Elena Santiago nos cuenta una de amor en el ámbito rural en que suele desarrollar sus creaciones. La niña Avi traba una curiosa amistad con el maduro Leónides, que se convierte en pasión amorosa cuando ella se hace mujer y él queda viudo. El matrimonio de Leónides había sido más bien desafortunado, con una mujer a la que solo le interesaba concebir y que nunca lo logró. Por parte de Avi, la vida tampoco había sido una alegría perenne: la muerte de su hermana había trastornado a su padre, que les abandona, y su tía Gela parece no vivir más que para poner peros a su relación con Leónides.
En fin, una historia de animales racionales (cero Dios) que la
autora narra con una prosa exquisita, de cierto barroquismo a lo
hispanoamericano, pero sin agobiar, como en algunos de estos. Opta por una
doble primera persona, un capítulo narrado por ella, otro por él, alternancia
que sólo alguna vez se rompe. Lo cierto es que no consigue que estos amores nos
conmuevan ni nos enfaden. Que tengas suerte, Leónides, y que no te deje la moza
cuando flaqueen tus potencias.
__