja de suscitar tampoco en el poeta praguense profundas consideraciones de orden metafísico, viene a completar de modo satisfactorio la experiencia toledana. Sevilla, en cambio, como no deja de hacer notar, fue una gran decepción.

Dejo algunas de las impresiones que Toledo produce en Rilke. Ni que decir tiene que a todos nos gustaría poder reproducirlas en nuestras visitas a la ciudad imperial.

 

Si usted se imagina una cosa visible al mismo tiempo a los vivos, a los muertos y a los ángeles, es esta. Créame.

...una ciudad que es para mí de una importancia sencillamente indescriptible, algo así como si todo mi interior la hubiera presentido y esperado hace muchos años. La tierra se me ha hecho más grandiosa en muchos sentidos desde que sé que existe tal ciudad.

Es maravilloso pensar que una ciudad tan incomparable como Toledo me resulta tan afín, porque en modo alguno se resuelve en lo humano, sino que, situada a la manera de un astro […], se alza a través de todas las dimensiones de lo visible como una aparición que va desde la mirada del animal hasta la contemplación del ángel.

…no, no es posible salir de esta ciudad, a no ser derechamente al cielo en una huracanada Asunción.

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23 marzo 2026

Puedo contar contigo

De la abundante correspondencia que mantuvieron Carmen Laforet y Ramón J. Sender tenemos aquí más muestras de lo escrito por el segundo que por la primera. Es un caso raro de amistad por correspondencia: surgió cuando Sender escribió a doña Carmen para felicitarla por Nada, y el intercambio epistolar no se detuvo hasta prácticamente el final de la vida de don Ramón. Para este llegó a tratarse de un auténtico amor platónico, como lo apreciamos por el tono de sus misivas. Pero en ella había también un real aprecio personal y literario. Puede haber mucho de cumplido en los elogios que ambos se tributan, pero estos llegan hasta el punto de estimarse mutuamente como el mejor novelista español vivo. Sender no hace sino aguijar a la autora de Nada para que escriba, pues ya sabemos lo difícil que le resultaba a ella culminar cada obra, mientras que don Ramón era toda una factoría de novelas. Carmen Laforet llegó a escribirle el prólogo a una (la Aventura equinoccial…)

De la literatura de otros apenas hablan, y eso es de lo más frustrante que tiene este libro. Surgen otros temas: Sender trata en varias ocasiones de hacer que ella se declare políticamente, y ella no deja de insistir en que política, cero. Él aprecia la fe religiosa de su corresponsal y él, como con cierto complejo, se dice “religioso a su manera” (esta contradicción no debía de estar entonces tan vulgarizada, de otro modo dudo que un tipo como él la hubiera utilizado). La añoranza de España, por otro lado, se hacía en él cada vez más apremiante, y en contraste no dejan de resultar molestas las apreciaciones negativas de ella hacia su propio país. En fin, “y si habla mal de España…”

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21 marzo 2026

Más testigos que teólogos

…las personas de esa organización [el Opus Dei] que traté son las más dignas de estimación y respeto que he conocido en mi vida. Liberales, tolerantes, generosos, sabios, discretos. Yo discutí con ellos sobre religión y me escucharon con interés, aunque yo debía parecerles obviamente un endemoniado. No me cabe la menor duda de que, al margen de partidos y tendencias, y de rótulos y banderas, son la mejor gente de España.

Ramón J. Sender, carta a Carmen Laforet, 9 de diciembre de 1975 (recogida en Puedo contar contigo)

Era la primera visita de Sender a España desde 1939. La observación es doblemente interesante porque en una carta muy anterior había emitido otra opinión sobre el Opus Dei, obviamente lastrada por el prejuicio. No hay como tomar contacto con la realidad.



 

 

 

19 marzo 2026

Cuentos de humor y de horror

Son breves piezas en las que predomina el humor sobre el horror, que, cuando existe, se concreta en la narración de sucesos macabros y violentos como si se tratase de narrar una comida familiar: es decir, humor negro, más que horror. Un humor británico a carta cabal, donde cada diálogo se recubre de una exquisitez de té con pastas, con circunloquios que disimulan la tirantez, la agresividad o el desgarro.

