24 mayo 2026

Rosario de sonetos líricos

No sorprende comprobar que la característica más acentuada, en lo formal, de estos sonetos unamunianos es la frecuencia del encabalgamiento, y además abrupto, y a mayor abundamiento entre estrofas: muy propio de la inquietud y la vehemencia del personaje. Por lo demás, Unamuno demuestra su dominio del léxico, que le permite, entre otras cosas, ligar unos consonantes rotundos: saldo/gualdo, cincho/pincho, empeño/sedeño, gonces/entonces, remedia/acedia, etc. etc. Canta al Cristo que se fabricó, o que se fabricaba a cada paso; a las “tierras de Portugal y España”; y al ansia de vivir, que le lleva hasta la blasfemia, que en buena poesía no es tanto, claro (“de la avaricia/de Dios sea tu vida una protesta”): de hecho, este soneto es desarrollo de la frase que lo encabeza, obra de un/una tal Senancour (no lo/la conozco), que dice: si le néant nous es reservé, ne faisons pas que ce soit une justice. Lo que no deja de ser una afirmación de la inmortalidad de la persona por la vía del absurdo: si el futuro es la nada, no nos queda, en estricta justicia, más que hacer el animal.

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