21 julio 2008

Ética del quehacer educativo


"Con la libertad del amor; la única libertad que me exalta, la única libertad por que muero". Es una pena que Luis Cernuda no llegara a entender el auténtico sentido de sus propios versos. Porque son, letra a letra, el núcleo de la ética que nos presenta Carlos Cardona en este libro. El hombre es libertad, pero libertad para (y no libertad de, como comúnmente se entiende), y justamente libertad para amar. Estamos destinados al amor, que para eso es el que mueve el sol y las estrellas y tal, y el acto de educar ha de tender a desarrollar en el alumno ese amor libre, en el mejor de los sentidos. Educar para la libertad sería la única manera de educar, al menos si queremos formar personas. No se detiene Cardona a detallar cómo se logra esto, pues no ha sido su propósito (así lo declara) escribir un manual con normas de carácter práctico. Se trata de unos presupuestos previos a la tarea y que por tanto sirven también a quien no se dedique a tareas docentes. El volumen es, en efecto, más un libro de ética general que un código deontológico.

No le falta a Cardona la perspectiva histórica, y uno de los aspectos más interesantes del libro es la crítica de la Modernidad en cuanto esta ha sustituido al hombre singular por la humanidad, el número, la masa, con lo cual ha perdido el norte para perjuicio del propio hombre. Las diversas tendencias de lo que llamamos posmodernidad no han sido capaces de enderezar el rumbo, que pasa, sin remedio, por la vuelta a una visión cristiana de las cosas.

Nota redactada en abril del 2001
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