Me gustaría que la cocinera aprendiera a preparar el curry o que tuviera el buen tino de no intentarlo.

La señora Momeby apretó contra sí al Erik genuino, como si temiera que su terrible vecina, por resentimiento, pudiera transformarlo en un acuario de peces dorados.

Lo que más se asemejaba a su ideal de un sedante nervioso era un music-hall atestado donde una ruidosa orquesta brindara una interpretación exuberante de 1812 [después de asistir a una serie de sucesos alucinantes en una granja].

…en cierta ocasión se había comido cuatro manzanas verdes en el jardín botánico, de modo que se le atribuía en general un ingenio bastante áspero. Las malas lenguas murmuraban que dormía en una hamaca y que entendía los poemas de Yeats, pero su familia negaba ambas acusaciones.

Y así. La lectura resulta deliciosa, aunque algunos finales te dejen de un aire, hasta que los pillas. Pasa a veces con los chistes.  

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16 marzo 2026

La transición de cristal

No se habla del cristal en parte alguna de este libro, salvo en el título. Cabe deducir que dicha transición estuvo amenazada siempre de destrucción, que era sumamente frágil, opinión en la cual, desde luego, Pío Moa no está solo. Se trata de una crónica de los hechos, más que de un análisis politológico. No está ausente, sin embargo, la opinión. Moa nos habla de tres diseños para la transición: el de Manuel Fraga, el de TorcuatoFernández Miranda y el de Adolfo Suárez. Este último, en rigor, no fue sino una enmienda al segundo, ya que Suárez fue un instrumento de Fernández Miranda que le salió díscolo. El autor se muestra partidario del diseño de Torcuato (así suele conocérsele). En efecto, éste suponía (de la ley a la ley) la legitimación histórica del franquismo, ya que de una ley fundamental del régimen salió la ley para la reforma política aprobada en 1976. Suárez, en cambio, se empeñó en conceder la legitimidad a las izquierdas, con la palabra y con los hechos, y así hemos podido llegar a donde hoy estamos. El plan Fraga, por su parte, le parece al autor que prolongaba demasiado las viejas instituciones.

Un dato que me llama la atención (ya no recordaba, si alguna vez me interesó, el juego de alianzas en la vida parlamentaria de aquellos años) es que UCD, capitaneada por Suárez, se negara en redondo a pactar con Alianza Popular, siempre con el objetivo de captar votos en la izquierda y con la desdichada idea aquella de que “ustedes (la izquierda) tienen la legitimidad”. Me recuerda, claro, los asquitos del PP hacia Vox. Si me hicieran la manida pregunta vargasllosiana, ¿en qué momento se jostidió España?, probablemente contestara que en el momento en que a Suárez se le ocurrió aquella enormidad.

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10 marzo 2026

Tenía un talento especial para la propaganda,

 pero de un tipo especial. Porque Willi Münzenberg fue el primer gran maestro de dos clases bastante novedosas de espionaje, de importancia decisiva en este siglo y muy útiles para los soviéticos: la operación secreta de propaganda y el simpatizante secretamente manipulado. Su objetivo era crear en el Occidente bienpensante y no comunista el prejuicio político predominante en la época: la creencia de que cualquier opinión que pudiera servir a la política exterior de la Unión Soviética provenía de los elementos más esenciales de la decencia humana. Quería esparcir la sensación, como una ley de la naturaleza, de que criticar en serio o desafiar la política soviética era prueba inequívoca de ser una mala persona, intolerante y posiblemente inculto, mientras que apoyarla era prueba infalible de poseer un espíritu progresista, comprometido con todo lo que era mejor para la humanidad, sin duda marcado por una sensibilidad refinada y profunda.

El fin de la inocencia, capítulo 1 (“Mintiendo por la verdad”). Subrayado mío.



09 marzo 2026

¿Debió morir Jesús?

