Páginas

09 mayo 2016

Mortificación


Esa regulación voluntaria del propio confort no es nada comparada con el esfuerzo de un operador de televisión que lleva su instrumento de trabajo al hombro, o con el de un oyente obligado a escuchar a alguien pronunciar una conferencia mientras lucha contra el sueño, ni a quedarse encajonado durante una interminable comida entre dos interlocutores particularmente sosos, ni tampoco con las innegables [sic ¿por inacabables?] sesiones de gimnasio de los deportistas para mantenerse en forma en sus competiciones.