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25 abril 2011

Impresionante cierre,



por profético. El del primer volumen (1835) de La democracia en América, de Tocqueville.


El americano lucha contra los obstáculos que le opone la naturaleza; el ruso está en pugna con los hombres. El uno combate al desierto y a la barbarie; el otro, a la civilización revestida de todas sus armas; las conquistas del norteamericano se hacen con la reja del labrador, y las del ruso con la espada del soldado.

Para alcanzar su objetivo, el primero se apoya en el interés personal y deja que actúen, sin dirigirlas, la fuerza y la razón de los individuos.

El segundo concentra en un hombre todo el poder de la sociedad.
Uno tiene por principal medio de acción la libertad; el otro, la servidumbre.

Su punto de partida es diferente y sus caminos, distintos; sin embargo, cada uno de ellos parece llamado por un secreto designio de la Providencia a tener un día en sus manos los destinos de medio mundo.


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