 Cuestión teológica debatida donde las haya. D. Stephen Long cita a Gerhard Lohfink:

El plan de Dios no era que Jesús muriera. ¿cómo podía Dios querer la muerte de Jesús? Lo que Dios quiere es la nueva sociedad, el Israel escatológico. Pero, porque Jesús permanece fiel a ese plan divino, morirá, porque los hombres no quieren lo que Dios quiere. La muerte de Jesús en la cruz era inevitable.


(La bondad de Dios, p. 301)

07 marzo 2026

Carta colectiva

 En Así empezó, José Ignacio Escobar transcribe algunos párrafos de la Carta colectiva de los obispos españoles con motivo de la guerra civil, que me parecen del mayor interés.


 Fue cruelísima la revolución. Las formas de asesinato revistieron caracteres de barbarie horrenda. En su número, se calcula en más de 300 000 los seglares que han sucumbido asesinados sólo por sus ideas políticas y especialmente religiosas; en Madrid, y en los tres meses primeros, fueron asesinados más de 22 000. Apenas hay pueblo en que no se haya eliminado a sus hijos más conspicuos, sin acusación, las más de las veces sin juicio. A muchos se les han amputado los miembros o se les ha mutilado espantosamente antes de matarlos; se les han vaciado los ojos, cortado la lengua, abierto en canal, quemado o enterrados vivos, matado a hachazos. Algunas formas de martirio suponen la subversión o supresión del sentido de humanidad.

La crueldad máxima se ha ejercido con los Ministros de Dios. Se les cazó con perros; fueron buscados con afán en todo escondrijo. Se les mató sin juicio, las más de las veces sobre la marcha, sin más razón que su oficio social.

La revolución fue inhumana. No se ha respetado el pudor de la mujer, ni aun la consagrada a Dios por sus votos. Se han profanado las tumbas y cementerios. Se han abierto centenares de sepulcros para despojar a los cadáveres de sus dientes o de sus sortijas.

La revolución fue bárbara en cuanto intentó aniquilar la obra de civilización de siglos. Destruyó millares de obras de arte, muchas de ellas de fama universal. Saqueó e incendió los archivos. Quedan centenares de telas pictóricas acuchilladas, de esculturas mutiladas, de maravillas arquitectónicas para siempre deshechas. Un caudal de arte, sobre todo religioso, ha sido estúpidamente destrozado. Ninguna guerra, ninguna invasión bárbara, ninguna conmoción social en ningún siglo ha causado en España ruinas semejantes, juntándose para ello factores de que no se dispuso en ningún tiempo: una organización puesta al servicio de un terrible propósito de aniquilamiento, y los modernos medios de destrucción, al alcance de toda mano criminal.

Conculcó la revolución los más elementales principios del derecho de gentes. En forma inhumana, centenares de presos fueron asesinados, atados e irrigados con el chorro de balas de las ametralladoras.

Contamos los mártires por millares; su testimonio es una esperanza para nuestra pobre Patria; pero casi no hallaríamos en el Martirologio romano una forma de martirio no usada por el marxismo sin exceptuar la crucifixión; y, en cambio, hay formas nuevas de tormento que han consentido las técnicas y máquinas modernas.




 

 

 

 

 

02 marzo 2026

Narciso y Goldmundo

No conozco mucho de la espiritualidad oriental y en concreto eso del yin y el yang, pero esta novela de Hermann Hesse parece la mejor ilustración de esa idea: tenemos dos personajes, uno asceta, racional, aventajado cultivador de las ciencias y de la madre de todas, la Teología; y otro sensual, errabundo, hipersensible, con imperiosa vocación de artista. Narciso y Goldmundo: ambos se profesan una amistad rayana en lo erótico, se necesitan de algún modo el uno al otro, pero desde la absoluta complementariedad. Ninguno es el bueno o el malo, sino que las dos figuras, la ciencia y el arte, pero también los estilos de vida anejos a ellas según esta fábula, pueden ser camino hacia Dios, signifique esto lo que signifique en esta fantasía seudomedieval, ya que lo cristiano, si bien está presente, queda como parte del decorado y la espiritualidad que está realmente al fondo es de tipo inmanente, con una deidad femenina, la ansiada Eva-Madre de Goldmundo, principio y fin del cosmos (en la que "conviven todas las grandes, irreductibles oposiciones del mundo"), a la que uno vuelve a la hora de la muerte. Hermann Hesse podría ser el padre de todas las new ages que hoy día son.

