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14 noviembre 2009

Quiero estar allí

La atmósfera era de un frescor tan delicado, tras el bochornoso día, que incluso podía imaginarse que en la noche de verano llovía rocío y luz de luna líquida con un toque gélido, vertidos por una jarra de plata. Aquí y allá, unas cuantas gotas de ese frescor se esparcían sobre un corazón humano, lo rejuvenecían y este sintonizaba con la eterna juventud de la naturaleza.

Nathaniel Hawthorne, La casa de los siete tejados

(No me atrevo a buscar una imagen que lo ilustre)

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