Goldmundo es el personaje que lleva casi todo el paso de la obra: desde que sale del monasterio de Mariabronn, donde le internó su padre y donde conoce a Narciso, asistimos a una especie de novela picaresca despojada de humor negro e impregnada de naturalismo romántico: el joven Goldmundo recorre los bosques y aldeas en un afán de desvelar el misterio de la vida y expresarlo como artista, guiado por la evocación de una madre que no conoció y que identifica con la madre del universo. Perfecciona su arte con un buen maestro; conoce el placer venéreo (y en este aspecto, todo hay que decirlo, es donde más chirría la novela: las aldeanas se le entregan como lo harían sus propias bestias a los machos; cosa a todas luces inverosímil en el contexto en que se sitúa la obra y por más que se vista de ternura y delicadeza); conoce la intemperie, el frío, el hambre, la cárcel, mata en defensa propia. Pero todo eso, insisto, es, para él y para el cronista de su peripecia, no males morales o males físicos sino la misma vida que hay que experimentar para ser en plenitud, y con esta convicción acaba muriendo Goldmundo a pesar de algún arrepentimiento que más es pena por quien tuvo que matar, y de una confesión general que más es abrir el corazón al amigo del alma. Una avanzadilla, como vemos, de muchas cosas que han venido después a asentarse en amplias zonas de nuestra agonizante civilización.

01 marzo 2026

De qué me suena

Sin la agresión comunista las cosas se hubieran planteado de muy distinta manera. Pero la agresión comunista era un hecho. La voluntad de resistirla no era debida a un espíritu intolerante, sino a un natural deseo de seguir viviendo. […] También es falso que el aumento de la tensión entre los dos bandos españoles tuviera por causa un miedo reciproco. Dos de los puntos del programa comunista, el exterminio de los llamados enemigos de clase –por el solo hecho del nacimiento o de la cultura adquirida—y la implantación de un régimen general de terror, incluso sobre los propios adeptos, no dejaba de ser razonable que provocara un cierto temor en las presuntas víctimas. Pero no había nada semejante en ningún programa anticomunista. Ni siquiera la palabra “anticomunismo” gozaba de general aceptación, a diferencia de lo que sucedía con la de “antifascismo” convertida en consigna suprema, no ya del comunismo en general, sino de sus compañeros de viaje, para arrojarla indistintamente sobre todos los adversarios, incluidos lo comunistas de cualquier otra cepa. Encontrar un justo término medio, en estas circunstancias, entre las dos conductas aparecía tan difícil como encontrarlo entre un orden jurídico y el delito, o entre la justicia y la parcialidad. El que mata en legítima defensa no es un extremista, ni se defiende sólo a sí mismo, sino al Derecho y a la sociedad contra los que atenta el agresor. Los consejos de no detener con demasiada brusquedad el brazo asesino se parecen demasiado a un propósito de complicidad. Fue el efecto que nos hicieron siempre, a los que nos empeñábamos en no meter la cabeza debajo del ala, los diferentes sectores republicanos “moderados y centristas”, desde los de Alcalá Zamora y Miguel Maura, con sus promesas iniciales de “república bajo la advocación de San Vicente Ferrer, con mucha compostura y mucha Guardia Civil”, hasta el de Gil Robles con su tópico tenazmente repetido “de que la república era el régimen que el pueblo se había dado”, por lo que “había que retorcerse el corazón” y defenderla.

(Juan Ignacio Escobar, Así empezó, pp. 292-293)

Y no te digo nada si hubieran conocido la palabra polarización



24 febrero 2026

La bondad de Dios

D. Stephen Long es un teólogo metodista y por tanto no vamos a encontrar aquí un desarrollo de la Doctrina social de la Iglesia, entendiendo por Iglesia la católica romana, sino el personal punto de vista del autor, eso sí, ampliamente contrastado con otras muchas visiones del asunto, tanto católicas como de otras confesiones. Dije “entendiendo por Iglesia” y es que aquí el autor se refiere continuamente a la Iglesia tal como nosotros los católicos estamos acostumbrados a oírlo, pero cuidado, porque, sin duda, su idea de Iglesia es otra, ya sea el conjunto de las confesiones cristianas o la Iglesia escatológica, la de los elegidos cuyo número solo Dios conoce. Por el contexto, cabe optar por lo primero. Deduzco que entre los metodistas es normal hablar así, frente a los protestantes que se refieren a “las Iglesias”, identificadas con cada comunidad local. O puede que hable de la Iglesia como unidad de convivencia, como quien dice la nación o el municipio, cosa que también apoya el contexto. En cuestiones ecuménicas ando un poco en la inopia.

El asunto es “Teología, Iglesia y orden social”, tal como reza el subtítulo. Pero se parte de la idea del bien y del mal, de cómo seguimos “atrapados” en el bien, de cómo el bien nos sigue “fascinando” a pesar del “más allá” al que quiso llegar Nietzsche y a pesar del relativismo imperante. La primera parte del libro (la menos atractiva, creo) se dedica a criticar la idea kantiana de que el bien es un ente de razón que subsistiría más allá de la religión. Establecido que no hay más bien que la bondad de Dios, la segunda parte se dedica a pensar las relaciones entre la Iglesia y las comunidades naturales que él denomina en griego abriendo cada capítulo: oikos, ágora, polis: familia, patria chica, patria extensa. Long parece entender la Iglesia como una comunidad realmente actuante en la sociedad, a la que se debe prestar oído, cosa que parece normal en un país (los Estados Unidos) en que una gran parte de la población se sigue identificando con su confesión cristiana, pero lejos de la laicidad (aun sana) de que nos preciamos en Europa. De hecho, el argumentar con la ley natural, como solemos hacer por aquí los cristianos, le parece a Long contraproducente, puro kantismo, si lo he entendido bien, y puro colaboracionismo con el sistema capitalista, producto de aquel error de partida y del cual no deja el autor de dejar clara su desaprobación.

Lo que no dice el autor (o se me ha pasado) es cómo se haría realidad esa eclesiocracia respetando la libertad individual en un mundo donde convive todo tipo de creencias y no creencias: ah, pero es que este concepto, el de libertad, es también mirado con recelo por el autor como kantianamente aspirante a sustituir a Dios. Sin embargo, las enseñanzas de los últimos pontífices nos han enseñado a ver como compatibles el cristianismo y las libertades cívicas. Por eso, me quedo con la sana laicidad, al menos hasta ver un Occidente de plena cristiandad, hoy por hoy utópico. Pero me alegro de conocer otros puntos de vista sobre la cuestión, alejados también del tradicionalismo al uso, a pesar de lo abstruso (para mí y otros gañanes como yo) del ensayo de Long.

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20 febrero 2026

Más Steinhardt

…la fe en Dios me parece, en el pleno sentido de la palabra, el hecho más realista que puede existir: es la aceptación de la realidad y el abandono de las ilusiones. Por eso pide humildad; por eso la iglesia [sic] pone tanto énfasis en la humildad: no hay nada más difícil que renunciar a las fantasías. (Diario, p. 148)

…el consejo que lord Chesterfield le dio a su hijo: oirás muchos discursos bellos en la Cámara de los Comunes, algunos te harán cambiar de opinión, pero que ninguno cambie tu voto. (Diario, p. 153)

[Por supuesto, quien dice “oirás muchos discursos bellos en la Cámara… dice “leerás muchas informaciones bien contrastadas en los periódicos”]

Monseñor Hélder Câmara, arzobispo de la ciudad de Recife (también llamada Pernambuco), el cura “rojo”.

Se le aplica Mateo 24, 23-24:

“Entonces, si alguno os dice: ‘Mira, el Mesías está aquí o allí’, no lo creáis. Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas y harán grandes señales y prodigios con el propósito de engañar, si fuera posible, aun a los mismos elegidos”.

Creo que este alto prelado con la flor roja en el ojal es culpable de ese pecado de cuya existencia estoy plenamente convencido: el pecado de la estupidez. (Diario, p. 566)